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domingo, 10 de febrero de 2013

Los siete dolores del Corazón de Jesús

Fuente: www.aciprensa.com

Primer dolor del Corazón de Jesús

Comunión indigna y traición de Judas

Estando ellos cenando, tomó Jesús el pan y lo bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomad y comed: este es mi cuerpo (Mat., cap 26)

1er preludio. Entra alma mía, respetuosamente en el cenáculo y contempla a Jesús sentado en la mesa con sus discípulos, dándoles por comida su mismo cuerpo, aun al traidor Judas.

2do preludio. ¡Oh Jesús! Haz que comprenda la necesidad que hay de probarse a sí mismo para no recibir indignamente el don eucarístico; y presérvame de la desdicha de la mala comunión.

Consideración

Jesús sabía que Judas había formado designio de hacerle traición y de ponerlo en manos de sus más crueles enemigos para darle muerte; sin embargo: sin embargo, este bondadoso Salvador lo admite a su mesa y al mismo convite en que iba instituir el adorable sacramento de s cuerpo y de su sangre; por el cual, antes de morir, había de dar a sus apóstoles la última prueba de su ardiente amor.

En efecto, habiendo instituido el sacramento de la Eucaristía, da la Sagrada Comunión a sus apóstoles, sin exceptuar al alevoso profanador, no queriendo por su excesiva bondad escandalizarlo con una ruidosa repulsa y a fin de darle tiempo a que se arrepintiese de su horrendo crimen a la vista de tal miramiento.

¡Cuales serían los sentimientos y el dolor de este adorable Salvador, cuando llevándose a sí mismo, en sus propias manos, se depositó en la boca sacrílega de aquel traidor! ¡Y qué morada tan triste no hizo en el corazón de este pérfido, después de haber pasado por su detestable lengua, con la cual, dentro de un momento, debía tratar su muerte y vender su sangre a un vil precio! Así es, que a pesar de su extrema caridad, lanza al tránsfuga esta aterradora palabra: ¡Oh hombre desgraciado! Mas ¿quién es este hombre, sino el que come el Pan de los Ángeles con el corazón aun manchado por sus pasiones, sin humildad, sin arrepentimiento, sin amor, y en cierto modo volviendo luego a entregar a las profanaciones del mundo a Dios, que acaba de recibir: “no sabiendo discernir el cuerpo del Señor, come y bebe su propio juicio”.

Coloquio. ¿Quién no temblará, Señor, a vista del traidor Judas? ¡Un discípulo, un apóstol, el confidente de tus secretos, te recibe indignamente! ¡Dios mío, yo no soy digno de que entres en mi pobre morada, pero te diré con las hermanas de Lázaro: el que amas esta enfermo. Heme aquí, ¡oh médico divino! Cubierto de las heridas que me han hecho mis pecados! Y yo vengo a Ti para que me sanes; Tú lo puedes y creo que esta es tu voluntad.

Propósito: Acercarse siempre al banquete eucarístico con el corazón purificado por la gracias de la absolución; prepararse cuidadosamente a la comunión y examinar a menudo los frutos que sacan de ella.

Ramillete espiritual. Que el hombre se pruebe a sí mismo.

Oración

Acuérdate, ¡Oh dulcísimo y amado Jesús ¡ que nunca se oyó decir a cuantos han recurrido a tu benignísimo corazón, pedido sus auxilios e implorado su misericordia, que hayan sido desamparados. Animado con esta misma confianza, ¡Oh Rey de los corazones! Corro y vengo a ti y, gimiendo bajo el peso de mis pecados, me postro ante T; oh divino Corazón, no desoigas mis oraciones; ante bien, dígnate acceder a ellas. Muéstranos oh amorosisímo Jesús, que tu adorable Corazón es el corazón del Padre más tierno, y que aquel que se dignó enviarte para obrar nuestra Salvación, acepte por Ti nuestras plegarias. Amén.

La traición de Judas

Acercándose Judas a Jesús, le dijo: Dios te guarde, Maestro, y le beso. Díjole Jesús: amigo ¿a qué has venido?

1er preludio. Figúrate, alma mía que ves el jardín de los Olivos donde reina un silencio profundo. Es cerca de la media noche cuando llegaron los enemigos de Jesús. Judas se acerca a él y lo abraza.

2do preludio. Haz, ¡oh Salvador mío! Que comprenda cuán culpable es el alma que te traiciona, abusando de tus gracias, y los formidables castigos que le están reservados.

Consideración

Judas, discípulo de Jesús,  revestido de la dignidad soberana del apostolado, admitido a su mesa, y teniendo toda su confianza, se deja dominar por una vil pasión y se hace el guía de los enemigos de su Salvador. Vende a su divino Maestro y comete la más negra traición, sirviéndose del ósculo de paz para entregarlo en manos de los príncipes de los sacerdotes. Este mansísimo cordero lo recibe, no obstante que conocía la horrenda intención de aquel pérfido, y lo trata con el dulce nombre de amigo. ¿Amigo, a que has venido? ¡Que herida tan penetrante no sería esta en su amante Corazón! ¡Oh Dios mío, si has manifestado tanta bondad  a un enemigo, a un servidor infiel; si has hecho tan grandes cosas para desviarle de su pecado, ¿qué no deben esperar de ti los que, después de haber tenido la desgracia de ofenderte, te buscan de todo corazón?. Judas, después de haber consumado su crimen, lleno de desesperación se da la  muerte. Este pérfido apóstol había cerrado sus oídos a las amistosas palabras por las cuales Jesús había querido ablandar su duro corazón, y, creyendo superado irremisible, consuma su eterna reprobación. He aquí lo que obra la tentación en las personas que, después de haber sido colmadas de gracias, vuelven a las infidelidades: acostumbradas a las bondades del Señor, de las cuales han abusado, nada les conmueve, ni el lenguaje de la fe, ni las piadosas exhortaciones, ni los caritativos avisos. La voz de Dios bondadoso que las llama y que desea perdonarlas no es oída; de modo que estas almas infieles se persuaden de que su salvación es imposible. ¡Cuan peligrosos son estos pensamientos de desesperación! Temamos y evitemos la ocasión de caer en el pecado; pero, si olvidando la justicia de Dios, tuviésemos la desgracia de cometer alguna falta, recurramos a su infinita misericordia.

Coloquio, ¡Oh Salvador mío! No permitas jamás que yo renueve, abusando de  tus gracias, la traición que detesto en el pérfido discípulo: antes haz que recordando los beneficios con que me has colmado, o sea siempre constante y fiel; más si yo por fragilidad, alguna vez tuviese la desdicha de ofenderte, haz que me arroje, lleno de confianza, en los brazos de tu excesiva caridad para recibir de Ti el perdón.

Propósito. A menudo recordaré la bondad de Jesús, al recibir el ósculo del traidor Judas; me compadeceré del acerbo dolor que sintió entonces el amante Corazón del que experimenta aun parte de los que le traicionan de nuevo en el sacramento de la Eucaristía.

Ramillete espiritual: ¿Amigo mío a qué has venido?

Padre Nuestro y Ave María

Segundo dolor del Corazón de Jesús

 

La agonía

Previsión

Comenzó a atemorizarse y a angustiarse, diciendo: Triste está mi alma hasta la muerte… Padre mío, si es posible, pase de mí este cáliz… Mas no se haga mi voluntad sino la tuya… (Mateo, cap. 26,39).

1er preludio. Figúrate aun, alma mía, que estás en el jardín de los Olivos, y cerca de ti a Jesús, triste, agonizante y un ángel que le conforta.

2do preludio. ¡Oh Salvador mío! Haz que, tomando parte en el profundo dolor en que fuiste sumergido, obtenga el favor especial de ser asociados a los tres discípulos testigos de tu agonía.

Considera, alma mía, que si las afrentas y suplicios que nuestro divino redentor iba a padecer atormentaban y afligían su amante Corazón, no eran estas las penas que más sentía, pues siempre había deseado apasionadamente el dar la vida por los hombres, y muchas veces lo había significado diciendo: Con un bautismo de sangre yo he de ser bautizado. ¡Oh! ¡Y cómo traigo en prensa el Corazón mientras que no lo veo cumplido! Mas lo que causó en su alma una tristeza mortal fue la ingratitud y desprecio con que los hombres mirarían este beneficio, el poco fruto que sacarían de su pasión y muerte, y que siendo esta bastante para salvar infinitos mundos, con todo, pocos serían los que se aprovecharían de ella. Esta idea es la que lo aflige y lo acongoja y le hace entrar en agonía; este es el amargo cáliz de que pedía ser librado, y no de la muerte ni de los acerbos tormentos. Es posible, diría entre sí el afligido Señor, ¡Oh hombres este es el pago que me han de dar! ¿Es así como corresponderán al amor con que por ustedes muero? ¡Ah! Si yo supiera que al ver lo mucho que padezco, dejarían de ofenderme y empezarían a mamarme, entonces sí que me ofrecería gustoso, no a una sino a mil muertes: mas que después de tantas penas sufridas por ustedes con tanto amor, me correspondan con nuevos pecados, y que la sangre que voy a derramar por salvarlos sirva, por el abuso que de ella harán, para su mayor condenación, este es un tormento que a mi corazón se hace insufrible.

Agobiado el divino Redentor con esta terrible representación, se postró con el rostro por tierra, con aquel rostro que es gloria de los ángeles, y rogaba a Dios, con tanto mayor fervor, cuanto era mayor su congoja y aflicción. Tanto llego a ésta a oprimirlo, que comenzó a sudar sangre por todos los poros de su cuerpo con tal abundancia, que bañó con ella la tierra.¡Oh amor!, ¡O tormento!, ¡Oh Sangre de mi divino Redentor!

Coloquio. ¡Qué es esto, adorable Jesús! Yo no veo en este huerto ni los azotes, ni espinas, ni clavos que te hieran. ¿Cómo pues te veo todo ensangrentado? ¡Ah! Sí lo sé, Salvador mío, mis pecados han sido el lagar que exprimió de tu Corazón toda esa sangre y los crueles verdugos que más te atormentaron. Perdóname, Jesús mío; y ya que de otro modo no puedo consolarte, sino por un verdadero arrepentimiento, dame por tu afligido Corazón un dolor tan grande por haberte disgustado, que me haga llorar día y noche por mi ingratitud.

Propósito. Ir varias veces al día, por lo menos de corazón, al pie del tabernáculo a hacer actos de desagravio para reparar la ingratitud de los hombres y corresponder en cierto modo a las excesivas finezas del amantísimo Corazón de Jesús.

Ramillete Espiritual. Padre mío, si es posible, aleja  de mí este cáliz, sin que yo lo beba; mas no se haga mi voluntad, sino la tuya.

Tercer dolor del Corazón de Jesús

 

Huida de los apóstoles

Meditación

Entonces todos los discípulos abandonándolo, huyeron (Mat. C. 26)

1er Preludio. Figúrate, alma mía, a Jesús que ha quedado solo entre las manos de los soldados, porque todos sus discípulos huyeron sobrecogidos de temor.
2do Preludio. Señor, presérvame de mi propia debilidad y no permitas que jamás yo traicione tu causa, ya sea por respeto humano o por amor propio.

Consideraciones

Mira, alma mía, como preso y atado este mansísimo Cordero se deja arrastrar por aquellos lobos. ¿Y sus discípulos, dónde están? ¿Qué Hacen? Si no pueden liberarlo de las manos de sus enemigos, ¿por qué no lo siguen para atestiguar a lo menos, delante de los jueces su inocencia, y consolarlo con su compañía? Todos huyeron y lo dejaron solo, después de tantas promesas que le habían hecho de morir con él. ¡Ah! ¡Cuán sensible debió ser esta fuga al amante corazón de su buen Maestro! Pues no sólo les había hecho la gracia de admitirlos en su compañía y de que lo siguiesen a todas partes, sino que después de haberles dado las mayores pruebas de su singular amor, había puesto el colmo a sus beneficios, instituyendo por ellos algunas horas antes el más augusto de los Sacramentos, después de haberles hablado con toda efusión de su Corazón como lo haría un buen padre en el momento de dejar a sus hijos; y sin embargo, ellos le abandonan a la primera apariencia del peligro.

¡Oh adorable Jesús! ¡Cuánto debió sufrir tu Corazón en esta ocasión al verse tan ingratamente abandonado de sus escogidos! En este punto s ele presentaron, para afligirlo más todas aquellas almas más favorecidas y privilegiadas por él, que lo habían de abandonar después. Una estas he sido yo Jesús mío, que después de tantas gracias, luces y favores que he recibido de ti; después de tantas promesas que en tiempo de tranquilidad te había hecho; llegado el tiempo de la tentación, te he abandonado por seguir un apetito, por no privarme de un gusto, por condescender con una pasión Perdóname, Redentor divino, y recíbeme ahora que, arrepentido, a Ti me vuelvo para no abandonarte más.

Aquel fino corazón siente vivamente la injusticia hecha a su ternura, pero siempre dulce, paciente y constante en su caridad inmensa, se entrega a la muerte por aquellos mismos que se mostraban tan indignos de su amor. Después de su resurrección, se dignará mostrarse a ellos, llamarlos sus hermanos y colmarlos de nuevos favores “¡Oh caridad inagotable! ¡Oh amor infinito de un Dios!

Coloquio. Cuando veo ¡Oh Jesús mío! Conmoverse las más firmes columnas de la Iglesia a la primera tentación, ¿cómo me fiaré en mis resoluciones? ¡Cuán grande es la debilidad del hombre y cuán poca cosa es preciso para hacerlo caer! Yo sobre todo siento toda mi fragilidad; mas cuento con tus fuerzas a las cuales recurriré, uniéndome íntimamente a tu santísimo Corazón; de este modo tu amor será mi sostén en las flaquezas y me dará como a los apóstoles, no sólo valor para reparar mis negligencias pasadas, sino también la gracia de imitar tu ejemplo cuando reciba alguna ingratitud de las personas queme so deudoras.

Propósito: En la tentación, procurarme unirme fuertemente a Jesús para alcanzar la gracia de serle constantemente fiel.

Ramillete espiritual. ¡Oh mi buen Maestro, primero morir que abandonarte!

Cuarto dolor del Corazón de Jesús

La negación de Pedro

Y pedro le iba siguiendo de lejos hasta llegar al palacio del Sumo Pontífice. Y Habiendo entrado, estaba sentado con los sirvientes para ver el fin (Mat. C. 26)

1er preludio. Ve, alma mía, a San Pedro que después de haber seguido a Jesús a lo lejos se asienta cerca del fuego con los criados del gran sacerdote.

2do preludio. ¡O Jesús, fuerza de los débiles! Haz que, desconfiando siempre de mí mismo, me una constantemente a ti para que me preserves a la desgracia de ofenderte.

Consideración

La primera causa de la caída de San Pedro fue, sin duda su presunción. Advirtiéndole su divino Maestro que desconfiase de su extrema debilidad, no teme el peligro, presumiendo demasiado en el amor sensible que la tenía. ¡Feliz esta grande alma, si desconfiando de ella misma, hubiese buscado constantemente en Jesús su sostén y su apoyo! Pero, no contando más que con sus propias fuerzas, bien pronto se intimida al ver a los enemigos de su buen Maestro; sin embargo, como no quiere abandonarlo, lo sigue; mas desgraciadamente, no lo hace sino a lo lejos: de este modo, a la primera ocasión habrá una deplorable caída. ¡Ah! ¿Qué somos sin la asistencia divina? Ante la presencia de una sirvienta que cree reconocerlo como discípulo de Jesús, el temor se apodera de él, y el ligero soplo de una simple palabra derriba la roca que no ha mucho tiempo se prometía arrostrar las olas del mar y sus furiosas tempestades…

¡O debilidad espantosa de la naturaleza humana! ¿No desconfiaré constantemente de ti? Pedro, el príncipe de los apóstoles, el jefe de la Iglesia, niega a su divino Maestro, asegura con juramento que no lo conoce. ¡Ah! Cuán hondo y cuán amargamente penetró este ultraje en el Corazón de Jesús. Pero, ¿yo no he tenido también la desgracia de renovar la dolorosa llaga que recibió del mismo de quien debía esperar más lealtad? Sin embargo, en lugar de lanzar contra él algún terrible anatema, se apiada de su debilidad, le dirige una mirada llena de dulzura que penetra su corazón, le convierte sinceramente y le hace derramar un torrente de lágrimas.

Coloquio. ¡Oh mi buen Maestro! Si como Pedro, ingrato e infiel, he ultrajado mil veces tu generoso Corazón, también como él he sido movido por la dulzura y el poder de tu gracia, y así quiero lavar mis ingratitudes con las lágrimas de mi arrepentimiento. Haz que a ejemplo de este célebre penitente, mis ojos se conviertan en dos fuentes de lágrimas; más, que sean lágrimas de amor y que pueda mezclarla con la sangre preciosa que has derramado por mí.

Propósito. Rogar a menudo a Jesús, que penetre nuestras almas de la verdadera compunción, y que las anime del espíritu de penitencia.

Ramillete espiritual. Señor, no me dejes caer en tentación.

Quinto dolor del Corazón de Jesús

Su doloroso encuentro con su santísima madre

1er Preludio. Figúrate, alma mía, ver la calle de la Amargura donde se agolpa la multitud, y donde María encuentra a su divino hijo.

2do Preludio: sagrados Corazones de Jesús y de María háganme la gracia de participar en su dolor y la de ser abrasado en su divino amor.

Consideración

¿Quién podrá expresar el acerbo dolor que experimentó el amante Corazón de Jesús al volverse a ver con su afligidísima Madre? ¿Qué sentiría aquel clementísimo Señor cuando alzando los ojos s encontraron con los de su santísima Madre que la miraban? Oye los tristes gemidos de la desconsolada  Señora, y el grande amor que le tiene revive. Por decirlo así, en aquel momento. Su corazón queda tan traspasado con el dolor mortal que le ocasiona la vista lastimosa de su tierna Madre, y su afligida imagen s ele imprime con tal viveza que detiene algo sus pasos y le hace experimentar las angustias de la muerte. Pero lo que más agrava su tormento interior es saber que lo que seguirá paso a paso aun hasta el lugar del suplicio. Por eso, este doloroso encuentro, dejos de calmar el dolor de ambas víctimas, no sirvió sino para aumentarlo. María sufre al ver sufrir a Jesús; Jesús sufría al ver a María; de este modo, por una recíproca comunicación de dolor y de amor, estos dos corazones, unidos tan estrechamente, experimentaron de antemano los rigores de la crucifixión. Oh sufrimientos incomprensibles, de los cuales los corazones más afligidos apenas pueden formarse una ligera idea. Ah, y ¿seré insensible a tantos padecimientos, cuando es por mi amor que se cumplen estos dolorosos misterios? ¿No me compadeceré de un Salvador y de una Madre que han hecho tan grandes sacrificios por mi salvación? Sí, a ejemplo suyo, quiero seguir los pasos de mi Redentor, es preciso que me una a sus trabajos y reciba con paciencia y resignación las penas que se dignará enviarme. Dios no me prohíbe que sienta cuando pesa sobre mí su paternal severidad: lo único que desea es que mi voluntad esté siempre sometida a la suya y que permanezca constantemente fiel a su servicio, a pesar de la repugnancia que manifestará nuestra viciada naturaleza.

Coloquio: ¡Oh amantísimo Redentor mío! Si yo debiera caminar sin vos, por el áspero camino del Calvario, me amedrentaría mi debilidad y poco valor; sin Ti la Cruz es demasiado pesada; es un mal sin consolación y sin fruto más, en tu compañía, ¡Oh amor de mi alma! No sólo se vuelve ligera y amable, sino que también encierra un tesoro infinito. Haz, Oh Dios que me sirva para unirme íntimamente a ti; entonces, como mi Madre Santísima, te seguiré con fidelidad, y uniéndome a tus dolores participaré ampliamente de los méritos de tu pasión.

Propósito: sufrir de buena gana todas las penas y aflicciones que sobrevengan en unión de Jesús y de María.

Ramillete espiritual: ¡Oh Jesús! ¡Por los acerbos dolores de tu herido Corazón, ten piedad de nosotros!

Sexto dolor del Corazón de Jesús

María al pie de la Cruz

Y la madre de Jesús estaba en pie cerca de cruz (Juan cap. 19)

1er Preludio. Figúrate alma mía a Jesús crucificado sobre la montaña del Calvario y a María en pie cerca de la cruz.
2do preludio. Oh Jesús, rey de los mártires, haz que mi corazón, conmovido por la aflicción del tuyo, renuncie para siempre al pecado, pues sólo él es la causa de nuestros dolores

Consideración

Mira, alma mía a tu divino Redentor, como, en medio de tantos tormentos, inclina la cabeza hacia la tierra y pone sus moribundos ojos en su santísima Madre que, llena de amargura y de dolor, estaba al pie de la cruz. Esta vista traspasó de parte a parte su afligido Corazón y le fue más insoportable que la misma cruz; siendo aquella Virgen purísima la más amante, la Más fiel, la más agradecida, la más santa, y por ser la más semejante a Él, era más digna de su amor que todos los ángeles del cielo, que todos los hombres de la tierra, y, por consecuencia la más amada. Así, es imposible el dar una justa idea del acerbo dolor que experimentó aquel fino Corazón, viendo que sus padecimientos herían profundamente el de su Madre santísima, viendo lo que sufría y lo que aun le quedaba por sufrir, para cumplir los designios de su Eterno Padre. Por eso, olvidando sus propios tormentos, quiso darle algún consuelo: cuidando de ella y dirigiéndole la palabra, hizo que adoptara por Hijo al discípulo que él amaba, diciéndole: Ahí tienes a tu hijo; y al discípulo: Ahí tienes a tu Madre, de este modo, nos mandó a todos en la persona de san Juan, el servirla y honrarla como a nuestra madre. ¡Mira qué mayor muestra  e amor, pues no sólo nos perdona, sino que, antes de exhalar el último suspiro, nos deja la rica herencia de su Santísima Madre!

Oigamos ahora lo que esta Señora reveló a Santa Brígida, de la cruel aflicción que experimentaba el Corazón de Jesús al verla tan angustiada: “Mi hijo, era de milagrosa complexión, y así batallaba en él la muerte con la vida. Estando en este combate de infinitas agonías, volvió hacia mí la vista, y conociendo la grandeza del tormento que padecía mi alma, fue tanta la amargura y tribulación de su amantísimo Corazón, que rindió a la inefable angustia de la muerte, según la humanidad, clamó a ese Eterno Padre diciendo: “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu”. ¿No eres tú, pecador abominable el que con tus crímenes te has hecho el verdugo de estos dos corazones tan puros e inocentes?

Coloquio. Oh Jesús, amor de mi alma, Oh María esperanza y refugio mío, quítenme las dulzuras de la vida; y ya que pasaron la suya en el dolor, no permitan que yo acabe la mía sin haber gustado la amargura saludable de la cruz, pues soy su esclavo, Oh Dios mí, y el hijo de tu sierva, a quien Tú mismo me diste por madre. Quisiera, amorosísimo Jesús, para darte las debidas gracias por este singular beneficio, tener una la lengua y un corazón de serafín. Bendito seas, Dios de misericordia, que para usarla conmigo me has dado una protectora y una abogada tan poderosa como María.

Propósito: Fijar constantemente nuestra vista en modelos de perfección; consagrar a su servicio  lo que nos queda de vida y persuadirnos que para ser agradables a Dios, es preciso imitar a Jesús y María.

Ramillete espiritual.  Jesús dijo a su Madre. Ahí tienes a tu hijo, y al discípulo: ahí tienes a tu Madre.

Séptimo dolor del Corazón de Jesús

Abandono y desamparo de su Eterno Padre

Y cerca de la hora nona, exclamó Jesús en alta voz, diciendo Eloí, Eloí, Lamma sabacthani? Esto es, Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Mat 27).

1er Preludio. Figúrate aun, alma mía, la montaña del Calvario y a Jesús pendiente de cruz.
2do Preludio. ¡Oh mi adorable Salvador! Yo te suplico, por el completo abandono en que quedaste sobre la cruz, que desprendas mi corazón de todo apego a la criatura, para que, uniéndome estrechamente al tuyo, Tú solo me bastes.

Consideración

Contempla alma mía, a tu divino Redentor en la mayor  aflicción y abandono en que se había visto hombre alguno en esta vid, y en aquella extremidad en que más se necesita amparo y consuelo: lo busca en la tierra y no lo encuentra. Sus discípulos y amigos lo habían abandonado: sólo uno de entre ellos, algunas santas mujeres y su santísima Madre le acompañaban en su padecer; pero esto no podía darle ningún consuelo; antes bien, con sus internos dolores aumentaba s aflicción. Mira a otras partes, y se ve cercado d enemigos que lo burlan, insultan y blasfeman; alza los ojos y clama al cielo, y el cielo se hace de bronce. En la agonía había venido a confortarlo un mensajero celestial; más aquí estos espíritus bienaventurados parecen insensibles a los sufrimientos de su rey… El Eterno Padre, viéndolo cubierto de nuestros pecados, lo desconoce, por decirlo así, y lo abandona al furor de sus enemigos; este abandono fue para su Corazón santísimo el mayor de sus tormentos. De ningún modo se había quejado; mas este fue tan vehemente y le oprimió de tal modo el Corazón, que no pudo menos que clamar en alta voz diciendo: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Como si dijera ¿Es posible, Señor, que hasta Tú me abandones y conjures contra mí? Que mis discípulos y mis amigos me abandonen; que los hombres me persigan, eso no me sorprende; porque son frágiles e ingratos, que no me conocen, ni saben lo que hacen, pero Tú, Señor, que me amas, que sabes que soy Hijo tuyo, que padezco por tu gloria y por satisfacer tu justicia, y que muero en esta cruz para obedecerte, ¿por qué me desamparas?
Afligidísimo y abandonado Redentor mío, ¿por qué, siendo Dios, quisiste padecer tan cruel tormento? Y si este era tu deseo, ¿por qué te quejas tan amargamente? ¡Ah! Bien mío, ya te entiendo, quisiste enseñarme, con tu ejemplo, que no debo desesperar de tu infinita misericordia cuando me vea privado de las dulzuras que causa en mi alma tu amabilísima presencia; que debo sufrir con paciencia la privación de las gracias sensibles y los rigores aparentes de Dios hacia nosotros: pues es para enseñarnos a renunciar a nosotros mismos, que así lo haces. Señor, seas para siempre bendito porque quisiste también sufrir este misterioso abandono a fin de reparar nuestra ingratitud; y bendito sea tu amante Corazón a quien únicamente debo no haber sido eternamente abandonado de mi Dios.

Coloquio. Adorable Salvador, me avergüenzo de mí mismo, al verte soportar con una dulzura admirable ese completo abandono. Con tal que por tus más crueles dolores, Dios sea glorificado y tus hijos arrancados al infierno, esto te basta: te olvidas de ti mismo y consientes en ser abandonado del cielo y de la tierra; y yo, ¡Oh Jesús mío! Dominado por el amor propio, no pienso sino en mí; la más leve contradicción me abate y me hace prorrumpir en quejas. Mas desde ahora, ¡Oh Dios mío! Tú sólo me bastarás, y mi única felicidad será hacer tu santísima voluntad.

Propósito. En las penas interiores, en el olvido y abandono de las criaturas, unirnos estrechamente a Jesús y soportar con él sobre la cruz este abandono de Dios y de los hombres.

Ramillete espiritual. ¡Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?

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¡Oh Dios todopoderoso y eterno! Mira al Corazón de tu Santísimo Hijo y las alabanzas y satisfacciones que te tributa en nombre de los pecadores, y a éstos concédeles el perdón en nombre del mismo Jesucristo, tu Hijo y Salvador nuestro. Amén.

Para obtener las gracias que hemos pedido, saludaremos al Corazón de Jesús con las siguientes invocaciones:

1) ¡Oh Corazón de Jesús, coronado por la Santa Cruz! Me pesa de los pecados que he cometido contra ti con mi soberbia y desobediencia a tu Santa Ley.
Padrenuestro ....

2) ¡Oh Corazón de Jesús, ceñido de corona de punzantes espinas! Me pesa de los pecados que contra ti he cometido con mis sensualidades, y poca mortificación.
Padrenuestro ...

3) ¡Oh Corazón de Jesús, rasgado por el hierro de la lanza! Me pesa de los pecados que he cometido contra ti con mi apego y afición a los bienes de la tierra.
Padrenuestro ...

Al Divino Corazón de Jesús, venid y adorémosle.
Al bondadoso Corazón de Jesús, venid y amémosle.
Al ultrajado Corazón de Jesús, venid y desagraviémosle.
Oración final. Oh Dios omnipotente, te pedimos que mires el inmenso amor del Corazón de tu amado Hijo Jesús, para que te dignes aceptar cuanto hacemos para tu mayor honra y gloria y en satisfacción de nuestros pecados. Te lo pedimos por los méritos infinitos de tu Hijo, que contigo vive y reina en unión del Espíritu Santo. Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Durante esta semana santa desde el Domingo de Ramos haz las oraciones del Devocionario de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, Los siete Dolores del Corazón de Jesús con verdadero amor pues que tanto es digno de recibir de nosotros aquel que por amarnos hasta el extremo dio su vida por nosotros

jueves, 7 de febrero de 2013

Miércoles de ceniza

13 de febrero 2013

Fuente: Catholic net

clip_image001La imposición de las cenizas nos recuerda lo pasajera de nuestra vida en la tierra y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo.
El Miércoles de Ceniza  da inicio a la cuaresma, que es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón.

La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo (Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.)


Las palabras que se usan para la imposición de cenizas, son:

  • “Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”
  • “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás"
  • “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.

Origen de la costumbre
Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios.

En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un "hábito penitencial". Esto representaba su voluntad de convertirse.

En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.

Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos de año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada.

También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con sus 40 días de ayuno.

La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo.Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres.

Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone a los niños y a los adultos.

Significado del carnaval al inicio de la Cuaresma

La palabra carnaval significa adiós a la carne y su origen se remonta a los tiempos antiguos en los que por falta de métodos de refrigeración adecuados, los cristianos tenían la necesidad de acabar, antes de que empezara la Cuaresma, con todos los productos que no se podían consumir durante ese período (no sólo carne, sino también leche, huevo, etc.)

Con este pretexto, en muchas localidades se organizaban el martes anterior al miércoles de ceniza, fiestas populares llamadas carnavales en los que se consumían todos los productos que se podrían echar a perder durante la cuaresma.

Muy pronto empezó a degenerar el sentido del carnaval, convirtiéndose en un pretexto para organizar grandes comilonas y para realizar también todos los actos de los cuales se "arrepentirían" durante la cuaresma, enmarcados por una serie de festejos y desfiles en los que se exaltan los placeres de la carne de forma exagerada, tal como sigue sucediendo en la actualidad en los carnavales de algunas ciudades, como en Río de Janeiro o Nuevo Orleans.

Del “adiós a la carne” en la dieta de la cuaresma el carnaval ha pasado a ser un “desenfreno desmedido de la carne” donde los participantes invitan a una diversión pecaminosos.

El ayuno y la abstinencia

El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.

La oración

La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior.  Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad.  Es acompañar a Jesús en el Huerto de Getsemaní en sus 40 días de ayuno y oración.

Para que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:
La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior.

La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios.
La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar.

El sacrificio

Al hacer sacrificios (cuyo significado es "hacer sagradas las cosas"), debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar. “Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino Tu Padre, que está en lo secreto: y tu padre que ve en lo secreto, te recompensará. “ (Mt 6,6)”

Conclusión
Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo que es el Domingo de Resurrección.
Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a donde vamos, de analizar como es nuestro comportamiento con nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.
En estos momentos al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación (también llamado confesión), que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con Dios y sin reconciliarnos con Dios y convertirnos internamente, no podremos seguirle adecuadamente.
Está Reconciliación con Dios está integrada por el Arrepentimiento, la Confesión de nuestros pecados, la Penitencia y finalmente la Conversión.
El arrepentimiento debe ser sincero, reconocer que las faltas que hemos cometido (como decimos en el Yo Pecador: en pensamiento, palabra, obra y omisión), no las debimos realizar y que tenemos el firme propósito de no volverlas a cometer.

La confesión de nuestros pecados.- el arrepentimiento de nuestras faltas, por sí mismo no las borra, sino que necesitamos para ello la gracia de Dios, la cual llega a nosotros por la absolución de nuestros pecados expresada por el sacerdote en la confesión.

La penitencia que debemos cumplir empieza desde luego por la que nos imponga el sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación, pero debemos continuar con la oración, que es la comunicación íntima con Dios, con el ayuno, que además del que manda la Iglesia en determinados días, es la renuncia voluntaria a diferentes satisfactores con la intención de agradar a Dios y con la caridad hacia el prójimo.

Y finalmente la Conversión que como hemos dicho es ir hacia delante, es el seguimiento a Jesús.

Es un tiempo de pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo, pero es también un tiempo de perdonar a todos los que de alguna forma nos han ofendido o nos han hecho algún daño. Pero debemos perdonar antes y sin necesidad de que nadie nos pida perdón, recordemos como decimos en el Padre Nuestro, muchas veces repitiéndolo sin meditar en su significado, que debemos pedir perdón a nuestro Padre, pero antes tenemos que haber perdonado sinceramente a los demás.

Y terminemos recorriendo al revés nuestra frase inicial, diciendo que debemos escuchar y leer el Evangelio, meditarlo y Creer en él y con ello Convertir nuestra vida, siguiendo las palabras del Evangelio y evangelizando, es decir transmitiendo su mensaje con nuestras acciones y nuestras palabras.

Sugerencias para vivir la fiesta

  • Hacer las oraciones del devocionario de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.
  • Asistir a la iglesia a ponerse ceniza con la actitud de conversión que debemos tener.
  • Leer la parábola del hijo pródigo, San Lucas 15, 11-32 o el texto evangélico de San Mateo 6, 1-8.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Purificación de María Santísima

2 de febrero

Era tradición en Israel que la madre que daba a luz debía presentarse en el templo a los cuarenta días después de su parto para "purificarse", pues era idea común entre los judíos que la madre, al parir, quedaba "manchada" según la Ley, y debía presentar una ofrenda al Señor para purificar su alma. Y era entonces cuando las madres aprovechaban para ofrecer a Dios a sus primogénitos. María no necesitaba purificarse, porque Dios la había adornado de una pureza inviolada y la había preservado de toda mancha de pecado desde su concepción inmaculada. No obstante, María cumplió estrictamente con todas esas ordenanzas y acepta purificarse. Cumplió esto no por ser impura o pecadora sino por obediencia y fidelidad a Dios. Amaba fielmente a Dios que quiso cumplir como las demás. Siendo Hija de Dios Inmaculada no lo necesitaba pero fue una forma de mostrar su agradecimiento a Dios por haber hecho tantas maravillas en ella.

Permaneció 40 días en su casa sin dejarse ver, absteniéndose de entrar al templo y de participar en las ceremonias de culto. Luego se dirigió a Jerusalén con su hijo en brazos, hizo sus ofrendas como acción de gracias y para su expiación, presentó a su Hijo, por manos del sacerdote a su Padre Celestial y luego lo rescató por cinco shekels recibiéndolo de nuevo en sus brazos hasta que el Padre volviera a reclamarlo.

María que supo amar fiel y profundamente a Dios no da ejemplo de obediencia filial. Nos invita a las madres de hoy a ofrecer a nuestros hijos al Señor y consagrarlos a Él, pues solo Dios es el que los puede rescatar ahora de la maldad en la que los hemos dejado caminar al abandonar el cumplimiento de las leyes y mandamientos de Dios. Toda madre y padre, también a ejemplo de San José; que predica amar a su hijo tiene la obligación de cumplir por libertad propia y amor a Dios, consagrar sus hijos a Él y así alcanzarán la salvación y ellos crecerán como el Niño Jesús: fortaleciéndose en Dios. Y solo hay un camino para lograrlo: conocer su sagrada palabra y cumplir sus leyes y mandamientos.

En algunos lugares se acostumbra llevar a los niños a ser bendecidos en esta fiesta, además de llevar las velas a bendecir. Pues María es la Madre de la Luz: Jesús, Luz del mundo y las naciones. Este es un buen día para mostrar tu amor a Dios e ir a recibir la luz, pedir a Dios que nos ilumine durante nuestra vida y renovar esta súplica cada día de la candela o Candelaria.

Cristo la Luz del mundo presentada por su Madre en el Templo viene a iluminar a todos como la vela o las candelas, de donde se deriva la advocación de la Virgen de la "Candelaria", advocación mariana (la segunda más celebrada entre las advocaciones), muy arraigada en varios países de América y en muchos lugares de México. Esta Virgen es Patrona de Tlacotalpan, Ver. Donde se conmemora con una fiesta muy conocida a nivel internacional por el embalse de los toros. Celebración que se realiza desde el siglo XIX, inicia el 31 de enero y concluye hasta el 9 de febrero. El día 2 la Virgen, patrona de los pescadores, sale a las calles hasta llegar a orillas del Papaloapan, donde la llevan a una pinga para recorrer el caudal del río y una veintena de lanchas comandadas por pescadores, la flanquean de ambos lados.

Al rendirle tributo, los tlacotalpeños sienten bendecida su tierra y oran fervientemente para que la virgen los libre de inundaciones e inclemencias.

Este día solo es fiesta para las parroquias que tienen como Patrona esta advocación como la Parroquia de San Juan de los Lagos en que se celebra la Fiesta a Nuestra Señora de San Juan de los Lagos. En otras parroquias se hace en honor a la Virgen de la Candela, Virgen de la Candelaria o Virgen de la Purificación. Pero la fiesta principal es la Presentación del Señor pues es el segundo gran Misterio donde Jesús es dado a conocer en el Templo ante el mundo. Jesús es en todo momento el centro de nuestra existencia y María, su Madre es quien le acompaña en todo momento.

Presentación del Señor

 

CANDELARIA

2 de febrero

Fiesta en que se conmemora la presentación de Nuestro Redentor en el templo.

Lucas 2, 22-40. Fiesta de la Presentación del Señor. Cristo es de verdad nuestra LUZ, nuestra vida y resurrección, nuestra paz y fortaleza, nuestro triunfo y nuestra esperanza cierta.

“Cuando se cumplieron los días de la purificación de María, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones. Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción, ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! - a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.» Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él”.

Simeón y la profetisa Ana. Por inspiración divina, reconocen en aquel Niño al Mesías anunciado por los profetas, como la Luz que ha brillado en las tinieblas para alumbrar a las naciones.

El Niño Jesús no necesitaba ser ofrecido a Dios, porque Él es Dios desde el instante mismo de su encarnación y desde la eternidad. Sin embargo ofrece al Padre el acto de su filial obediencia y humildad presentándose a Él en el templo a los pocos días de su nacimiento.

En la Roma pagana, al inicio de nuestra era cristiana, entre el 23 y el 24 de diciembre se celebraba una fiesta muy sonada, con ocasión del solsticio de invierno: el nacimiento del "nuevo sol" y se festejaba así al dios Saturno. El cristianismo tomó entonces esta fiesta y este simbolismo y lo aplicó al nacimiento de Jesucristo, el auténtico "Sol nuevo", el único Dios verdadero.

Cristo mismo se autoproclama la "luz del mundo" porque Él es el único capaz de disipar todas las tinieblas del mundo y de nuestro corazón. Es nuestra LUZ, nuestra vida y resurrección, nuestra paz y fortaleza, nuestro triunfo y nuestra esperanza cierta.

Propósito para realizar durante el mes de febrero.

1. Rezar el CREDO todos los días.

2. Rezar el rosario del Divino Niño Jesús para que por los méritos de su infancia ilumine con su luz nuestra vida, nos guíe por el camino que nos conduce Padre y así poder gozar de su compañía en la eternidad.

3. Educar a tus hijos para que vayan creciendo fortalecidos en Dios a imitación de Jesús.

4. Enseña a tus hijos el Rosario del Niño Jesús y lo hagan diario durante el año.

5. Diario lee la Biblia con tu hijo

6. Haz crecer tú FE y la de tu familia en aquel que nos da la vida.

7. Haz tu mayor esfuerzo para que tú y tu familia no estén en pecado.

8. Poner a los niños a hacer el rosario Mariano pues ella reveló en uno de sus mensajes: “Los padres, deberán enseñar a los hijos e hijas a rezar. Durante las horas de oscuridad las oraciones de los niños serán milagrosas” y pide especialmente que hagan el Rosario que hicieron los videntes de Fátima, que eran niños y cambiaron sus juegos por la oración.

martes, 15 de enero de 2013

Las Tres Avemarías

Nuestra Madre María prometió a Santa Matilde y a otras almas piadosas que quien rezara diariamente tres avemarías, tendría su auxilio durante la vida y su especial asistencia a la hora de la muerte, presentándose en esa hora final con el brillo de una belleza tal que con solo verla la consolaría y le transmitiría las alegrías del Cielo.

   

                              El Avemaría

clip_image003La primera parte del Avemaría corresponde a la Anunciación que el Ángel Gabriel hizo a María, seguido por el saludo de Santa Isabel a María, durante la Visita de la Santa Madre de Dios a su prima, madre de San Juan el Bautista (Lc. 1, 26-56). La segunda parte es una petición que le hacemos a nuestra Santa Madre para que ruegue por nosotros, reconociéndonos como pecadores, y especialmente en la decisiva hora de la muerte.

La devoción de las Tres Avemarías

Consiste en rezar tres veces el Avemaría a la Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, para honrarla o para alcanzar algún favor por su mediación. (Rezarlas por la mañana, tarde y noche son de mayor agrado de Nuestra Señora y mayor beneficio para nuestras necesidades)

Con esta devoción honramos los tres principales atributos de María Santísima:

clip_image001 El poder que le otorgó Dios Padre, por ser su Hija predilecta;

clip_image001[1] La sabiduría con que la adornó su Hijo al elegirla como su Madre y

clip_image001[2] La misericordia de que la llenó Dios Espíritu Santo, al escogerla como su inmaculada

Esposa.

Con el rezo de Las Tres Avemarías veneramos a la Virgen en su relación con Dios Trino agradeciéndole a la Santísima Trinidad los privilegios que le han sido otorgados a nuestra Madre: poder, sabiduría, amor, bondad; como le fue revelado a Santa Gertrudis: “Después del Poder del Padre, la Sabiduría del Hijo, y la Ternura misericordiosa del Espíritu Santo, nada se aproxima al Poder, la Sabiduría y la Ternura misericordiosa de María”. Por desea de Jesucristo, María es nuestra Madre y cada vez que la saludamos con los Tres Avemarías la estamos instando a que haga uso del poder, la sabiduría y el amor con los que Dios la ha colmado.

Nuestra Tierna y Amorosa Madre del Cielo nos invita a rezar cuando dice: “La devoción de las Tres Avemarías siempre me fue muy grata. No dejéis de rezarlas y de hacerlas rezar a cuanto podáis pues cada día tendréis pruebas de su eficacia”.

Revelaciones de la devoción

Esta devoción fue revelada por Nuestra Santísima Madre a las gemelas Santa Gertrudis y Santa Matilde, a fines del Siglo XIII en el monasterio de Helfta, en Sajonia. Éstas santas místicas las plasmaron en los libros “Revelaciones de Santa Gertrudis” que contienen los cinco tomos de El Heraldo de la amorosa bondad de Dios y “Revelaciones de Santa Matilde” conocido como Libro de la Gracia Especial.

La Virgen María le dijo a Santa Gertrudis que “quienes la venerasen en su relación con la Beatísima Trinidad, experimentarían el poder que le ha comunicado la Omnipotencia del Padre como Madre de Dios; admiraría los ingeniosos medios que le inspira la sabiduría del Hijo para la salvación de los hombres, y contemplaría la ardiente caridad encendida en su corazón por el Espíritu Santo”. Además nos promete, según lo dijo a la misma santa, refiriéndose a todos los que la invocamos diariamente evocando el Poder, la Sabiduría y el Amor que le fueron comunicados por la Santísima Trinidad que: “a la hora de su muerte me mostraré a él con el brillo de una belleza tan grande, que mi vista le consolará y le comunicará las alegrías celestiales”.

clip_image005Según lo dicho por el Señor a Santa Gertrudis, cuantas veces reza un cristiano el Avemaría, otras tantas brotan del seno del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo tres impetuosos arroyuelos que van a penetrar suavemente en el corazón de la Virgen. Luego, saliendo de este mismo corazón, van a buscar su origen, y estrellándose al pie del trono de Dios, dejándola poderosísima, según el Padre, sapientísima, según el Hijo, y llena de amor y misericordia, según el Espíritu Santo. Mientras se reza el Avemaría corren esos arroyuelos con gran ímpetu en torno a la Santa Madre inundándola, y vuelven a precipitarse nuevamente sobre su Corazón.

Como Santa Matilde suplicase a la Santísima Virgen que la asistiera en la hora de la muerte, oyó que la benignísima Señora le decía: “Sí que lo haré; pero quiero que por tu parte me reces diariamente tres Avemarías. La primera, pidiendo que así como Dios Padre me encumbró a un trono de gloria sin igual, haciéndome la más poderosa en el cielo y en la tierra, así también yo te asista en la tierra para fortificarte y apartar de ti toda potestad enemiga. Por la segunda Avemaría me pedirás que así como el Hijo de Dios me llenó de sabiduría, en tal extremo que tengo más conocimiento de la Santísima Trinidad que todos los Santos, así te asista yo en el trance de la muerte para llenar tu alma de las luces de la fe y de la verdadera sabiduría, para que no la oscurezcan las tinieblas del error e ignorancia. Por la tercera, pedirás que así como el Espíritu Santo me ha llenado de las dulzuras de su amor, y me ha hecho tan amable que después de Dios soy la más dulce y misericordiosa, así yo te asista en la muerte llenando tu alma de tal suavidad de amor divino, que toda pena y amargura de muerte se cambie para ti en delicias”.

Se cuenta que mientras Santa Gertrudis cantaba una vez los Maitines con sus hermanas en la fiesta de la Anunciación, vio de pronto en figuras a las Tres Personas de la Santísima Trinidad, y que del corazón de cada una de ellas salía un rayo que penetraba en el corazón de la Bienaventurada Virgen María. Luego oyó una voz que decía: «Después del Poder del Padre, de la Sabiduría del Hijo y de la Misericordia del Espíritu Santo, nada hay comparable al Poder, a la Sabiduría y a la Misericordia de María.”

En su Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, San Luis María Grignion de Montfort dice acerca del Poder, Sabiduría y Amor que por medio de la Santísima Virgen vino Jesucristo al mundo y por medio de Ella debe también reinar en el mundo….

Dios Padre a pesar de haberle transmitido su poder a Nuestra Señora, consintió en que no hiciera ningún milagro al menos portentoso durante su vida. Por su parte, Dios Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, a pesar de haberle comunicado su sabiduría consintió en que Ella casi no hablara y Dios Espíritu Santo a pesar de ser Ella su fiel Esposa aprobó que tanto los apóstoles como los evangelistas hablaran muy poco de Ella muy y sólo cuanto fuera necesario para dar a conocer a Jesucristo.

La Virgen María, es el tesoro del que los santos hablan, en el cual se ha encerrado lo más sagrado de la creación; es el depósito de todas las gracias al que Dios dio forma para almacenarlas en un solo recipiente. En una palabra, Dios omnipotente posee en Ella un riquísimo almacén en el que guarda lo más bello, refulgente, raro y precioso que posee, incluido su propio Hijo.

Dios Hijo confió a su Madre sus méritos infinitos y virtudes admirables, y la constituyó depositaria de todo cuanto Dios Padre le dio en herencia. De esa manera, la Santísima Virgen constituye su canal a través del cual hace llegar a los hombres sus abundantes misericordias.

Del mismo modo, Dios Espíritu Santo transfirió a su fiel Esposa, sus dones inefables, designándola, de ese modo, dispensadora de cuanto posee. Y así es como Ella distribuye a quien quiere y cuando quiere todos sus dones y gracias. Por consiguiente, es entendible que nada se concede a los hombres si no pasa previamente por sus manos virginales. Pues tal es la voluntad de Dios quiere que todo lo recibamos de María que de ese modo es enriquecida, ensalzada y honrada por el Altísimo.

El demonio trata de oscurecer la forma en que Dios ve y tiene en cuenta a Nuestra Madre Bendita. Desfigurándola, calumniándola y ofendiéndola cree poder destruir a la Iglesia y la obra del Creador. Sin embargo, la potestad divina es infinitamente superior y sus gracias eternamente perdurables por lo que sus perversas intenciones caen en el vacío siempre y cuando, se recurra a la divina protección de la Madre de Dios.

Otras promesas a quienes han practicado esta devoción

La Virgen Santísima le reveló al capuchino Diego Cádiz, apóstol de la Santísima Trinidad: “Una de las más agradables devociones que se le pueden ofrecer, es la de ayudarle a dar gracias a la Augusta Trinidad por el Poder que recibió del Padre Eterno, por la Sabiduría con que la enriqueció su Hijo y por la Caridad de que la llenó el Espíritu Santo”.

En una ocasión en que se hallaba Sor María Villani rezando las Tres Avemarías en el convento dominico al que pertenecía repentinamente, una voz celestial le dijo: “No solo alcanzaras las gracias que me pides, sino que en la vida y en la muerte prometo ser especial protectora tuya y de cuantos como tu practiquen esta devoción”.

Pontífices que practicaron esta devoción

Entre los Sumos Pontífices que autorizaron con su ejemplo esta devoción y la han recomendado a los fieles están:

clip_image001[3] Beato Pío IX rezaba las Tres Avemarías después de la Misa en su Capilla del Vaticano

clip_image001[4] León XIII extendió esta práctica a toda la Iglesia y concedió doscientos días de indulgencias a todos los que rezasen las Tres Avemarías y añadiesen la jaculatoria: «Madre mía, libradme en este día (o en esta noche) de pecado mortal».

clip_image001[5] San Pío X concedió trescientos días de indulgencias a los que rezaren las Tres Avemarías con esta otra jaculatoria: «¡Oh María!, por vuestra Inmaculada Concepción, purificad mi cuerpo y santificad mi alma.».

clip_image001[6] Benedicto XV elevó la Cofradía de las Tres Avemarías a una Archicofradía al otorgarle indulgencias preciosas con el poder de unir a todas las congregaciones del mismo tipo, y transmitirles sus propias indulgencias.

Qué hermoso sería decir como Santa Isabel: ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la Madre de mi Señor? Para merecer esta gracia especial de nuestra tierna y misericordiosa Madre podemos alcanzarla practicando el rezo de las tres Avemarías tres veces al día: mañana, tarde y noche. De esta manera invocaremos a María como Virgen Poderosa, Madre de Misericordia y Trono de Sabiduría.

Medio de salvación, signo de predestinación

Uno de los medios de salvación más eficaz, y uno de los signos de predestinación más seguro, es la devoción a la Santísima Virgen. San Alfonso de Ligorio afirmaba con certeza: “Un siervo devoto de María nunca perecerá”. Lo más importante es perseverar fielmente en esta devoción hasta la muerte.

clip_image001[7] San Antonio de Padua, que con el objeto de honrar la virginidad sin mancha de María y preservar una pureza perfecta de la mente, el corazón, y el cuerpo en medio de los peligros del mundo cosechó tales frutos preciosos.

clip_image001[8] San Leonardo de Puerto Mauricio, célebre misionario rezaba tres Avemarías a la mañana y otras tres a la noche en honor de María Inmaculada con la intención de obtener gracias para evitar durante todo el día todos los pecados mortales; además prometió de una manera especial la salvación eterna a todos aquellos que permanecieran fieles a esta práctica.

clip_image001[9] San Alfonso María de Ligorio adoptó esta devoción y le dio su apoyo aconsejándola hasta imponerla como penitencia para aquellos que no hubieran adoptado esta buena costumbre. Exhortó en particular a padres y confesores para velar por la felicidad de los niños y su fidelidad en el rezo diario de los Tres Avemarías.

clip_image001[10] San Leonardo de Puerto Mauricio, apóstol tan celoso de la salvación de las almas, lo recomendaba a piadosos y a pecadores, a jóvenes y viejos, a ricos y a pobres así como recomendaba a los confesores, con insistencia y fervor, que inculcasen la práctica en sus penitentes como remedio eficaz contra los vicios, la corrupción, los males y las impurezas. Hasta las personas consagradas a Dios obtendrán muchos frutos preciosos y saludables de esta práctica.

Devoción de las Tres Avemarías y novena

La devoción dio origen a la Novena de las Tres Avemarías según lo prometió la Virgen a Santa Matilde– nos asistirá en la hora de la muerte al rezar tres Avemaría por día, de hacerlo durante nueve jornadas consecutivas conseguirían para sus necesidades el socorro de su intercesión.

El mayor beneficio espiritual que la Virgen Santísima dispensa por medio de esta Novena es la salvación de innumerables almas para el cielo. Sin contar con las conversiones extraordinarias de pecadores moribundos que en el último instante de sus vidas y con el último aliento solicitaron los últimos Sacramentos; jóvenes descarriados, que han vuelto al camino del bien y a sus hogares; individuos crueles y perversos que se han arrepentido; matrimonios destruidos que han recuperaron la unión y la paz perdidas; almas atormentadas por diferentes penas han vuelto a la luz del Señor, verdadera cura de todos los males, tanto del cuerpo como del alma.
Para lograr alguno de estos beneficios solo hay que Hacer una o más Novenas implorando por nuestras necesidades, con fe y confianza, previa purificación del alma por medio de la confesión. Dios otorga mercedes y dispensa a todo aquel que lo hace, con la divina intersección de su madre a solicitud mediante el rezo de

Las Tres Avemarías

(Pueden decirse por las tres avemarías que se dicen al terminar algún rosario)

"María Madre mía, líbrame de caer en pecado mortal.”

1. Por el poder que te concedió el Padre Eterno haciéndote la más poderosa en el cielo y en la tierra, así también asísteme en la tierra para fortificarme y apartarme de mi toda potestad enemiga. Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

«¡Oh María!, por tu Inmaculada Concepción, purifica mi cuerpo y santifica mi alma.».

2. Por la sabiduría que te concedió el Hijo asísteme en el trance de la muerte para llenar mi alma de las luces de la fe y de la verdadera sabiduría, para que no la oscurezcan las tinieblas del error y la ignorancia. Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

«¡Oh María!, por tu Inmaculada Concepción, purifica mi cuerpo y santifica mi alma.».

3. Por el Amor que te concedió el Espíritu Santo haciéndote tan amable que después de Dios eres la más dulce y misericordiosa, asísteme en la muerte llenando mi alma de tal suavidad de amor divino, que toda pena y amargura de muerte se cambie para mí en delicias”. Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

«¡Oh María!, por tu Inmaculada Concepción, purifica mi cuerpo y santifica mi alma.».

¡Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén!"

Para alcanzar las gracias que le solicites haz esta oración en la mañana, tarde y en la noche en estado de purificación (confesión previa)

Novena de las Tres Avemarías

1ª Avemaría

Oh María, Virgen poderosa, a quien nada es imposible! Te suplico, por el poder con que te distinguió Dios Padre Omnipotente, haciéndote la más poderosa en el cielo y en la tierra, que me asistas para fortificarme y apartar de mi toda potestad enemiga. Socórreme en la presente necesidad… ¡Oh Abogada de las causas más desesperadas, ayúdame! En ello están interesados la gloria de Dios, tu honra y el bien de mi alma.

Si la gracia que pido está conforme con la amabilísima y santísima voluntad de Dios, intercede, omnipotencia suplicante, intercede por mí ante tu Hijo, que nada te puede negar. Te lo pido por ese poder ilimitado que te comunicó el Padre Celestial, ya que, para celebrarlo, te digo con Santa Matilde a quien revelaste la práctica saludable de las Tres Avemarías: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

2ª Avemaría

Purísima Virgen, justamente llamada Trono de la sabiduría, porque en Ti moró la Sabiduría increada, el Verbo de Dios, y te comunicó toda la plenitud de su divina ciencia en la medida que podía participarla a la más perfecta de las criaturas. Tu sabes bien cuán grande es mi miseria y la necesidad que tengo de tu auxilio.

Me abandono del todo en tus manos, confiando en que tu divina Sabiduría lo ordenará todo con fuerza y suavidad a mayor gloria de Dios y provecho de mi alma, y que, por los medios más convenientes, acudirás a socorrer mi necesidad.

¡Oh María, Madre de la divina sabiduría! Dígnate alcanzarme el favor que solicito. Te lo pido por esa inefable sabiduría con que el Verbo, Hijo tuyo, ilustró tu inteligencia asísteme en el trance de la vida y la muerte para llenar mi alma de las luces de la fe y de la verdadera sabiduría, para que no la oscurezcan las tinieblas del error y la ignorancia, mostrando a mis ojos aquellas cosas que son de Dios para no caiga en el engaño de enemigo ya que, para celebrarla, te digo con San Antonio de Padua y San Leonardo de Puerto Mauricio, celosísimos propagadores de las Tres Avemarías: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

3ª Avemaría

¡Oh tierna y verdadera Madre de Misericordia, que en estos últimos tiempos te has llamado Tu misma "Madre la más misericordiosa"! A Ti acudo para que uses conmigo de compasión y bondad, con tanta mayor razón cuanto es mayor mi miseria.

No soy acreedor a la gracia que de Ti espero, ya que tantas veces te he contristado, ofendiendo a tu divino Hijo; pero estoy sinceramente arrepentido de haber traspasado con mis pecados el amante Corazón de Jesús y el Tuyo. ¿No eres Tú, según lo revelaste a tu sierva Santa Brígida, la "Madre de los pecadores arrepentidos"? Perdóname, pues, mis pasadas ingratitudes; y teniendo sólo en cuenta tu misericordiosa bondad y la gloria que de ello resultará para Dios y para Ti misma, dame me la gracia que te pido.

¡Oh Tu, a quien nadie ha implorado en vano! ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Dígnate socorrerme. Te lo pido por esa misericordiosa bondad de que en favor nuestro te ha llenado el Espíritu Santo, haciéndote la más amable que después de Dios eres la más dulce y misericordiosa, asísteme en la muerte llenando mi alma de tal suavidad de amor divino, que toda pena y amargura de muerte se cambie para mí en delicias” y para celebrarla, te digo con San Alfonso María de Ligorio, incomparable Apóstol de tu misericordia y doctor de las Tres Avemarías: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

"María, madre mía, líbrame de caer en pecado mortal!

(Tres veces)

Oración final

Acuérdate, ¡oh clementísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección invocando tu Poder, tu Sabiduría y tu Misericordia para el remedio de sus males, haya visto defraudadas sus esperanzas. Animado con esta confianza a Ti también acudo, ¡oh Poderosísima Reina!, ¡oh Sapientísima Virgen!, ¡oh Misericordiosísima Madre!, te suplico vengas a socorrerme con estos tres atributos de que te adornó la Beatísima Trinidad para consuelo de los desvalidos.

¡Oh piadosísima Señora! ¡Oh trono de la Sabiduría! ¡Oh clementísima Abogada!, no desprecies las súplicas de este pobre pecador, que implora vuestro poder para que le defiendas y protejas, tu sabiduría para que le guíes y enseñes y tu misericordia para que, benigna, le ampares en todo peligro y le favorezcas en sus necesidades.

¡Oh María, Hija del Padre, Madre del Verbo Encarnado y Esposa del Espíritu Santo!, no despreciéis mi humilde oración; antes bien, acógela piadosa, intercede para que sea despachada favorablemente y brille más a los ojos de todos tu gran poder, tu admirable sabiduría y tu inagotable misericordia, y sea todo a gloria de la adorabilísima Trinidad, que te enriqueció con tan preciosos dones. Amén.

Consagración a La Madre de Dios

¡Señora y Madre mía! Yo me ofrezco del todo a ti.

Y en prueba de mi filial afecto,

te consagro en este día mis ojos,

mis oídos, mi lengua, mi corazón,

en una palabra, todo mi ser.

Ya que soy todo tuyo, madre de bondad,

guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya.

Amen.

 

Oración a Mater Admirabilis.

 

Oh Madre Santísima de Jesús!,

venimos a Ti como a la fuente viva que refrigera,

como a la llama

que calienta,

como a la aurora que disipa las tinieblas,

como a la Madre siempre atenta a las necesidades de sus hijos.

¡Oh Madre Admirable!,

hay horas, en que el camino de nuestra vida es duro.

No es fácil andar siempre con paso igual

en el camino del deber.

No es fácil amar al prójimo, nuestro hermano,

como Jesús quiere que lo amenos.

No es fácil conservar un alma serena

en medio de las vicisitudes de la vida.

No es fácil amar a las criaturas

y reservarse para Dios.

No es fácil hacerse pequeño y humilde

cuando el orgullo relama.

No es fácil ir caminando hacia el Dios de luz

por caminos llenos de sombra.

Hay días en los que todo es carga.

Pero Tú, oh Madre Admirable, haces todo fácil.

Y sin embargo, no quitas el sacrificio de nuestros caminos,

como Dios tampoco lo quitó del tuyo,

pero facilitas el esfuerzo haciendo que crezca el amor.

El amor siempre vencedor en Ti,

te hizo decir en el umbral de vuestro destino:

"Fiat mihi secundurn Verbum tuum".

Esta palabra de adhesión al amor que te guiaba,

jamás la retiraste.

Jamás te rebelaste ante el sufrimiento,

sino que ofreciste a su acción un alma

mansa y humilde entregada a Dios.

¡Oh María!, que tu ejemplo sea mi fuerza.

Haz que todo sea fácil en mi vida,

no suprimiendo toda pena sino por un amor generoso,

siembre mayor que la pena.

¡Oh Madre dulcísima!,

dame un corazón lleno de fortaleza;

y si ves que mi amor se apaga pronto, te suplico,

da a tu hijo(a) un poco del tuyo

y repítele la lección del verdadero amor.

Oración poética a Ntra. Sra. de las Tres Avemarías

(Puede ser rezarse diario o como novena.)

Oh tierna y querida Madre!

del edén mística rosa,

hija del Eterno Padre

y abogada poderosa.

Por el inmenso poder

que Dios Eterno os confía

dignaos, Virgen María,

mi petición atender.

Y para más obligaros

ejerzáis este atributo,

recibid el fiel tributo

con que vengo a saludaros:

 

(1ª Avemaría) Dios te salve María llena eres de gracia el Señor está contigo bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús, Santa María, Madre de Dios ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

Sapientísima María,

de los cielos regocijo:

Trono de Sabiduría,

Madre amante de Dios Hijo.

En vuestras manos, Señora,

que mis cuitas conocéis,

me entrego; no me neguéis

el favor que, mi alma implora.

Mientras celebro, rendido,

privilegio tan real,

la plegaria celestial

os diré de gozo henchido:

 

( 2ª Avemaría) Dios te salve María, llena eres de gracia el Señor está contigo, bendita eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre Jesús, Santa María, Madre de Dios ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

Madre de amor bondadosa,

del cielo puerta y camino,

casta y adorada Esposa

del Espíritu Divino.

Pecadores nos llamamos;

por eso a tus pies venimos,

y, al par que perdón pedimos,

vuestro favor imploramos.

Socorrednos, compasiva,

Madre de los pecadores.

Recibid estos loores

por tan gran prerrogativa:

 

(3ª Avemaría) Dios te salve María llena eres de gracia el Señor está contigo Bendita eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre Jesús. Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Créditos: La "Novena a Nuestra Señora de las Tres Avemarías" y "Oración poética a Nuestra Señora de las Tres Avemarías" corresponden a los textos oficiales difundidos por la revista "El Propagador de las Tres Avemarías", tomado de: " El Ángel de la Web" de Ángel Rodríguez Villagrán. CATALUÑA-España. (La oración, la novena y la oración poética)

Imágenes de la web

sábado, 5 de enero de 2013

DOCE DOMINGOS AL DIVINO NIÑO

Este docenario fue creado expresamente por la autora del Blog para honrar los doce años de infancia de Jesús como se hace en un misterio de su rosario (con las doce cuentas rosadas) ya que existe una novena de los nueve primeros domingos de cada mes  en su honor, por tal motivo me di a la tarea de buscaren la Biblia  los doce misterios de su infancia para ponerlos en cada Misterio, escribir las reflexiones, los propósitos y las oraciones comunitarias. El resto de las oraciones fueron tomadas del rosario, la coronilla y  la novena al divino Niño Jesús. (Por lo que no encontrarán esta Devoción en otro sitio).