Páginas

viernes, 13 de diciembre de 2013

Esquema de adviento

CAM00354
1er. DOMINGO: LLAMADA A LA VIGILANCIA

Se entona algún canto. Saludo.
Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Acto de Contrición.
LITURGIA DE LA PALABRA. Lectura del santo evangelio según san Marcos 13,33: “Estén preparados y vigilando, ya que nos saben cual será el momento”. Palabra del Señor. Reflexión.
Guía:
Vigilar significa estar atentos, salir al encuentro del Señor, que quiere entrar, este año más que el pasado, en nuestra existencia, para darle sentido total y salvarnos.

Es importante que, como familia nos hagamos un propósito que nos permita avanzar en el camino hacia la Navidad; ¿qué te parece si nos proponemos revisar nuestras relaciones familiares? Como resultado deberemos buscar el perdón de quienes hemos ofendido y darlo a quienes nos hayan ofendido para comenzar el Adviento viviendo en un ambiente de armonía y amor familiar. Desde luego, esto deberá ser extensivo también a los demás grupos de personas con los que nos relacionamos diariamente, como la escuela, el trabajo, los vecinos, etc. Esta semana, en familia al igual que en cada comunidad parroquial, encenderemos la primer vela de la Corona de Adviento, color morada, como signo de vigilancia y deseos de conversión
ENCENDIDO DE LA VELA. Oración.
Guía:
Encendemos, Señor, esta luz, como aquel que enciende su lámpara para salir, en la noche, al encuentro del amigo que ya viene. En esta primer semana de Adviento queremos levantarnos para esperarte preparados, para recibirte con alegría. Muchas sombras nos envuelven. Muchos halagos nos adormecen. Queremos estar despiertos y vigilantes, porque tú traes la luz más clara, la paz más profunda y la alegría más verdadera. ¡Ven, Señor Jesús!. ¡Ven, Señor Jesús!
PADRE NUESTRO Guia: Unidos en una sola voz digamos: Padre Nuestro...
Guía:
Ven, Señor, haz resplandecer tu rostro sobre nosotros.
Todos: Y seremos salvos. Amén.
2º DOMINGO
ENTRADA.
Se entona algún canto. Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Acto de Contrición.
LITURGIA DE LA PALABRA.

Lectura de la II carta de San Pedro 3,13-14: ”Nosotros esperamos según la promesa de Dios cielos nuevos y tierra nueva, un mundo en que reinará la justicia. Por eso, queridos hermanos, durante esta espera, esfuércense para que Dios los halle sin mancha ni culpa, viviendo en paz". Palabra de Dios.
Reflexión Guía: ¿Qué va a cambiar en mí, en nosotros en este Adviento? ¿ Se notará que creemos de veras en Cristo?
ENCENDIDO DE LA VELA. Oración.
Guía:
Los profetas mantenían encendida la esperanza de Israel. Nosotros, como un símbolo, encendemos estas dos velas. El viejo tronco está rebrotando se estremece porque Dios se ha sembrado en nuestra carne...
Que cada uno de nosotros, Señor, te abra su vida para que brotes, para que florezcas, para que nazcas y mantengas en nuestro corazón encendida la esperanza. ¡Ven pronto, Señor! ¡Ven, Salvador!
PADRE NUESTRO.
Guía:
Ven, Señor, haz resplandecer tu rostro sobre nosotros.
Todos: Y seremos salvados. Amén.
3er DOMINGO
Se entona algún canto. Saludo.
Guía: En el nombre del Padre y del Hijo Y del Espíritu Santo. Acto de Contrición.
LITURGIA DE LA PALABRA.
Lectura de la Primera carta a los Tesalonicenses 5,23: ”Que el propio Dios de la paz los santifique, llevándolos a la perfección. Guárdense enteramente, sin mancha, en todo su espíritu, su alma y su cuerpo, hasta la venida de Cristo Jesús, nuestro Señor”. Palabra de Dios. Reflexión.
Guía:
Los hombres de hoy no verán en persona a Cristo en esta Navidad. Pero sí verán a la Iglesia, nos verán a nosotros. ¿Habrá más luz, más amor, más esperanza reflejada en nuestra vida para que puedan creer en El?
ENCENDIDO DE LA VELA. Oración.
Guía:
En las tinieblas se encendió una luz, en el desierto clamó una voz. Se anuncia la buena noticia: ¡El Señor va a llegar! ¡Preparen sus caminos, porque ya se acerca! Adornen su alma como una novia se engalana el día de su boda. ¡Ya llega el mensajero!. Juan Bautista no es la luz, sino el que nos anuncia la luz. Cuando encendemos estas tres velas cada uno de nosotros quiere ser antorcha tuya para que brilles, llama para que calientes. ¡Ven, Señor, a salvarnos, envuélvenos en tu luz, caliéntanos en tu amor!
PADRE NUESTRO.
Guía:
Ven, Señor, haz resplandecer tu rostro sobre nosotros.
Todos: Y seremos salvados. Amén
4º DOMINGO
Todos hacen la señal de la cruz.
Guía: "Nuestro auxilio es en el nombre del Señor"
Todos: "Que hizo el cielo y la tierra"
Liturgia de la Palabra:
1ª lectura: Rm 13,13-14 "Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestios del Señor Jesucristo". "Palabra de Dios"
Todos: "Te alabamos Señor".

2ª lectura: 2 Tes. 1,6-7 "Es justo a los ojos de Dios pagar con alivio a vosotros, los afligidos, y a nosotros, cuando el Señor Jesús se revele, viniendo del cielo acompañado de sus poderosos ángeles, entre las aclamaciones de sus pueblo santo y la admiración de todos los creyentes." -"Palabra de Dios"
Todos: "Te alabamos Señor".
Guía: "Ven, Señor, y no tardes.
Todos: "Perdona los pecados de tu pueblo".
SE ENCIENDEN LAS CUATRO VELAS
Guía:
"Bendigamos al Señor"
Todos hacen la señal de la cruz mientras dicen: "Demos gracias a Dios".
Humildad y gloria El Nacimiento de Jesús
Guía: Lectura del Evangelio según San Lucas (2:6-7)
"Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron
los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito,
le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento."
"Palabra de Dios"
"Te alabamos Señor".
MEDITACION
La Virgen y San José, con su fe, esperanza y caridad salen victoriosos en la prueba. No hay rechazo, ni frío, ni oscuridad ni incomodidad que les pueda separar del amor de Cristo que nace. Ellos son los benditos de Dios que le reciben. Dios no encuentra lugar mejor que aquel pesebre, porque allí estaba el amor inmaculado que lo recibe. Nos unimos a La Virgen y San José con un sincero deseo de renunciar a todo lo que impide que Jesús nazca en nuestro corazón.
Tiempo de silencio / Tiempo de intercesión
Padre Nuestro / Ave María.
ORACIÓN FINAL
Derrama Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos por su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.
Todos: "Amén"

Primer Domingo: 1 de diciembre

La vigilancia en espera de la venida del Señor. Durante esta primer semana las lecturas bíblicas y la predicación son una invitación con las palabras del Evangelio: "Velen y estén preparados, que no saben cuándo llegará el momento". Es importante que, como familia nos hagamos un propósito que nos permita avanzar en el camino hacia la Navidad; ¿qué te parece si nos proponemos revisar nuestras relaciones familiares? Como resultado deberemos buscar el perdón de quienes hemos ofendido y darlo a quienes nos hayan ofendido para comenzar el Adviento viviendo en un ambiente de armonía y amor familiar. Desde luego, esto deberá ser extensivo también a los demás grupos de personas con los que nos relacionamos diariamente, como la escuela, el trabajo, los vecinos, etc. Esta semana, en familia al igual que en cada comunidad parroquial, encenderemos la primer vela de la Corona de Adviento, color morada, como signo de vigilancia y deseos de conversión.


Segundo Domingo: 8 de diciembre

La conversión, nota predominante de la predicación de Juan Bautista. Durante la segunda semana, la liturgia nos invita a reflexionar con la exhortación del profeta Juan Bautista: "Preparen el camino, Jesús llega" y, ¿qué mejor manera de prepararlo que buscando ahora la reconciliación con Dios? En la semana anterior nos reconciliamos con las personas que nos rodean; como siguiente paso, la Iglesia nos invita a acudir al Sacramento de la Reconciliación (Confesión) que nos devuelve la amistad con Dios que habíamos perdido por el pecado. Encenderemos la segunda vela morada de la Corona de Adviento, como signo del proceso de conversión que estamos viviendo.
Tercer Domingo: 15 de diciembre

El testimonio, que María, la Madre del Señor, vive, sirviendo y ayudando al prójimo. Coincide este domingo con la celebración de la Virgen de Guadalupe, y precisamente la liturgia de Adviento nos invita a recordar la figura de María, que se prepara para ser la Madre de Jesús y que además está dispuesta a ayudar y servir a quien la necesita. El evangelio nos relata la visita de la Virgen a su prima Isabel y nos invita a repetir como ella: "Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?.

Sabemos que María está siempre acompañando a sus hijos en la Iglesia, por lo que nos disponemos a vivir esta tercer semana de Adviento, meditando acerca del papel que la Virgen María desempeñó. Te proponemos que fomentes la devoción a María, rezando el Rosario en familia, uno de los elementos de las tradicionales posadas. Encendemos como signo de espera gozosa, la tercer vela, color rosa, de la Corona de Adviento.

La Sagrada Familia

30 de diciembre

TRE_SA~1

Dios quiso nacer dentro de una familia para que tuviera alguien que lo cuidara, lo protegiera, lo ayudara y lo aceptara como era. Con este hecho Dios ha santificado la familia humana.

María y José cuidaban a Jesús, se esforzaban y trabajaban para que nada le faltara, tal como lo hacen todos los buenos padres por sus hijos.

Jesús aprendió a trabajar y a ayudar a su familia con generosidad. Jesús. Él siendo Todopoderoso, obedecía fielmente a sus padres humanos, confiaba en ellos, los ayudaba y los quería. Se dedicaba a los más humildes trabajos diarios.

María se dedicaba a cuidar que no faltara nada en la casa de Nazaret. Educaba a su hijo según las Sagradas escrituras.

José trabajaba duramente con gran esfuerzo para conseguir le sustento de la familia.

Las familias de hoy, deben seguir este ejemplo tan hermoso que nos dejó Jesús tratando de imitar las virtudes que vivía la Sagrada Familia: obediencia, sencillez, bondad, humildad, caridad, laboriosidad, etc.

La familia debe ser una escuela de virtudes. Es el lugar donde crecen los hijos, donde se forman los cimientos de su personalidad para el resto de su vida y donde se aprende a ser un buen cristiano. Es en la familia donde se formará la personalidad, inteligencia y voluntad del niño. Enseñar a los niños el camino hacia Dios para llevar con amor estas almas al cielo.

La familia es la primera comunidad de vida y amor el primer ambiente donde el hombre puede aprender a amar y a sentirse amado, no sólo por otras personas, sino también y ante todo por Dios.” (Juan Pablo II, 1990).

Así como Jesús creció en sabiduría y gracia ante Dios y los hombres, en nuestras familias debe suceder lo mismo. Esto significa que los niños deben aprender a ser amables y respetuosos con todos, ser estudiosos obedecer a sus padres, confiar en ellos, ayudarlos y quererlos, orar por ellos, y hacer oración en familia.

La salvación del mundo, el porvenir de la humanidad de los pueblos y sociedades pasa siempre por el corazón de toda familia. Es la célula de la sociedad. Cuando las familias imitan las virtudes y santidad de la Sagrada Familia se santifican y entonces son dignas de ser parte de la Casa de Dios. A donde ha de llegar la familia completa, llenas del amor de Dios; que habiendo cumplido los mandamientos y leyes del Creador se han ganado la salvación.

En la segunda venida del Señor ¿como le presentarás a tu familia?

Más vale para su salvación que sea una familia unida y santificada.

Oración
“Oremos hoy por todas las familias del mundo para que logren responder a su vocación tal y como respondió la Sagrada Familia de Nazaret. Oremos especialmente por las familias que sufren, pasan por muchas dificultades o se ven amenazadas en su indisolubilidad y en el gran servicio al amor y a la vida para el que Dios las eligió”

(Juan Pablo II)

♫ Todo podría ser mejor si en fervor y en armonía las madres fueran como María y los Padres San José y sus hijos imitases a Jesús de Nazaret.♫

Si así fuera la paz se extendería en el mundo, cuando las familias eduquen con la Palabra de Dios entonces gozaremos de la paz y el mundo se salvará. Todos los males de hoy son producto de la educación que proviene de las familias, máxima institución educadora.

Las conductas de los hijos son responsabilidad de los Padres, la seguridad y el bienestar son responsabilidad de las familias de cada lugar y la PAZ es producto de aquello que hemos logrado todas las familias del mundo. Lo que los padres hacen frente a los hijos es imitado por éstos, así que cuando en nuestros hijos nos resultan conductas desagradables a los ojos de Dios no te preguntes:  Dios ¿Qué he hecho? ¿En qué me equivoqué? Mejor ocúpate de tomar la Biblia cada día y enseñarle con amor la Palabra de Dios contenida en ella.

El Libro de Proverbios y de Sabiduría contienen la Palabra de Dios que hace virtuoso al ser humano, en ellos encontramos cómo ser como hijos de Dios. En el Libro de Eclesiastés (Eclesiástico o Sirácides) Nos muestra advertencias ante nuestras conductas. Es un Libro que debe ser conocido por toda la familia. En él, se nos muestra el cap., 30 que nos dice a los padres cómo educar a los hijos. Desde mi punto de vista es un Libro que todo cristiano debe conocer para poder practicar sus enseñanzas.

Hoy lo hijos hacen lo que quieren, no obedecen, algunos les dan órdenes a los padres, se dejan controlar por ellos. Señores padres ¿Qué le dirás al Señor por la mala educación que le has dado a  tu hijo? ¿Cuál es la educación en la fe que le has dado? ocúpate ahora que ya es tarde de enderezar a tu hijo cual varilla de fierro, dale nueva forma, que quede como Cristo espera que le entregues ese fruto del trabajo de padres.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Visión del Nacimiento de Jesús


Según una visión dada a la Beata Catalina Emmerich
ALEMANIA, 1820

"He visto que la luz que envolvía a la Virgen se hacía cada vez más deslumbrante, de modo que la luz de las lámparas encendidas por José no eran ya visibles. María, con su amplio vestido desceñido, estaba arrodillada con la cara vuelta hacia Oriente. Llegada la medianoche la vi arrebatada en éxtasis, suspendida en el pecho. El resplandor en torno a ella crecía por momentos. Toda la naturaleza parecía sentir una emoción de júbilo, hasta los seres inanimados. La roca de que estaban formados el suelo y el atrio parecía palpitar bajo la luz intensa que los envolvía.

Luego ya no vi más la bóveda. Una estela luminosa, que aumentaba sin cesar en claridad, iba desde María hasta lo más alto de los cielos. Allá arriba había un movimiento maravilloso de glorias celestiales, que se acercaban a la Tierra, y aparecieron con claridad seis coros de ángeles celestiales. La Virgen Santísima, levantada de la tierra en medio del éxtasis, oraba y bajaba las miradas sobre su Dios, de quien se había convertido en Madre. El Verbo eterno, débil Niño, estaba acostado en el suelo delante de María".

"Vi a Nuestro Señor bajo la forma de un pequeño Niño todo luminoso, cuyo brillo eclipsaba el resplandor circundante, acostado sobre una alfombrita ante las rodillas de María. Me parecía muy pequeñito y que iba creciendo ante mis ojos; pero todo esto era la irradiación de una luz tan potente y deslumbradora que no puedo explicar cómo pude mirarla. La Virgen permaneció algún tiempo en éxtasis; luego cubrió al Niño con un paño, sin tocarlo y sin tomarlo aún en sus brazos. Poco tiempo después vi al Niño que se movía y le oí llorar. En ese momento fue cuando María pareció volver en sí misma y, tomando al Niño, lo envolvió en el paño con que lo había cubierto y lo tuvo en sus brazos, estrechándole contra su pecho. Se sentó, ocultándose toda ella con el Niño bajo su amplio velo, y creo que le dio el pecho. Vi entonces que los ángeles, en forma humana, se hincaban delante del Niño recién nacido para adorarlo. "

image

"Cuando había transcurrido una hora desde el nacimiento del Niño Jesús, María llamó a José, que estaba aún orando con el rostro pegado a la tierra. Se acercó, lleno de júbilo, de humildad y de fervor. Sólo cuando María le pidió que apretase contra su corazón el Don Sagrado del Altísimo, se levantó José, recibió al Niño entre sus brazos, y derramando lágrimas de pura alegría, dio gracias a Dios por el Don recibido del Cielo. "

"María fajó al Niño: tenía sólo cuatro pañales. Más tarde vi a María y a José sentados en el suelo, uno junto al otro: no hablaban, parecían absortos en muda contemplación. Ante María, fajado como un niño común, estaba recostado Jesús recién nacido, bello y brillante como un relámpago. "iAh, decía yo, este lugar encierra la salvación del mundo entero y nadie lo sospecha !"

"He visto en muchos lugares, hasta en los más lejanos, una insólita alegría, un extraordinario movimiento en esta noche. He visto los corazones de muchos hombres de buena voluntad reanimados por un ansia, plena de alegría, y en cambio, los corazones de los perversos llenos de temores. Hasta en los animales he visto manifestarse alegría en sus movimientos y brincos. Las flores levantaban sus corolas, las plantas y los árboles tomaban nuevo vigor y verdor y esparcían sus fragancias y perfumes. He visto brotar fuentes de agua de la tierra. En el momento mismo del nacimiento de Jesús brotó una fuente abundante en la gruta de la colina del Norte. "

"A legua y media más o menos de la gruta de Belén, en el valle de los pastores, había una colina. En las faldas de la colina estaban las chozas de tres pastores. Al nacimiento de Jesucristo vi a estos tres pastores muy impresionados ante el aspecto de aquella noche tan maravillosa; por eso se quedaron alrededor de sus cabañas mirando a todos lados. "

"Entonces vieron maravillados la luz extraordinaria sobre la gruta del pesebre. Mientras los tres pastores estaban mirando hacia aquel lado del cielo, he visto descender sobre ellos una nube luminosa, dentro de la cual noté un movimiento a medida que se acercaba. Primero vi que se dibujaban formas vagas, luego rostros, y finalmente oí cantos muy armoniosos, muy alegres, cada vez más claros. Como al principio se asustaron los pastores, apareció un ángel entre ellos, que les dijo: "No temáis, pues vengo a anunciaros una gran alegría para todo el pueblo de Israel. Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo, el Señor. Por señal os doy ésta: encontraréis al Niño envuelto en pañales, echado en un pesebre". Mientras el ángel decía estas palabras, el resplandor se hacía cada vez más intenso a su alrededor. Vi a cinco o siete grandes figuras de ángeles muy bellos y luminosos. Oí que alababan a Dios cantando:

"Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad". Más tarde tuvieron la misma aparición los pastores que estaban junto a la torre. Unos ángeles también aparecieron a otro grupo de pastores cerca de una fuente, al Este de la torre, a unas tres leguas de Belén. Los he visto consultándose unos a otros acerca de lo que llevarían al recién nacido y preparando los regalos con toda premura. Llegaron a la gruta del pesebre al rayar el a

ROSARIO A GUADALUPE

ROSARIO A NUESTRA SANTÍSIMA MADRE MARÍA DE GUADALUPE

Meditando las apariciones de la Virgen en el Tepeyac

LAS QUINCE PROMESAS DE LA VIRGEN MARÍA A QUIENES RECEN EL ROSARIO

1.- El que me sirva, rezando diariamente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.

2.- Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.

3.- El Rosario será un fortísimo escudo de defensa contra el infierno, destruirá los vicios, librará de los pecados y exterminará las herejías.

4.- El Rosario hará germinar las virtudes y también hará que sus devotos obtengan la misericordia divina; sustituirá en el corazón de los hombres el amor del mundo al amor por Dios y los elevará a desear las cosas celestiales y eternas. ¡Cuántas almas por este medio se santificarán!.

5.- El alma que se encomiende por el Rosario no perecerá.

6.- El que con devoción rezare mi Rosario, considerando misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá en muerte desgraciada; se convertirá, si es pecador; perseverará en la gracia, si es justo, y en todo caso será admitido a la vida eterna.

7.- Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin auxilios de la Iglesia.

8.- Quiero que todos los devotos de mi Rosario tenga en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia, y sean partícipes de los méritos de los bienaventurados.

9.- Libraré pronto del purgatorio a las almas devotas del Rosario.

10.- Los hijos verdaderos de mi Rosario gozarán en el cielo una gloria singular.

11.- Todo lo que se me pidiere por medio del Rosario se alcanzará prontamente.

12.- Socorreré en todas sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.

13.- Todos los que recen el Rosario tendrán por hermanos en la vida y en la muerte a los bienaventurados del cielo.

14.- Los que rezan mi Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.

15.- La devoción al santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación a la gloria.

aparicion3

Inicio: Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor Dios Nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Señor mío Jesucristo Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser tu quien eres y porque  te amo sobre todas las cosas me pesa en el alma haberte ofendido porque eres infinitamente bueno. Yo propongo firmemente enmendarme, confesarme a su tiempo, y cumplir la penitencia que me fuere impuesta por mis culpas. Te ofrezco mi vida obras y trabajos en satisfacción de mis pecados. Así como lo suplico, así confío en tu divina bondad y misericordia infinita que me perdonarás por los méritos de tu preciosa sangre, vida, pasión y muerte, y me darás gracia para no ofenderte más. Amén.

Guía: Abre Señor mis labios

Todos: Para alabar tu nombre y el de tu Santa Madre María de Guadalupe.

Guía: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo

Todos: Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén

ORACIÓN PARA OFRECER SACRIFICIOS

¡Oh Jesús, te ofrezco este sacrificio por tu amor, por la conversión de los pecadores y en solicitud de la Maternal protección de la Santísima Virgen María de Guadalupe para sus hijos mexicanos y para el mundo entero!

¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman! (Tres veces).

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido. Por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pecadores.

Guía: Ofrecemos el rezo de este Santo Rosario y la meditación de las apariciones de nuestra Santísima Madre de Guadalupe en el Tepeyac para solicitarle su protección, ayuda y el remedio a todos los males que oprimen a su pueblo mexicano.

MISTERIOS

Primer Misterio: La Virgen de Guadalupe trae un mensaje de paz y consuelo a su pueblo.
“Sabe y ten entendido, tú, el más pequeño de mis hijos, que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive; del Creador, en quien está todo; y es Señor del cielo y de la tierra. Deseo vivamente que se me erija aquí un templo para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, a todos los moradores de esta tierra; porque yo en verdad soy su madre compasiva, tuya y de todos los hombres que en esta tierra están, y de las demás variadas estirpes de hombres, mis amadores, los que a mí clamen, los que me busquen, los que confíen en mí, porque allí les escucharé su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores y para realizar lo que pretende mi compasiva mirada misericordiosa”.

Meditación: Confiados en tus palabras dichas a Juan Diego y que tomamos como promesa que derrama tu misericordia, te pedimos Santísima Madre tengas compasión de tu pueblo que gime de dolor y corras presurosa en nuestro auxilio y defensa para que remedies todos los males que nos aquejan: nuestras miserias, enfermedades, dolores; pero sobre todo esa falta de amor en nuestros corazones y que realices en nosotros lo que sea tu voluntad para Gloria e instalación del Reino de Dios en estas tierras y en el mundo entero. En tus benditas manos ponemos todas nuestras necesidades y aflicciones y nos ponemos confiados bajo tu Sagrado Manto.

Segundo Misterio: Juan Diego comparte a la Virgen su humildad y su pequeñez a los ojos de los hombres. “Mucho te suplico, Señora, niña mía, que alguno de los principales, conocido, respetado y estimado, le encargues que lleve tu mensaje para que le crean, porque yo soy un hombre de campo, soy mecapal, soy parihuela, soy cola, soy ala.”

Meditación: Madre te suplicamos que nos ayude a ser tan humildes de corazón como tu mensajero del Tepeyac, para que podemos ser tan obedientes como él lo fue e insistentes para llevar tus mensajes a nuestros hermanos para que todos practiquemos la humildad y sencillez con el prójimo y seamos también obedientes al Dios Verdadero, tu Santo Hijo.

Tercer Misterio: María de Guadalupe escogió a Juan Diego por su sencillez y obediencia y no por su sabiduría.
“Oye hijo mío, el más pequeño, ten entendido que son muchos mis servidores y mensajeros a quienes puedo encargar que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad, pero es muy necesario que tú personalmente vayas, ruegues que por tu intercesión se haga mi voluntad…y con rigor te mando que otra vez vayas a ver al Obispo y dile que yo, la Madre de Dios, te mando”

Meditación: Santísima Madre así como fue sencillo y obediente el más pequeño de tus hijos, tu instrumento; así queremos servirte fielmente, ser tan obedientes a tus mandatos para que vayamos las veces que sea necesario a insistir ante nuestros hermanos que Tú eres Madre del Dios que nos creó y que es urgente que vayamos a Ti para que nos conduzcas con Tu Divino Hijo. Te suplicamos nos ayudes a transmitir con insistencia la palabra de Cristo a los demás.

Cuarto Misterio: La Virgen María cura a Juan Bernardino como signo de que quiere salud y felicidad para su pueblo.

“Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige; no se turbe tu rostro,tu corazón; no temas a esa enfermedad ni alguna otra angustia. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo tu salud? ¿No soy, yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa? No te aflija ni te perturbe otra cosa, no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella. Está seguro de que ya sanó".

Meditación: Señora amada confiados en tu compasiva misericordia no tendremos más aflicción ante la enfermedad o tristeza pues Tú nos das alegría desde el momento que elegiste nuestra Patria para morar en ella. Solo te pedimos la salud para los enfermos que confían en tu maternal compasión, especialmente por los niños con enfermedades graves o de mucho cuidado como los que tienen cáncer, epilepsia, por los niños cristal y por los ancianos que están abandonados de sus familiares o conocidos y nos des siempre la salud para ir alegres a acompañar en la enfermedad, en la angustia y el dolor a los que podamos servir en Tu Nombre y en nombre de Dios.

Quinto Misterio: María nos deja su imagen para recordarnos su ternura, su amor y su constante protección.
Juan Diego trajo a la Señora del Cielo las diferentes rosas que fue a cortar; las que, así como las vio, cogió con sus manos y otra vez se las echó en el regazo diciendo: “Hijo mío, el más pequeño, esta diversidad de rosas es la prueba y señal que llevarás al obispo, le dirás en mi nombre que vea en ella mi deseo y que por ello realice mi querer, mi voluntad. Tú eres mi embajador, muy digno de confianza.”

Meditación: Dulce y tierna Madre, tanta misericordia para tus hijos de estas tierras nos halaga y llena de alegría porque no tan solo viniste a darnos consuelo en nuestros dolores y penas, sino que quisiste quedarte entre nosotros para siempre, para darnos más confianza, para estar muy cerca de nosotros como toda buena Madre pendiente de sus hijos más necesitados. Gracias por tan hermoso regalo Madre amorosa que tu bella imagen nos sirva siempre para ver en ella tus deseos y obedientes cumplirlos, como fieles servidores dignos de tu confianza y así saber escuchar y ayudar a nuestros hermanos.

Guía: Padre Nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu Voluntad, en la tierra como en el Cielo.

Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, asì como también nosotros perdonamos a todos los que nos ofenden, no nos dejes caer en tentación y líbranos de todo mal. Amén.

-10 Ave María

Guía: Dios te salve María llena eres de Gracia el Señor está contigo, bendita eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús.

Todos: Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte Amén.

Guía: Gloria al Padre, al Hijo y el Espíritu Santo

Todos: Como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos Amén.

-Guía: María Madre de Gracia y Madre de Misericordia

-Todos: En la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.

_Guía: Dulce corazón de María.

Todos: Sed la salvación del alma mía.

_Guía: Sagrado corazón de Jesús

Todos: en vos confío

-Guía: Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo

Todos: te pedimos perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.

Oh Jesús, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno y lleva al cielo a todas las almas, socorre especialmente a las más necesitadas de tu Divina Misericordia. Amén.

Guía: Mi corazón en amarte eternamente se ocupe

Todos: y mi lengua en alabarte Madre mía de Guadalupe.

Guía: Santa María de Guadalupe

Todo: Salva nuestra Patria y aumenta nuestra fe.

Al finalizar los cinco misterios:

Guía: Oh soberano santuario, Madre del Divino Verbo.

Todos: Libra Virgen del infierno a los que rezamos tu Santo Rosario.

Guía: Emperatriz poderosa, de los mortales consuelo.

Todos: ábrenos Virgen del Cielo, con una muerte dichosa y danos pureza de alma, Tú que eres tan poderosa.

Guía: Dios te salve María Santísima, Hija de Dios Padre, Virgen purísima antes del parto, en tus manos encomendamos nuestra FE para que la ilumines y crezca más cada día, llena eres de Gracia, el Señor es contigo, Bendita tú eres entre todas las mujeres y Bendito es el Fruto de tu vientre, Jesús.

Todos: Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte Amén.

Guía: Dios te salve María Santísima, Madre de Dios Hijo, Virgen purísima en el parto, en tus manos encomendamos nuestra ESPERANZA para que la alientes, llena eres de Gracia, el Señor es contigo, Bendita tú eres entre todas las mujeres y Bendito es el Fruto de tu vientre, Jesús.

Todos: Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte Amén.

Guía: Dios te salve María Santísima, Esposa de Dios Espíritu Santo, Virgen purísima después del parto, en tus manos encomendamos nuestra CARIDAD para que la inflames, llena eres de Gracia, el Señor es contigo, Bendita tú eres entre todas las mujeres y Bendito es el Fruto de tu vientre, Jesús.

Todos: Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte Amén.

Guía: Dios te salve María Santísima, Templo, Trono y Sagrario de la Santísima Trinidad, Virgen concebida sin la culpa original

Todos: Dios te salve Reina y Madre, Madre de Misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Dios te salve, a ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a ti suspiramos y gimiendo en este valle de lágrimas. ¡Ea!, pues Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y después de este destierro muéstranos a Jesús, Fruto Bendito de tu vientre, ¡Oh clemente! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce siempre Virgen María. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las divinas gracias y promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Letanías

Guía: Señor ten piedad de nosotros.

Todos: Señor ten piedad de nosotros.

Guía: Cristo ten piedad de nosotros.

Todos: Cristo ten piedad de nosotros.

Guía: Señor ten piedad de nosotros.

Todos: Señor ten piedad de nosotros.

Guía: Jesucristo, óyenos.

Todos: Jesucristo, óyenos.

Guía: Jesucristo, escúchanos

Todos: Jesucristo, escúchanos.

Guía: Dios Padre celestial

Todos: Ten piedad de nosotros.

Guía: Dios Hijo Redentor del mundo.

Todos: Ten piedad de nosotros.

Guía: Dios Espíritu Santo.

Todos: Ten piedad de nosotros.

Guía: Santísima Trinidad que eres un solo Dios.

Todos: Ten piedad de nosotros.

A cada invocación decir todos: ruega por nosotros

Guía:

Santa María

Santa Madre de Dios

Santa Virgen de las Vírgenes

Madre de Jesucristo

Madre de la iglesia

Madre de la Divina Gracia

Madre Purísima

Madre Castísima

Madre Virgen

Madre Inmaculada

Madre Amable

Madre Admirable

Madre del Buen Consejo

Madre del Creador

Madre del Salvador

Virgen Prudentísima

Virgen Venerable

Virgen Laudable

Virgen Poderosa

Virgen Clemente

Virgen Fiel

Espejo de Justicia

Trono de la Sabiduría

Causa de Nuestra Alegría

Templo del Espíritu Santo

Vaso Espiritual de Elección

Vaso Precioso de la Gracia

Vaso Insigne de Devoción

Rosa Mística

Torre de David

Torre de Marfil

Casa de Oro

Arca de la Alianza

Puerta del Cielo

Estrella de la Mañana

Salud de los enfermos

Reina de los Profetas

Reina de los Apóstoles

Reina de los Mártires

Refugio de los Pecadores

Consuelo de los Afligidos

Auxilio de los Cristianos

Reina de los Ángeles

Reina de los Patriarcas

Reina de los Confesores

Reina de las Vírgenes

Reina de todos los santos

Reina Concebida sin Pecado Original

Reina Elevada al Cielo

Reina del Santísimo Rosario

Reina de la Paz

Reina de Latinoamérica

Guía: Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo.

Todos: Perdónanos Señor.

Guía: Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo.

Todos: Escúchanos Señor.

Guía: Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo.

Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros

Bajo tu amparo nos acogemos Santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te hacemos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todos los peligros, ¡Oh Virgen Gloriosa y Bendita!

Ruega por nosotros Santa Madre de Dios para que seamos dignos de alcanzar las divinas gracias y promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Oh María, te pedimos de la fe santa el aumento, la exaltación de la iglesia, para el Papa Francisco fortaleza y mejor acierto, la Santificación de todos los sacerdotes, religiosos y misioneros; la unión de la Nación Mexicana y un gobierno justo, Que todos conozcamos a Dios, que el hereje vea sus yerros, ellos y todos los pecadores tengamos arrepentimiento verdadero. Que los cautivos cristianos sean libres del cautiverio. Que por tu infinita misericordia tengan salud los enfermos y que en el purgatorio logren las ánimas refrigerio. Y que este santo ejercicio tenga aumento tan completo en toda la cristiandad para que nos unamos al rezo del santo rosario que nos has dado con maternal dulzura uniéndonos a Ti en la gran batalla contra el enemigo para que venga el reino de Cristo Rey y que alcancemos por su medio el ir y alabar a Dios y gozar de su compañía en el cielo. Amén.

Guía: Ave María Purísima

Todos: sin pecado concebida

Ofrezcamos la Devoción de las Tres Ave Marías por las intenciones diarias del Papa, de Nuestro obispo (nombre), de los sacerdotes de nuestra Diócesis y los de nuestra parroquia.

"María Madre mía, líbranos de caer en pecado mortal.

1. Por el poder que te concedió el Padre Eterno haciéndote la más poderosa en el cielo y en la tierra, así también asístenos en la tierra para fortificarnos y apartar de nosotros toda potestad enemiga. Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
2. Por la sabiduría que te concedió el Hijo asístenos para llenar nuestra alma de las luces de la fe y de la verdadera sabiduría, para que no la oscurezcan las tinieblas del error y la ignorancia. Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
3. Por el Amor que te concedió el Espíritu Santo haciéndote tan amable que después de Dios eres la más dulce y misericordiosa, asístenos en la muerte y en la vida llenando nuestra alma de tal suavidad de amor divino, que toda pena y amargura se cambie para en delicias”. Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
¡Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén!"

Consagración al Inmaculado Corazón de María

“Hijos míos: consagraos totalmente a mí. Yo tomaré vuestras vidas en mis manos maternas y os enseñaré la paz y el amor, y entonces las entregaré a Mi Hijo.” María

Consagrémonos a su Inmaculado Corazón:

Con el corazón desbordante de alegría porque en el momento más doloroso de tu vida cuando perdías a Tu Hijo amado al pie de la Cruz por nuestros pecados, nuevamente dijiste Sí y aceptaste ahora la solicitud de Tu Hijo de tomarnos como Hijos Tuyos; me consagro servicial y amorosamente a tu Inmaculado Corazón, porque quiero así hacerlo por libre voluntad, porque creo en Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo y porque creo en Ti que eres Madre de Dios Hijo y Madre Nuestra, por amor de Jesús a nosotros que nos ama como hermanos. Me consagro con corazón sincero y te entrego mi voluntad para que guíes mis pasos y mis acciones, para que seas dueña absoluta de todo mi ser y hagas de mí lo que sea necesario para Gloria de Dios. Te consagro mi vida entera, a mi familia y a toda mi descendencia para que dispongas de ella a tu servicio. Te consagro a mi Patria y al mundo entero y te pido que ofrezcas a Tu Hijo todas mis oraciones, sacrificios y ayunos por la conversión de los pecadores que tanto ofenden a Tu Inmaculado Corazón y que siguen flagelando y crucificando a Cristo nuestro Redentor. Yo prometo ser siempre fiel a tus deseos y solo te pido fortaleza para no caer ante las dificultades y ayudarte en la batalla contra el maligno y todos sus agentes por medio del santo Rosario. Amén

Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor Dios Nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Mensaje de la Virgen María el 13 de mayo de 1990: –“La humanidad no ha acogido mi invitación maternal de volver al Señor por el camino de la conversión del corazón y de la vida, de la oración y de la penitencia…–Satanás ha sido el dominador indiscutible en los acontecimientos de este vuestro siglo, llevando a la humanidad entera al rechazo de Dios y de su Ley de Amor, difundiendo en todas partes la división y el odio, la inmoralidad y la maldad y haciendo legitimar en todas partes el divorcio, el aborto, la obscenidad y la homosexualidad, y el uso de todos los medios para impedir la vida.” La humanidad vivirá el momento de su gran castigo, será de este modo preparada para recibir al Señor Jesús, que volverá a vosotros en gloria.-… hoy, Yo desciendo todavía del cielo… para disponeros a vivir los acontecimientos que ya están a punto de cumplirse, para llevaros de la mano a recorrer el trecho más difícil y doloroso de este segundo adviento y para preparar las mentes y los corazones de todos a recibir a Jesús en el próximo momento de su retorno glorioso.”

RECORDEMOS que Jesús vino a salvarnos y ahora viene a gobernarnos, somos nosotros quienes hemos de hacer sacrificios para nuestra salvación. HAGAMOS EL ROSARIO tal como nos lo pide nuestra Madre y su hijo. “Hagan primerio el rosario de mi Santa Madre (mariano) e inmediatamente después el de mi preciosa sangre.

El himno que los mexicanos ofrecemos a nuestra Madre de los Cielos y Tierra. Madre del Dios Verdadero por quien vivimos.

 

 

 

domingo, 1 de diciembre de 2013

Adviento

Autor: Madre Adela Galindo, Fundadora SCTJM

Fuente:corazones.org

El Adviento es el comienzo del Año Litúrgico, empieza el domingo más próximo al 30 de noviembre y termina el 24 de diciembre. Son los cuatro domingos anteriores a la Navidad y forma una unidad con la Navidad y la Epifanía.

"Adviento" viene del latín adventus, que significa venida, llegada. El color usado en la liturgia de la Iglesia durante este tiempo es el morado que significa “espera”. El sentido del Adviento es avivar en los corazones de los creyentes la espera del Señor; el nacimiento del Redentor.

Es un tiempo importante y solemne, es tiempo favorable, día de salvación, de la paz y de la reconciliación, el tiempo del que estuvieron esperando y ansiando los patriarcas y profetas

Adviento es el tiempo de espera y preparación para las manifestaciones de Dios. El tiempo de gracia que el Señor ha determinado para la humanidad. Todos debemos tener una especial preparación: preparar el corazón para el evento que se espera, el nacimiento del Salvador.

Adviento es poner la mirada en el misterio de la Encarnación.
En el Evangelio de San Lucas, cuando el Señor anuncia el año de gracia, dice que "todos los hombres fijaron su mirada en El”: en medio de las grandes oscuridades del mundo, aparece su luz. "La palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, en ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no pudieron apagarla" (Sn. Jn. 1).

La historia de la salvación tiene en Cristo su punto culminante y su significado supremo. Él es el Alfa y el Omega, el principio y el fin. Todo fue creado por Él y para Él, y todo se mantiene en Él. Es el Señor de la historia y del tiempo. En Él, el Padre ha dicho la palabra definitiva sobre el hombre y la historia. (Tertio Millennio Adveniente # 5). Él es el mismo, ayer, hoy y siempre.

La encarnación es la revelación de Dios hecho hombre en el seno de María Santísima por obra del Espíritu Santo. Viene al mundo a través de Ella, prepara con una gracia excelentísima, única y singular, a Aquella que sería su Madre, su portadora, el canal privilegiado y la asociada por excelencia en la obra de redención.

Dios intervino en la humanidad a través de la mediación materna de María. Siempre será así. Es a través de Ella que viene el Redentor al mundo. Es Ella quien lo trae y presenta al mundo.

Por eso, no podemos fijar la mirada en la Encarnación del Verbo, sin contemplar necesariamente a la Virgen Santísima.

Ella es instrumento singularísimo en la Encarnación. Por su fiat Dios se hace hombre en Ella. San Bernardo dijo: "nunca la historia del hombre dependió tanto, como entonces, del consentimiento de la criatura humana".

En este tiempo de Adviento, en que fijamos la mirada en la Encarnación del Verbo, para prepararnos mejor a su manifestación, debemos contemplar a María, Aquella elegida para estar unida a este gran misterio.

"La alegría de la Encarnación no sería completa si la mirada no se dirigiese a Aquélla que, obedeciendo totalmente al Padre, engendró para nosotros en la carne al Hijo de Dios. Llamada a ser la Madre de Dios, María vivió plenamente su maternidad desde el día de la concepción virginal, culminándola en el Calvario a los pies de la Cruz".

Ella nos conduce a contemplar el Misterio de la Encarnación, pues es partícipe como nadie.

Ella nos dirige como la Estrella que guía con seguridad sus pasos al encuentro del Señor (Tertio Millennio Adveniente # 59). Ella la elegida para traer al Verbo, vive el Adviento, la espera del Salvador, nos enseña a abrir de par en par el Corazón al Redentor, como tanto nos ha pedido el Siervo de Dios Juan Pablo II. Como se espera con corazón abierto al Redentor. No podemos vivir plenamente el Adviento sin dirigir la mirada al primero y al personaje que lo vive. Ella es el corazón que ha sido preparado por Dios para esperar, para abrir el camino al Salvador.


El Adviento de María
El Señor quiso preparar el corazón de los justos del Antiguo Testamento con las condiciones necesarias para recibir al Mesías. Entre más estuvieran llenos de fe y confianza en las promesas recibidas, mas llenos de esperanza por verlas realizadas y mas ardieran de amor por el Redentor, mas listos estaban para recibir la abundancia de gracias que el Salvador traería al mundo. A medida que pasaba el tiempo, Dios iba preparando con mayor intensidad a su pueblo, derramando gracias, hablando, despertando mas el anhelo de ver al Salvador y levantando hombres y mujeres que prefiguraban a quienes estarían en relación directa con el Salvador en su venida.

¿Quien es la que ha esperado en perfección la venida del Salvador? La Virgen Santísima.
Toda esta preparación de Dios a su pueblo alcanza su culmen en la Santísima Virgen María, la escogida para ser la Madre del Redentor. Ella fue preparada por el Señor de manera única y extraordinaria, haciéndola Inmaculada. Tanto le importa a Dios preparar nuestros corazones para recibir las manifestaciones de su presencia y todas las gracias que Él desea darnos, que vemos lo que hizo con la Santísima Virgen María.

Ella, fue concebida inmaculada, sin mancha de pecado, sin tendencias pecaminosas, sin deseos desordenados, su corazón totalmente puro, espera, ansía y añora solo a Dios. Toda esa acción milagrosa del Espíritu Santo en ella tuvo un propósito, prepararla para llevar en su seno al Salvador del mundo. Eso es lo que requiere ser la Madre del Salvador.

Si entre mas fe en las promesas, mas esperanza en verlas realizadas y mas ardiente amor hacia el Salvador hacía a un corazón mas capaz de recibir al Señor, imagínense la intensidad de la fe, la esperanza y la caridad que residían en el corazón de María que lo hizo capaz de concebir en su seno al Hijo de Dios.

El Adviento de la Virgen María está marcado por las tres grandes virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad.

LA FE DE LA VIRGEN MARIA:

La Fe es la virtud por la cual creemos firmemente en las verdades que Dios ha revelado. "La fe es la garantía de los bienes que se esperan, la certeza de las realidades que no se ven" (Heb. 11,1).

La fe es una virtud infusa o sea dada por Dios directamente en el alma. Pero hay que alimentarla y hacerla madurar a través de nuestros actos de obediencia y confianza. Creer nunca ha sido fácil, ya que siempre implica una renuncia a las medidas propias para aceptar la medida de Dios, que es infinitamente superior a las nuestras.

La Virgen Santísima, tuvo una fe ejemplar. No ha existido criatura alguna que se pueda comparar a la fe de Nuestra Madre, ya que su vida requirió de su corazón una fe heroica capaz de poder responder en plenitud al misterio al cual se le llamó y en el cual siempre viviría.

Según el Evangelista San Lucas, la Virgen María se mueve exclusivamente en el ámbito de la fe.

La fe de María en la Anunciación:

Desde el saludo: "Ave, llena de gracia, el Señor está contigo" (Lc. 1,18), requiere fe pues el ángel le presentaba toda una identidad de la que ella no estaba consciente. Es por eso que leemos que María se turbó ante aquellas palabras. La razón es porque el ángel la invita a darse cuenta de lo privilegiada que había sido por Dios y de lo sublime que era la elección de Dios hacia ella. Solo la fe le permite aceptarse por lo que el ángel le dice que es en el plan de Dios: La llena de gracia. La fe de María la lleva a aceptar con humildad el misterio de su propio ser, ya que ella es situada en un lugar singular para una criatura humana.

Fe para creer que su Hijo, sería llamado hijo del Altísimo. El Dios hecho hombre, la Palabra encarnada.

La pregunta de María: "¿y cómo será esto pues no conozco varón?" no es una duda, o falta de fe, sino como muchos padres de la Iglesia concuerdan en decir, María aparentemente había hecho un voto de virginidad y aunque estaba desposada con José de hecho no intentaba romper su voto. Y es por eso la pregunta, pues ella debía oír de Dios como se daría esta concepción siendo ella virgen, ya que humanamente su maternidad era imposible. Pero es precisamente este camino de la imposibilidad el que Dios elige para demostrar que en realidad para Dios todo es posible.

La fe se convierte para María en la única medida para abrazar no solo su propio misterio, sino el de su mismo hijo: un puro don que Dios le ha dado no para su gozo o su exaltación, sino para el bien de todos.

Las palabras con que la Virgen María da su asentimiento: "Hágase en mi según su palabra", nos revelan la consciente aceptación de su función, ante el desafío de una realidad y de un conjunto de acontecimientos que están mas allá de la medida de la inteligencia, y los pensamientos humanos. Y esta respuesta solo la pudo dar un corazón lleno de fe.

"He aquí la esclava del Señor" esta es una profunda confesión de humildad y obediencia, pero sobre todo de confianza total en la palabra de Dios que, precisamente porque no encontrara el mas mínimo obstáculo o una sombra de vacilación en el corazón de María, se convertirá de manera absoluta en palabra creadora. ("la Palabra se hizo carne"). Ella creía tanto en la Palabra de Dios, que se hizo carne en su seno virginal. Si tuvieran fe como grano de mostaza, nos dijo el Señor, dirían a las montañas muévete y se moverían. Que clase de fe la de María Santísima que alcanzó ese inexplicable milagro: una concepción virginal....

San Agustín: "Ella concibió primero en su corazón (por la fe) y después en su vientre".

María escucha plenamente, acoge y medita dentro de su corazón, para dar fruto. Esta palabra, que requiere fe, disponibilidad, humildad, prontitud, es aceptada tal como se deben acoger las cosas de Dios. En María debemos reconocer las palabras de Jesús: "Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen" (Luc. 11,27) Por lo tanto, la maternidad de María no es solo ni principalmente un proceso biológico. Es ante todo el fruto de la adhesión amorosa y atenta a la palabra de Dios.

Cuando María dijo: "Hágase en mi según su Palabra", dio su consentimiento no solo a recibir al Niño, sino un sí a todo lo que conllevaba el ser la Madre del Salvador. Este consentimiento de María pone de relieve la calidad excepcional de su acto de fe. Fe: es ante todo conversión, o sea, entrar en el horizonte de Dios, en la mente de Dios, en los pensamientos de Dios y de sus obras.

En el Cántico del Magníficat: Isabel dice a la Virgen María: "Bienaventurada por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor" (Lc. 2:45), e inmediatamente después María responde a ese reconocimiento de su fe, con el cántico del Magníficat, que considero es un canto de fe profunda, que fluye de un corazón auténticamente humilde. Pues la fe solo nace en un corazón humilde y sencillo.

"Miró con bondad la humillación de su sierva" -Solo reconociéndose nada es que puede apreciar y a la vez necesitar fe para creer en las maravillas que Dios había hecho y haría con ella.

"En adelante me felicitaran todas las generaciones" -Fe de que la vida plena en Dios da frutos abundantes.

"El poderoso ha hecho grandes cosas en mi"  -Fe de que Dios interviene en la vida de sus hijos.

"Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que le temen". Y empieza a describir lo que por fe sabe que Dios hará con su pueblo.

En el nacimiento de Jesús

Todos los demás acontecimientos de la vida de María Santísima pueden comprenderse tan solo a la luz de la fe, que le hace palpar el sentido de las cosas y el signo de la presencia de Dios incluso en donde, humanamente, podía parecer que no había ningún sentido o que Dios se había ocultado de alguna manera.

Pensemos en la extrema pobreza....¿no era también una prueba para la fe de María, a quien el ángel había anunciado el nacimiento del Mesías, un Mesías Rey tan pobre que ni siquiera tenia casa propia y que recibía tan solo el homenaje de unos humildes pastores? ¿ En que consistía entonces ese reino que había mencionado el ángel? ¿No se habría engañado ella al interpretar esas palabras?

Las apariencias parecerían desmentir su fe; pero es por eso que "María guardaba todas las cosas en su corazón", porque quería a través de la fe descubrir la profundidad de las cosas y llegar incluso a creer con mas intensidad. Este guardar todas las cosas en su corazón, era una búsqueda honesta del sentido de los acontecimientos que ella se empeña en explorar porque esta segura de que Dios no puede haberla engañado ni puede dejarla desamparada.

María, peregrina en la fe según el Vaticano II

En el documento conciliar LUMEN GENTIUM capitulo VII, la Iglesia nos habla acerca de la fe de María Santísima.

1) Itinerario de Fe: Siguiendo a María a través de las diversas etapas de su itinerario terreno, se pone de manifiesto su constante y radical confianza en Dios.

-A pesar de que esto es fruto de la gracia, es al mismo tiempo obra de la colaboración propia de María con el plan de Dios. Los padres de la Iglesia nos enseñan que María no fue un instrumento pasivo en manos de Dios, sino que cooperó en la obra salvación del hombre con fe y obediencia libres.

San Ireneo: "creyendo y obedeciendo se hizo causa de salvación para si misma y para todo el genero humano".

"Lo atado por la incredulidad de Eva lo desató María mediante su fe. El nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María" (Lumen Gentium # 56)

-"Así avanzó también la Santísima Virgen en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz, junto a la cual, no sin un designio divino, se mantuvo en pie, sufriendo profundamente con su unigénito y asociándose con entrañas maternales a su sacrificio, consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado" (Lumen Gentium # 58)
2) La fe de María es modelo para la Iglesia: pues igual que María, la Iglesia tiene su propio itinerario, y es la fe la que guiara a la Iglesia por todos los instantes de su vida. ¿No fue acaso la fe de María la que pidió a su Hijo el milagro en Caná, a través del cual, los discípulos creyeron?

La fe de María fue la mas perfecta: las verdades sublimes le fueron presentadas y ella las acepto con prontitud y con constancia. Ella fue llamada a tener una fe difícil. Pues si es verdad que Dios hizo en ella "cosas grandes" (Lc. 1:49), no debemos olvidar que esto requirió que ella estuviera a la altura de esa dura tarea que se le fue confiada. Y la dificultad de su fe se refiere tanto a su maternidad divina y virginal, como a la capacidad de vivir y convivir permanentemente con el misterio de la persona de su Hijo y su plan de redención.

María creyó:

-Con prontitud: No dudo ni un instante. "hágase en mi según su voluntad".
-Con constancia: en las tantas pruebas y tribulaciones de su vida, su fe fue siempre fuerte y generosa. Como una roca en el medio del mar que las tormentas no pueden mover.

La esperanza de María:
"Bienaventurado el que espera en Yahveh" (Sal 33,9).

"Bienaventurado aquel cuya esperanza es Yahveh, su Dios" (Sal 146,5).

La esperanza es una virtud teologal nacida de la fe; la espera es una actitud vital nacida de la esperanza y del amor. "Esperar en"... es tener esperanza; "esperar o aguardar a".. es anhelar al que es objeto de nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor.

Por esto es que nadie espera si no cree: "Aguardando la bienaventurada esperanza" (Tito 2,13)
La esperanza se funda en un atributo de Dios; su bondad y su fidelidad a las promesas; la espera se refiere a un encuentro personal con el amado.

María esperó, en primer lugar, que, con la gracia de Dios, podía ser esposa virgen. Estaba ya desposada con San José y se mantenía firme en su propósito de no conocer varón. El Espíritu Santo, que la iluminó para mostrarle el camino de la vida consagrada a Dios, la fortaleció para confiar que pudrían unirse en su vida el ser verdadera esposa y el mantenerse siempre virgen. Y no fue defraudada en su esperanza: el mismo espíritu que a ella la guía por el camino de pureza inmaculada sembró en el corazón de San José, el varón justo, un amor tan casto que hizo posible un matrimonio virginal.

Cuando el ángel le revela los designios de Dios acerca de su maternidad por obra del ES, y no efecto de unión con ningún varón, María espera también, contra toda esperanza natural, que sin intervención humana se depositase en su seno la semilla de la vida, la encarnación del Verbo.

María advierte la angustia y la duda de su esposo San José al conocer de su embarazo. Ella pudo sencillamente manifestar a José el misterio que a Ella se le había revelado, con lo cual sus angustias hubieran desaparecido; pero ella prefería esperar en el plan perfecto de Dios y repetir como en el salmo 74: "Alzate, Oh Dios, y defiende tu causa". Por eso María callaba, oraba y esperaba en Dios. Y por su espera, un ángel se le aparece en sueños a José y le revela que María concibió por obra del ES y que el fruto de sus entrañas virginales seria el Salvador del mundo, el Emmanuel, el Mesías.

Esperando a Dios
Ya antes de que el arcángel la visitara en Nazaret, María esperaba como fiel israelita, con fe mesiánica, la venida del Redentor. Si las Escrituras nos dicen que Simeón "esperaba la consolación de Israel" y que José de Arimatea "esperaba el reino de Dios", podemos imaginarnos como María (la inmaculada) esperaba tan ardientemente al Mesías. Lo esperaba con tanta fuerza y anhelo que mereció ser la escogida para tenerle en su seno, siendo así la mas "bendita entre las mujeres".

Desde el momento que María dio su consentimiento al anuncio del ángel, Ella espera ver con sus propios ojos la plenitud de la promesa hecha por el ángel. Lleva en su corazón la expectación de tener a Dios hecho hombre en sus entrañas, su hijo ya presente dentro de ella. Es este precisamente el misterio del Adviento...esperar con alegría y añoranza la revelación del hijo de Dios. Es María quien inicia el Adviento, y es de Ella de quien la Iglesia aprende a esperar, a permanecer en ese estado de expectación. La Iglesia aprende de María Santísima a vivir el adviento.

A partir de aquel momento de la anunciación empezó en María una nueva espera. Ya estaba llena de Dios por dentro; pero quería estarlo también por fuera. Ya tenía al Verbo encarnado en su seno, pero quería tenerlo también en sus brazos y en su regazo. Ya le notaba en sus entrañas, pero ansiaba verle con sus ojos, oírle con sus oídos, besarle con sus labios, abrazarle con sus brazos, amamantarle con sus pechos.

Por eso María le esperaba con tan firme esperanza. Y a medida que se acercaba el día y la hora, aumentaba en María, el ansia y el deseo de la llegada del Mesías. Ni los mas arrebatadores anhelos de los místicos, cuando en su noche oscura esperan que el Señor se les revele, se puede comparar al anhelo de la espera de María en la noche de Belén.

Con un ardor inmensamente mas encendido, con una esperanza sin comparación mas firme, con un anhelo infinitamente mas vehemente, con un ansia indeciblemente mas sosegada, espero María la hora del alumbramiento.

"Los fieles, considerando el amor inefable con que la Virgen madre espero a su Hijo, están invitados a tomarla como modelo y a prepararse a salir al encuentro del Salvador que viene, velando en oración y
cantando su alabanza" (misal romano prefacio de Adviento)

Caridad:

Pero la espera de María no era egoísta, no se basaba en la expectación simplemente de su hijo, sino del Mesías, el Salvador del mundo, quien venia por amor a los hombres a salvarlos. Es por esto que desde el principio hasta el final, María tendrá siempre una disposición interior de caridad y pobreza: nunca poseyendo al hijo sino entregándolo. Por lo tanto, en su espera por el hijo que nacerá, ella esta consiente que vendrá para el mundo y no para que ella lo posea. Es por eso que vemos en las Escrituras que María, lo coloca en el pesebre y lo acuesta, en ves de estrecharlo para si.

La espera de María, el adviento de María, es también una preparación al sufrimiento, una preparación: para el rechazo, el establo, la pobreza, el martirio de los niños, la huida a Egipto sin saber cuando regresarían, para la perdida de Jesús en el templo hasta encontrarlo, para la separación a la hora de entrar en su vida publica, para recorrer al lado de su hijo el camino de la cruz, para esperar la Resurrección, para separarse de el en su Ascensión y esperar por el momento en que se reunieran en el cielo.

Toda esta esperanza de María la prepara para oír a Simeón quien le anunció que, por su unión a la misión redentora de Cristo, ella participaría de sus persecuciones, hasta el punto de que "una espada traspasaría su alma" (Luc. 2,35). Ella no se atemorizó ante esta profecía, puso en Dios su esperanza y, cuando llegaron las horas sombrías de Egipto, de Jerusalén y del Calvario, sostenida por la gracia del Señor, vio siempre que era verdad que Dios no desampara a los que esperan en El.

Y esta fe y esperanza de María que fluyen tan abundantemente de su caridad, la preparan para la gran noche del alumbramiento, la noche de Navidad, cuando el hijo de Dios y de María, nace en un establo de Belén en medio de vicisitudes, negaciones, rechazo, pobreza.....Su espera, su fe, su caridad, la hacen descubrir en esa noche fría y entre animales, la gran noche de la gloria de Dios, donde el Mesías nace para traer a los hombres la salvación.

Lucas 2,1,19,narra como sucede esta noche tan esperada por María, la noche en que daría a luz al redentor: "Salieron de Nazaret a Belén para responder a un censo ordenado por el emperador romano Cesar Augusto. No encontraron sitio de alojamiento. Se quedaron en un establo. Dio a luz a su hijo primogénito. Le envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre".

María, por su Fe creyó que detrás de la aparente orden del emperador estaba el designio de Dios. Pues Ella sabia que nada sucede sin que Dios lo permita. Había en este evento un designio mayor.

No es fácil para una mujer a punto de dar a luz el tener que hacer un viaje de esta magnitud. Era ir a pie o en burro. María nunca se queja de las vicisitudes del momento.

Cuando José y María buscaban albergue en alguna casa de Belén...Todos le cerraron las puertas y María tuvo que dar a luz en un establo. ¡Imagínense!...cuantas personas que no abrieron las puertas de su casa a María perdieron la gracia, la bendición de que Jesús naciera en sus hogares.

El aceptar a María Santísima era aceptar a Jesús. Abrir la puerta a María Santísima, significaba abrirle la puerta a Jesús...porque la Misión de María es darnos a Jesús, es dar a luz a Jesús en nuestros corazones.

Qué puede decirnos la Virgen Santísima si San Pablo nos narra en Galatas 4:19 'hijos míos, por quienes sufro dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros".

¡Como debe sufrir Ella!

El establo era un sitio para animales, quizás para los limosneros, y pensar que un establo sucio y de mal olor fue donde el Rey de Reyes nació. Me pregunto que habrá sentido la Virgen. Yo estoy casi segura que en todo el camino ella iba orando, pidiéndole al Padre Celestial que proveyera por un lugar para ellos y para que el Mesías, el Hijo de Dios pudiera nacer. La fe de María le hacia ver que la puerta que Dios Padre abriera era la que en su plan perfecto debía ser: y el regalo de providencia de Dios fue un establo. !Feliz la que ha creído que de cualquier manera se cumplirían las promesas del Señor! María no tiene expectaciones propias, Ella espera en el Señor. María es la perfecta solidaria para con aquellos que viven en espera de la providencia de Dios"

En Belén experimentó María lo que es ser pobre y carente de fortuna con todas sus consecuencias: por casa tuvo una cueva; por cuna para su Hijo Divino, un pesebre; por tibio ambiente de hogar, el frío tajante de la noche; por compañía, según la tradición, dos animales de establo. Por eso la Navidad es un evento de pobreza y para los pobres de espíritu y de materia. Debemos vivir la Navidad no solo celebrarla. Vivirla es encarnar en nosotros lo que paso en ese evento. Es por eso que la Navidad debe ser mas que nunca un momento de abrir nuestros corazones y nuestras casas a los necesitados.

Tuvo su hijo y lo colocó en el pesebre. El primer impulso de una madre es estrechar a su hijo hacia si. María lo pone en el pesebre. Este es su papel, dar a su hijo al mundo, colocarlo en el pesebre frío de los corazones humanos. Eso es lo que Ella ha hecho desde el nacimiento de Jesús, entregarnos a su hijo.
Los pañales: cuidados propios de una madre. Jesús dependía de su madre en todo. Ella lo alimento, lo limpió, lo cuidó, lo envolvió. La gran pregunta: Si Dios Padre entregó a su Hijo al cuidado de María, si Dios hecho hombre, depende de María y de sus cuidados maternales, ¿como es posible que nosotros no busquemos a esta Madre, para que lo que Ella hizo en y por Jesús, lo haga hoy en nosotros?. ¿Por que nos cuesta tanto depender de María, si Jesús dependía de Ella?

Los Pastores: (son los sencillos los que ven primero a Dios)

A ellos se les anunció que el salvador ya había llegado.

La señal sería: un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. (Este acto tan insignificante realizado por María, se convierte en la señal por la que identificarían a Jesús, esto nos enseña que todo lo que María hace es para hacernos mas fácil el encuentro con Cristo. Ella nos prepara el camino, para que podamos mas rápidamente reconocer al Salvador).

Veamos también como al Salvador se le encuentra en lo pequeño.
Encontraron al niño al lado de María. Siempre la madre junto a su hijo. Donde esta María ahí esta Jesús y donde esta Jesús ahí María.

"María está tan unida a Cristo que sería mas fácil separar la luz de el mismo sol, el calor del fuego, los santos de Dios pero no a María de su Hijo querido." (San Luis María Grignión de Monfort)

"No hay lugar donde nosotros, criaturas débiles, encontremos a Jesús mas cercano a nuestra debilidad, que hecho niño en los brazos de Su Madre " (San Luis María Grignión de Monfort)

San Antonio -Doctor de la Iglesia . Ser doctor de la Iglesia significa que su doctrina debe ser aceptada por todos los fieles y ensenada en toda la Iglesia. El dijo: "OH mi adorado Jesús, ¿donde debo buscarte?, ¿donde te encontraría?, ¿donde vives y descansas? Y el mismo se responde: en María.

ORACIÓN DE JUAN PABLO II

Ruega por nosotros, Madre de la Iglesia.
Virgen del Adviento,
esperanza nuestra, de Jesús la aurora,
del cielo la puerta.

Madre de los hombres, de la mar estrella,
llévanos a Cristo, danos sus promesas.

Eres, Virgen Madre, la de gracia llena,
del Señor la esclava, del mundo la Reina.
Alza nuestros ojos, hacia tu belleza,
¡Amen!

sábado, 23 de noviembre de 2013

Quinto Misterio: Cristo Rey en la Cruz

Autor: Fr. Carlos Lledó López O.P.

Meditamos el quinto misterio doloroso del Rosario: Cristo en la Cruz. El trono de la Cruz es la expresión suprema de la realeza de Cristo. Con María, adoramos a Cristo Rey del Universo.

PRIMERA LECTURA. Libro segundo de Samuel 5, 1-3.

La figura de David.

La lectura del segundo libro de Samuel presenta la figura de David ungido como rey por Samuel. Por virtud divina, el pastor de ovejas se convierte en pastor de pueblos. Las tribus de Israel salen al encuentro de David y le dijeron: Hueso y carne tuya somos. Tú diriges las entradas y salidas de Israel.

Se cumple la promesa del Señor cuando dice: Tú serás el pastor de mi pueblo, Israel, tú serás el jefe de Israel. El rey David hizo un pacto con su pueblo de paz.

clip_image002

Preanuncio de la realeza de Cristo.

Las cualidades de la realeza de David preanuncian las de Cristo, Rey del universo. Cristo será el Ungido del Padre para ser Rey de lo visible e invisible. Cristo será constituido Pastor universal por encima del tiempo y de todas las generaciones. La promesa salvífica del Padre se cumple por medio del Hijo que firma un pacto con su pueblo: la Nueva Alianza en su sangre.

Nuestra actitud.

Nos acercamos a Cristo para reconocerlo como Rey y Dueño de nuestras personas y actividades. Él nos da, la fortaleza que necesitamos para ser fieles a nuestra vocación y misión. El guía nuestros pasos por el camino de la santificación. Somos de Cristo. Pertenecemos a Él porque nos ha conquistado al precio de su sangre en el trono de la Cruz.

Invocación mariana.

Santa María: eres Reina porque participas de la realeza de tu Hijo. Reina totalmente entregada a la misión redentora. Enséñanos a ser súbditos fieles de tu hijo y a vivir totalmente entregados a las exigencias del Reino.

SEGUNDA LECTURA. Colosenses 1, 12-20.

Cristo Rey eterno.

Siguiendo la enseñanza de San Pablo, adoramos a Cristo porque es nuestro Rey. Su realeza es eterna. No es comparable con la realeza de este mundo. Cristo es anterior a todo y todo se mantiene en Él, porque es Hijo del Padre desde toda la eternidad. Es Dios como el Padre. Todo ha sido hecho por Él.

Cristo Rey, cabeza de la Iglesia.

Cristo Rey es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Por eso, es Rey de la gracia y la santificación. Es el primero en todo, porque en Él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Es el Rey que reconcilia consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz".

clip_image004

Participamos de la realeza de Cristo.

Nosotros participamos de la realeza de Cristo por la consagración bautismal y somos introducidos en la comunión con el Padre, y el Hijo y el Espíritu Santo. Somos de Dios porque somos de Cristo. Tratemos de comportarnos como súbditos fieles de Cristo.

Invocación mariana.

Santa María: te contemplamos coronada como Reina por Cristo tu Hijo en el quinto misterio glorioso del Rosario. Eres nuestra Reina. Queremos ser totalmente tuyos como la mejor manera de ser de Cristo y de la Iglesia.

TERCERA LECTURA. San Lucas 23, 35-43.

El trono del Rey.

El evangelista San Lucas nos conduce al Calvario, hasta Cristo clavado en la cruz. Paradójicamente, la cruz es el trono de Cristo. Su pasión y muerte, el acto supremo de su realeza. En el Calvarlo, se revela, en plenitud, que Cristo es nuestro Rey y Dueño de todas las cosas.

El mundo no entiende que la realeza de Cristo alcance su momento cumbre en la cruz. No lo entendían, por ignorancia, los que lo crucificaron burlándose de Él. Tampoco lo entendía uno de los malhechores crucificado junto a El. El otro, recibió el don de la conversi6n y la fe. Corregía al compañero y suplicaba a Jesús: Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. Jesús le respondió: Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.

clip_image006

Nuestra actitud.

Nosotros queremos aceptar a Cristo en el trono de la Cruz, como a nuestro Rey. Lo adoramos y nos comprometemos a vivir como súbditos suyos.

Invocación mariana.

La Virgen María participa privilegiadamente de la realeza de Cristo cuando está junto a la cruz (Cf. Jo. 19.25). Enséñanos, Madre, a ser totalmente de Cristo-Rey, fieles a su verdad, entregados a las exigencias de su amor, por medio de la Iglesia.

domingo, 17 de noviembre de 2013

ROSARIO DE LA MEDALLA MILAGROSA.

SANTO ROSARIO DE JACULATORIAS DE LA MEDALLA MILAGROSA.

clip_image002

Por la señal de la Santa Cruz...

Felicitemos a la Santísima Virgen por el singular Privilegio de su Concepción Inmaculada

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea.
Pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.
A ti celestial Princesa, Virgen sagrada María
Te ofrezco, en este día, alma, vida y corazón.
Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía.

Atendiendo el deseo de la Virgen Santísima Milagrosa recemos con confianza y fervor las siguientes Oraciones...

1ª INVOCACIÓN: Madre mía amantísima, Santísima Virgen de la Medalla Milagrosa, en todos los instantes de mi vida acuérdate de mí, miserable pecador.

Padre nuestro

Decir 10 jaculatorias:

GUÍA: ¡OH MARÍA SIN PECADO CONCEBIDA

TODOS: RUEGA POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A TI!

Gloria

2ª INVOCACIÓN: Acueducto de las divinas gracias, Santísima Virgen de la Medalla Milagrosa, concededme abundancia de lágrimas para llorar mis pecados.
3ª INVOCACION: Reina de cielos y tierra, Santísima Virgen de la Medalla Milagrosa, sed mi amparo y defensa en las tentaciones de mis enemigos.
4ª INVOCA CIÓN: Inmaculada, Santísima Virgen de la Medalla Milagrosa, alcanzadme de vuestro Santísimo Hijo las gracias que necesito para mi salvación.
5ª INVOCACIÓN: Abogada y refugio de nosotros pobres pecadores, Santísima Virgen de la Medalla Milagrosa, asistidme en el trance de la muerte y abridme las puertas del cielo.
PEDIDO DE GRACIA Y FINAL: Santísima Virgen  te agradecemos las gracias que hemos obtenido por tu misericordiosa intercesión y te suplicamos nos ayudemos a alcanzar de Tu Divino Hijo Jesús la gracia de...(petición)

Ruega por nosotros Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar y gozar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

ORACIÓN
Señor nuestro Jesucristo, que quisisteis honrar con innumerables milagros a vuestra Madre la beatísima Virgen María, inmaculada desde el primer instante de su concepción, concédenos que, implorando siempre su patrocinio, consigamos los goces eternos. Por Jesucristo nuestro Señor. Así sea.

SÚPLICA DE SAN BERNARDO
Acudamos a la maternal protección y amparo de la Santísima Virgen con la siguiente súplica (de San Bernardo):

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro, hayan sido abandonados de Vos. Animado con esta confianza, a Vos también acudo, ¡oh Virgen Madre de las vírgenes!, y, aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. No desechéis, ¡oh purísima Madre de Dios!, mis humildes súplicas, antes bien escuchadlas y atendedlas favorablemente.

LA SALVE REZADA 0 CANTADA

Dios te salve Reina y Madre, Madre de Misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Dios te salve, a ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a ti suspiramos y gimiendo en este valle de lágrimas. ¡Ea!, pues Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y después de este destierro muéstranos a Jesús, Fruto Bendito de tu vientre, ¡Oh clemente! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce siempre Virgen María. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las divinas gracias y promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Oh Virgen Inmaculada, sabemos que siempre y en todas partes estás dispuesta a escuchar las oraciones de tus hijos desterrados en este valle de lágrimas, pero sabemos también, que tienes días y horas en los que te complaces en esparcir más abundantemente los tesoros de tus gracias. Y bien, oh María, henos aquí postrados delante de Ti, justamente en este día y hora bendita, por Ti elegida para la manifestación de tu Medalla. Venimos a Ti, llenos de inmensa gratitud y de ilimitada confianza en esta hora por Ti tan querida, para agradecerte el gran don que nos has hecho dándonos tu imagen, a fin que sea para nosotros testimonio de afecto y prenda de protección. Te prometemos, que según tu deseo, la santa Medalla será el signo de tu presencia junto a nosotros, será nuestro libro en el cual aprenderemos a conocer, según tu consejo, cuánto nos has amado, y lo que debemos hacer para que no sean inútiles tantos sacrificios tuyos y de Tu Divino Hijo. Sí, Tu Corazón traspasado, representado en la Medalla, se apoyará siempre sobre el nuestro y lo hará palpitar al unísono con el tuyo. Lo encenderá de amor a Jesús y lo fortificará para llevar cada día la cruz detrás de Él.

Ésta es tu hora, oh María, la hora de tu bondad inagotable, de tu misericordia triunfante, la hora en la cual hiciste brotar, por medio de tu Medalla, aquel torrente de gracias y de prodigios que inundó la tierra. Haz, oh Madre, que esta hora que te recuerda la dulce conmoción de Tu Corazón, que te movió a venirnos a visitar y a traernos el remedio de tantos males, haz que esta hora sea también nuestra hora, la hora de nuestra sincera conversión, y la hora en que sean escuchados plenamente nuestros votos.

Tú, que has prometido justamente en esta hora afortunada, que grandes serían las gracias para quienes las pidiesen con confianza: vuelve benigna tu mirada a nuestras súplicas.

Nosotros te confesamos no merecer tus gracias, pero, a quién recurriremos oh María, sino a Ti, que eres nuestra Madre, en cuyas manos Dios ha puesto todas sus gracias? Ten entonces piedad de nosotros. Te lo pedimos por tu Inmaculada Concepción, y por el amor que te movió a darnos tu preciosa Medalla. Oh Consoladora de los afligidos, que ya te enterneciste por nuestras miserias, mira los males que nos oprimen.

Haz que tu Medalla derrame sobre nosotros y sobre todos nuestros seres queridos tus benéficos rayos: cure a nuestros enfermos, dé la paz a nuestras familias, nos libre de todo peligro. Lleve tu Medalla alivio al que sufre, consuelo al que llora, luz y fuerza a todos. Especialmente te pedimos por la conversión de los pecadores, particularmente de aquéllos que nos son más queridos. Recuerda que por ellos has sufrido, has rogado y has llorado. Sálvanos, oh Refugio de los pecadores, a fin de que después de haberte todos amado, invocado y servido en la tierra, podamos ir a agradecerte y alabarte eternamente en el Cielo. Amén

Gloria.

Se reza a las 5 de la tarde del 27 de Noviembre, Fiesta de la Medalla Milagrosa, y en las necesidades urgentes, cualquier día, a esa hora.

RECUERDA: Por no cumplir los deseos de Nuestra Madre María de que se rezara el rosario cuando lo pidió a los videntes de Fátima ahora nos dice que debemos hacerlo todos los días.

Cualquier rosario es muy prontamente escuchado por Nuestra Madre si es rezado por los niños y niñas. Si ellos lo hacen más pronto vendrá la paz y se instalará el reino de Dios.