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jueves, 3 de julio de 2014

Nuestra Señora del Refugio de Pecadores

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Fiesta 4 de julio

 

Nuestra Señora del Refugio de Pecadores (4 de julio) "Yo soy la Madre de los pecadores, a condición de que se arrepientan" Una de las advocaciones más veneradas de la Santísima Virgen, como Abogada, Auxiliadora y Mediadora ante Cristo Nuestro Señor, es la de Nuestra Señora del Refugio de Pecadores, coronada con ese nombre el 4 de julio de 1719. En Zapopan Jalisco se encuentra una capilla dedicada a esta advocación Mariana.

 

Este mes de la Sangre de Cristo arrepintámonos de nuestros pecados  y pidamos a nuestra Madre de los pecadores que nos ayude a ser fuertes para no volver a pecar. Pero sobre todo pidamos perdón a Dios por todas las ofensas que cometemos en su contra y que causan mayor dolor a su sacratísimo Corazón.

Santo Tomás

(Martirio 3 de julio del año 72)

imageTomás se negó a creer en la resurrección de Jesús: "Si no veo en sus manos la huella de los clavos y pongo el dedo en los agujeros de los clavos y si no meto la mano en su costado, no creeré". Ocho días más tarde, cuando Jesús se encontraba con los discípulos, se dirigió a Tomás y le dijo: "Pon aquí tu dedo y mira mis manos: dame tu mano y ponla en mi costado. Y no seas incrédulo, sino creyente." Tomás cayó de rodillas y exclamó su confesión de fe: "Señor mío y Dios mío!" Jesús replicó: "Has creído, Tomás, porque me has visto. Bienaventurados quienes han creído sin haber visto."

 

Cuando Tomás le pregunta al Señor, a quién acaba de reconocer que es Dios, Jesús, el Maestro y Mesías: “Señor, no sabemos a dónde vas,  ¿cómo podemos saber el camino?”  Jesús le contesta al mismo tiempo que le revela “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”.

Dios permite que después de incredulidad de Tomás también nosotros aprendamos a creer en Él, sin que tengamos que comprobar como Santo Tomás que verdaderamente Jesús es Dios resucitado. Y es a través de este mismo apóstol que nos da la dirección y nos saca de la duda: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”. ¿Qué debemos hacer entonces? Creer en Dios, creer que existe y que cumplirá todo lo que Él nos dejó dicho. Creer que para ir a Dios Padre solo es a través de sus enseñanzas, pues Él es la verdad y es quien nos da la vida con su propia vida.

Santo Tomás nos enseña también a adorar al Señor que ha resucitado que dio la vida por nosotros: "Señor mío y Dios mío!"  Jesús es digno de ser adorado y sobre todo consolado, amado y no volver a flagelarlo ni a crucificarlo con nuestros pecados. Jesús es ahora digno de que nos mantengamos limpios, sin mancha alguna pues Él ha limpiado todos nuestros pecados con su Preciosa Sangre. Este mes de Julio que es de la sangre de Cristo es momento de demostrar, a imitación de Santo Tomás cuánto adoramos al cordero inmolado adorándolo en las parroquias con las oraciones que Jesucristo Agonizante reveló al nigeriano Bernabé y que están en el Devocionario de la Sangre de Cristo donde pide que lo adoremos, lo consolemos y hagamos reparación por nuestros pecados y entonces podamos decir como este Santo: "Señor mío y Dios mío!"

Santo Tomás es patrono de los arquitectos, constructores, jueces, teólogos y de las ciudades de Prato, Parma y Urbino en Italia.Jesús murió en la cruz ir salvarnos y eso merece la adoración y la obediencia a Jesús:

miércoles, 2 de julio de 2014

Llamados de Jesucristo

¿Qué nos dice Jesús en cada llamado angustioso?

PRIMER LLAMADO ANGUSTIOSO

“¿Dónde estás, hijo Mío? ¡Tu Señor te busca…! ¡Ven a Mí! ¡Ven, acércate más y escucha Mi angustioso llamado!
Hijo Mío, había una vez un Hombre que tenía muchas ovejas…, las cuidaba y pastoreaba bien. Cuando tenía sed, las conducía a un manantial de agua fresca para que pudieran satisfacer su sed. No permitía que pasaran hambre. Las llevaba a verdes praderas. Ellas comían y engordaban y se fortalecían. El hombre fortificó la tierra donde pastaban para que ningún lobo entrara y dañara el rebaño.
Un día las ovejas planearon una rebelión, y a la fuerza escaparon del campo y se adentraron en el bosque. Allí fueron capturadas por animales salvajes. Eran como esclavas sin esperanzas. Sus cuerpos y sangre eran utilizados para festivales y sacrificios de animales a sus dioses.
A pesar de todo esto, el Hombre no se olvidó de su rebaño. Envió a sus sirvientes, y a todos los mataron. Por último, envió a Su Hijo, Quien al fin ganó la batalla.
Hijo, ¿qué piensas que hará el Padre del Hijo del Hombre cuando se entere de la muerte de Su Hijo?
Hijo, ustedes son el rebaño. Mi Padre es el dueño del rebaño, Quien envió muchos profetas a Su pueblo que vivió en un desierto terrible. Yo soy el Hijo, a Quien ustedes persiguieron y mataron. ¿Qué les he hecho? A pesar de todos vuestros pecados, Mi Padre aún los está llamando para que regresen a Él, pero ustedes no prestan atención a Su llamado.

Jesucristo Agonizante nos busca porque nosotros nos hemos alejado de Él, nos hemos olvidado de Él: no vamos a su casa, pocas veces vamos a misa, no lo invocamos a diario ni mucho menos le agradecemos lo que nos da. Con Abraham Dios hizo una promesa que fue heredada a Isaac, hijo de Abraham. Isaac heredó la promesa a Jacob a quien Dios llamó Israel y sus doce hijos fueron herederos de la tierra y descendencia numerosa. Todos ellos gozaron del agua fresca del manantial, de verdes praderas. Los israelitas fueron obedientes a Dios, después algunos se rebelaron y quisieron hacer las cosas sin Dios. Dios les envió jueces y profetas a quienes mataron y se siguieron alejando de Dios hasta que El quiso renovar su alianza con los descendientes de Abraham y nos envió a su Hijo Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre quien por nuestros pecados fue crucificado. Jesucristo nos conoce como grandes pecadores y aún así nos perdona y nos pide que regresemos a Dios Padre. Nos confirma que Dios nos ama, nos perdona y nos quiere de regreso.

No cometamos el error de ponernos sordos a ese llamado de Nuestro Padre Celestial, vayamos a Él, caminemos hacia Él. Leamos la Sagrada Escritura para conocer a Dios y sobre todo aprender a ser obedientes como lo fue María y Jesús. Escuchemos la palabra de Dios en la voz de nuestros sacerdotes y cumplamos los mandamientos que el Señor nos dejó muy bien explicados. Regresemos a Dios.

 

SEGUNDO LLAMADO ANGUSTIOSO
“Hijo Mío, acércate a Mí, escucha MI angustioso llamado. Por amor a ti ofrezco Mi Cuerpo como sacrificio vivo, Pan de Vida para todos los hombres. Mi Sangre, Preciosa Bebida, Bebida de los Ángeles del Cielo, entregada con amor a los hombres.
Hijo Mío, permanezco por ti en el Sacramento del Amor…, esperando pacientemente por ti en el Tabernáculo, donde estoy prisionero por ti. Tú raras veces te acercas a Mí, porque no te acuerdas de Mí, que estoy prisionero por ti.
Hijo Mío, Mi agonía es grande cuando veo la frialdad, la indiferencia y la negligencia con que te acercas a la Santa Trinidad, cuya Presencia llena el Santuario Santo. Yo estoy aquí, hijo Mío… Yo estoy aquí en plenitud. Teme la Presencia de tu Dios. Acércate con respeto y reverencia. Hijo Mío, ¿sabes tú lo que sufro cuando entro en el santuario de tu corazón a través de la Sagrada Comunión? Tus pecados me amarran y me flagelan sin misericordia. En tu corazón no hay nadie que Me consuele. Luego de haberme flagelado insensiblemente, Me arrastras fuera y cierras con llave la puerta de tu corazón con iniquidad. Esto es lo que Me haces con tu vida de pecado. Yo Soy el Pan de Vida para todos los hombres que me reciben en estado de santidad. Vengo a darles vida, no muerte. Limpia las iniquidades de tu corazón. Ábreme la puerta de tu corazón. Haz de tu corazón un tabernáculo de consuelo para Mí.
Hijo, que Yo viva en tu santuario de una Comunión a otra. ¡Acógeme, hazme sentir bienvenido!
Hijo Mío, todos los que Me acogen, acogen a Mi Padre y al Espíritu Santo que viven en Mí. Todos los que Me rechazan, ¡rechazan a la Santísima Trinidad!
Hijo, aun cuando otros Me rechacen, haz de tu corazón un tabernáculo de consuelo para Mí.
¡Yo Soy Jesucristo Agonizante, llamándote para que REGRESES!”

Cristo nos insiste en regresar a Dios. El crucificado que quiso quedarse con nosotros para alimento nuestro como pan y vino: sagrada Eucaristía! Nos espera en la Hostia Divina, alimento para nuestro espíritu, encerrado en el Sagrario y no vamos a misa para comer del cuerpo ni beber de la sangre de Cristo, ahí lo dejamos encerrado. En ese Hostia esta la Santísima Trinidad a la que no respetamos ni amamos como Dios Hijo nos lo indicó. Cristo Eucaristía está ahí esperándonos  para entrar en nuestra boca, en nuestro cuerpo, libre de pecado para sentirse amado, bien recibido. Muchas veces vamos y comemos del cuerpo y la sangre de Cristo llenos de pecado, pensamos que el sacerdote ni cuenta se da si ya nos confesamos, si somos dignos de comer del cuerpo y beber la sangre de Cristo. Más no recordamos que Dios está mirándonos día y noche y sabe de nuestros pecados y si entra su cuerpo en nuestra boca y tenemos pecado lo flagelamos, lo torturamos y ahí es donde se da cuenta por segunda vez que estamos llenos de pecados. A Dios no podemos engañarlo. Cristo quiere que nos confesemos cada vez que cometamos pecado pero sobre todo que no volvamos a pecar porque si pecamos a cada rato y a cada rato nos confesamos le estamos mostrando que no lo respetamos, que no valoramos el sacrificio de su crucifixión. Le mostramos frialdad y que no creemos verdaderamente en Él que solo nos confesamos a cada rato para “cumplir” con una confesión que no es verdadera pues no hay verdadero arrepentimiento.

“quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente será reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe su propio veneno y le aplasta un gran castigo. Por eso hay muchos enfermos  y muchos han muerto.” (1 Co 11, 27-30).

No tomemos a Dios en vano y hagamos una buena confesión, tengamos verdadero arrepentimiento de nuestros pecados y sobre todo NO VOLVAMOS A PECAR. Cristo nos insistir en regresar a Dios Padre, acudamos a su llamado.

TERCER LLAMADO ANGUSTIOSO
“Hijo Mío: Yo estoy en tu corazón, un Getsemaní solitario donde estoy velando y nadie viene a velar Conmigo, ni siquiera por una hora. Te prefieres ir tras la posesión de bienes terrenales, aun a riesgo de tu perdición, dejándome sufrir solo.
El enemigo se aproxima rápidamente…, está conquistando terreno para ganar muchas almas, mientras tú duermes.
Hijo, ¿no puedes levantarte y velar Conmigo siquiera una hora? Yo estoy en el santuario de tu alma, un Getsemaní solitario, esperando que vengas. Muchas almas, muchas almas van al infierno a causa de los pecados de la carne. Hijo, mira cómo tú conduces muchas almas a la perdición a través de tu forma de vestir. Yo Soy Aquél a Quien tú expones desnudo públicamente.
Hijo, consuélame. Hijo, ten misericordia de Mí.
¡Nunca debe un hombre imitar a una mujer! ¡Nunca debe una mujer imitar a un hombre! Sé tal como Yo te hice, hijo; sé tal como Yo te hice. Te digo, aléjate de esta moda mundana. Ese es el plan del enemigo: destruir el templo del Espíritu Santo que es tu cuerpo. Vive una vida modesta.
Mi hijo amado, porque te amo y deseo que me muestres amor, te suplico me ofrezcas todo tu ser, que lo guardes para Mí y solamente para Mí. Que él me glorifique siempre, que me consuele siempre. No hago este llamado al mundo, sino a ti a quien amo. Ofrécemelo… Ofrécelo para salvación. ¡Yo Soy Jesucristo Agonizante, llamándote para que REGRESES!

Cuando Jesús estuvo orando en el Huerto de Getsemaní antes de ser tomado preso por los soldados romanos pidió a los apóstoles que lo acompañaban (Pedro, Juan y Santiago) que se mantuvieran despiertos orando pero no lo hicieron, se durmieron mientras nuestro Señor sufría por la hora cercana, la hora en que tendría que cargar la cruz con todos nuestros pecados y ser crucificado. Qué dolor  más grande para Jesús sentirse solo en esos momentos en que hubiese sido consolado con las oraciones de sus amigos que estaban dormidos. Ellos se durmieron y nosotros hacemos lo mismo, no estamos alerta, no oramos constantemente: dejamos solo a Jesús en Getsemaní.

Acudamos a su llamado todos los jueves de 11 de la noche a las 4 de la madrugada es la hora de Getsemaní, , ÉL nos pide “tan si quiera una hora” que puede ser la última hora del jueves de 11:00 a 12:00 de la noche. En este tiempo se hace el rosario Mariano y el de la Sangre de Cristo y las oraciones del Devocionario de la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo:

  • Oración de reparación por la corona de espinas( en la que se pide perdón por nuestros pecados)
  • Adoración a la Preciosísima Sangre
  • Plegarias de consolación
  • Oraciones de reparación a Jesucristo Agonizante o llamados angustiosos
  • Oraciones místicas

Quien hace una novena de Hora de Getsemaní consigue de Cristo lo que le pide si se le pide con el corazón y se está libre de pecado. Esta novena son nueve jueves continuos una hora de acompañamiento con las oraciones ya mencionadas.

Él nos dice que en el infierno hay muchas almas por haber cometido pecados de la carne: fornicación, amasiato, adulterio, violación. Todos estos nos dice que son provocados por nuestra manera de vestir: uso de minifaldas, ropas que dejan ver la desnudez del cuerpo de la mujer y también en el hombre. A cristo le desgarraron sus ropas para desnudarlo y ponerlo en la cruz fue un hecho horroroso para Nuestro Salvador y usar ropas cortas o que dejen al descubierto nuestro cuerpo causando provocación al pecado es mostrar el cuerpo desnudo de Cristo y exponerlo al público, eso le hacemos con esa forma de vestir.

Cristo nos insiste en ser tal como ÉL no creó (Dios uno y trino) el que es hombre que vita y sea como hombre, la que es mujer sea y vista como mujer, de manera decorosa. No podemos vestirnos del seo que no somos, eso nos dice aquí nuestro Señor. El que es homosexual o la que es lesbiana está llamada por Cristo a la conversión y si es posible convertirse si se quiere. Hoy conocemos un caso tan maravilloso y grande como la conversión de María Magdalena, un caso de un mexicano que fue tocado por la misericordia de Dios y pueden conocerlo en la siguiente dirección y comprar su libro para conocer este gran testimonio. Si se quiere se puede confiando en Dios https://www.facebook.com/amaresconferencias/posts/456895401068287 

Cada cuerpo de cada ser humano es un Templo vivo del Espíritu Santo y hay que honrar a Cristo con nuestro cuerpo siendo como fuimos creados por Dios. Entreguémonos a Cristo, consagrémonos a Él con amor. Ofrécete todo tu ser a Dios. Regresemos a ÉL.

CUARTO LLAMADO ANGUSTIOSO
“Hijo Mío: ¿Es así como traicionas a tu Señor y Salvador? Solamente por el dinero mundano y perecedero, escogiste traicionar a tu Señor y entregarme a esos hombres crueles para que Me crucificaran. Hijo, te estás convirtiendo en el Judas de este último tiempo. ¡Cuán terrible será todo para aquellos que traicionan al Hijo del Hombre y lo entregan a hombres pecadores para ser crucificado! Mira cuán lamentablemente va a la eternidad a sufrir por siempre.
Aun entre los Sacerdotes de Mi Corazón hay muchos Judas que prefieren los bienes terrenales a cambio de su Señor, Quién está en agonía.
Esto me causa mucho dolor, hijo Mío, porque están haciendo de la casa de Mi Padre un mercado. Mi Padre está grandemente molesto. Miren bien cómo ustedes me están sacando de Mi Santo templo. Hijo, ¿deseas la presencia de tu Dios? Ofréceme tu vida.
Yo Soy Aquél a Quien ustedes están traicionando solamente por cosas terrenales. Hijo, ya que todas esas cosas por las que estás trabajando serán destruidas por el fuego, ¿por qué estás trabajando en vano?
Regresa a Mí, hijo Mío, ten misericordia de Quien vino a salvarte. Que Mis Sacerdotes regresen a Mí. ¡Yo Soy Jesucristo Agonizante, llamándoles para que REGRESEN!

  Jesucristo nos pide no traicionarlo por las cosas mundanas: casas lujosas, autos, joyas, ropa de moda, aparatos tecnológicos avanzados,dinero y todas esas cosas materiales que invaden el mundo de hoy. No cambiemos a Cristo por todas esas cosas, no seamos Judas que preferimos el dinero y las cosas materiales que serán destruidas, que no nos llevaremos al morir. En cambio Él nos pide elegirlo a ÉL pues quien elige a Cristo y cumple sus mandamientos es salvado. quien escucha a Dios y camina hacia Él llega al Padre. Este llamado es para todos porque todos caemos en esa tentación del Dios dinero. Regresemos a Él, si tenemos dinero para donar para las obras de la iglesia o para dar comida o vestido al más necesitado pues hagámoslo. Regresemos a Cristo.

QUINTO LLAMADO ANGUSTIOSO
“Hijo Mío, ¿cuándo terminarán los tormentos de Mi flagelación, causados por tus pecados y los del mundo? ¿Por qué Me están flagelando y al mismo tiempo coronándome de espinas? Y diciendo: ‘DÉJENME PECAR… YA IRÉ DESPUÉS A CONFESARME’. Yo Soy el Agonizante Jesús a Quien tú constantemente torturas. Hijo, ¿ACASO TE DI EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA PARA QUE TE CONVIRTIERAS EN UN POZO DE INIQUIDAD?
Ese es el Sacramento de Mi Amor. Él abre el océano de la misericordia divina. Mi Sangre y Agua Preciosas, que brotaron para salvar y lavar tu iniquidad para que vayas y no peques más.
Hijo, retira la corona de espinas… ten misericordia de Mí, no Me flageles más. Ama a tu Dios, tu Creador. No te hagas falsos dioses de ninguna creatura. Sólo a tu Dios temerás y adorarás. No pronuncies el nombre de tu Dios en vano.
Hijo, recuerda guardar el día obligatorio, santo. Haz respetar Mi Nombre en este mundo corrupto. Haz todas estas cosas para aminorar los dolores de Mi agonía. Ofrece todos tus desengaños, pruebas y persecuciones en reparación por tus pecados y los del mundo entero. ¡Yo Soy el Agonizante Jesucristo, llamándote para que REGRESES!”

 SEXTO LLAMADO ANGUSTIOSO
“Hijo Mío, acércate a Mí y escucha Mi angustioso llamado. Diariamente ando buscando quien Me consuele, y no encuentro a nadie. Mira Mi rostro Agonizante. ¿Dónde está la Verónica de estos tiempos? ¿Dónde está para que Me limpie el rostro y Me consuele? ¿Acaso se ha unido a la multitud gritando: ¡crucifícalo, crucifícalo!?
Se han olvidado que Yo Soy su Mesías, que los sacó de Egipto, que los alimentó con el maná celestial y los acogió bajo Sus alas en seco y ardiente desierto.
Me has rechazado y ya no hay nadie que me ayude. Hijo, así es como tú abandonas tu cruz, y te alejas del camino del Calvario, dejándome sufrir solo.
En verdad te digo, hijo Mío… NO HAY OTRO CAMINO QUE TE CONDUZCA A LA TIERRA PROMETIDA, QUE EL CAMINO DE LA SANTA CRUZ. CARGA CON TU CRUZ Y SÍGUEME TODOS LOS DÍAS DE TU VIDA.
Ayúdame a cargar todas estas cruces que han sido rechazadas, que Mi pueblo ha abandonado para que Yo las lleve. HIJO… VIVE TU VIDA DE CONSAGRACIÓN. Carga tu cruz y sígueme. ¡Yo Soy Jesucristo Agonizante, que te llamo para que REGRESES!”

Jesús nos llama a consolarlo a limpiar su rostro agonizante al ayudar al prójimo. Recordemos que a Saulo de Tarso a quien se le apareció el Señor preguntándole por qué lo perseguía y Saulo le decía no perseguirlo ni conocerlo pues jamás estuvo frente a Él y Jesús le dijo que cuando perseguí a uno de los suyos lo perseguí a Él.Saulo se convirtió y Dios le puso el nombre de Pablo al que conocemos como San Pablo, el compañero de San Pedro en la tarea de evangelizar. Consolemos a Cristo ayudando a los que menos tienen, pero también consolémosle con las oraciones de consolación a Jesucristo Agonizante y con obras de misericordia y buenos actos. No olvidemos todo lo que Cristo hizo por nosotros, por salvarnos, no despreciemos el precio que Él pagó por nosotros y sobre todo carguemos nuestra cruz del tamaño y peso que Dios nos la ponga, no le carguemos más peso a su agonía, con amor ofrezcamos nuestros sufrimientos por nuestros pecados y los del mundo entero.

  SÉPTIMO LLAMADO ANGUSTIOSO
“Hijo Mío, mira cómo tus pecados me han clavado en la Cruz. Estoy sangrando por amor a ti. Estoy dudando por amor a ti. Estoy sediento de amor por este mundo necesitado. Ninguno de ustedes desea consolarme… más bien me ofrecen vinagre para calmar Mi sed.
Todos ustedes se mantienen alejados, se burlan y Me critican. Hijo Mío, mira cómo hablas falsedades de tu prójimo. En vez de orar por Mi Santa Iglesia, continúan criticándola. Yo Soy Jesucristo Agonizante, a Quien ustedes critican. La Iglesia es Mi Cuerpo, al que están crucificando.
HIJO MÍO… PÁRATE AL PIE DE MI SANTA CRUZ Y OFRÉCEME, JUNTO CON MI MADRE, EL MUNDO ENTERO.
Yo lo aceptaré, y lo ofreceré a Mi Padre. Ellos serán Sus hijos y obedecerán Sus mandatos.
La ira del Padre Eterno se aplacará. Mis Santas Llagas serán sanadas. Entonces Mi Reino vendrá sobre la tierra.
Hijo, has de crucificarte por Mí y Conmigo en la Santa Cruz de la Salvación. Esto es lo que más necesito de ti en reparación por tus pecados y los pecados del mundo entero. Hijo, Yo no he pedido esto al mundo, sino a ti, porque Te amo y deseo que me demuestres tu amor. Yo te prometo que atraeré a ti y a todos los hombres hacia Mí a través de ti. Acepta Mi llamado angustioso, ¡oh amado hijo! Yo ofreceré todos tus sacrificios a Dios para que sean aceptables en reparación por tus pecados y los del mundo entero.
Al final, el mundo entero vivirá en Mí, Conmigo y para Mí. Mi Sagrado Costado se abrirá para ser el refugio de todos los hombres. Sacarán Agua viva de la Fuente de la Vida que brota de Mi Sagrado Costado. Hijo, que se haga Mi voluntad en la tierra. Que se haga Mi voluntad en ti. Sufre por Mí y Conmigo. Muere por Mí y vive en Mí.
Yo Soy el Jesucristo Agonizante, te amo. Yo los bendigo a todos.”

Cristo nos llama a ver como nuestros pecados lo crucificaron en la cruz y nos pide que lo amemos, pero somos muy ingratos, no valoramos el precio que pagó por limpiar nuestros pecados. Ahora nos pide no criticar a su iglesia pues es su cuerpo no criticar a sus sacerdotes porque Él los eligió y los puso donde los tiene, nos pide hacer oración por nuestros sacerdotes, orar por la iglesia (rosario mariano e inmediatamente después el de la Preciosa Sangre de Jesucristo), ofrecerle el mundo entero a Cristo crucificado para que ÉL lo ofrezca al Padre y ofrecer todos nuestros sufrimientos en reparación de nuestros pecados y los del mundo entero, solo así vendrá el reino de Dios ¿Quieres que venga su reino? Ofrécele el mundo entero

Dios mío, Dios mío, yo creo firmemente con todo mi corazón, espero y confío sinceramente en Ti. Solamente a Ti adoraré por siempre. Con verdadero arrepentimiento y amor, me postro a Tus Pies; te pido perdón por aquellos que no creen y no quieren creer, por aquellos que no Te adoran y no quieren adorarte y por aquellos que Te crucificaron y Te están crucificando diariamente.
Querido Jesús, yo te consolaré durante toda mi vida. Amén.

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Oh Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Te ofrezco la Palabra hecha carne, Jesucristo, Su carne cubierta de Heridas y Sangre, Su agonía en el Huerto, Su flagelación, Su Coronación de espinas, el repudio que sufrió, Su condena, Su crucifixión y muerte en unión con todos los sufrimientos de Tu Santa Iglesia y la sangre de los mártires, en reparación por mis pecados y los pecados del mundo entero. Amén.

ACUDE A LOS LLAMADOS DEL SEÑOR Y CONSUÉLALO, HAZ REPARACIÓN POR TUS PECADOS Y LOS DEL MUNDO ENTERO, CUMPLE SUS MANDAMIENTOS Y ENTONCES VENDRÁ EL REINO DE DIOS. ÉL NOS INSISTE:

“REGRESEN, OH PUEBLO MÍO. ¡Yo Soy Jesucristo Agonizante, que te llamo para que REGRESES!”

Cuerpo y Sangre de Cristo

cUERPO_JHS1 Corintios 11:27.30

“27 De manera que, cualquiera que comiere este pan ó bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. 28 Por tanto, pruébese cada uno á sí mismo, y coma así de aquel pan, y beba de aquella copa. 29 Porque el que come y bebe indignamente, juicio come y bebe para sí, no discerniendo el cuerpo del Señor. 30 Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros; y muchos han muerto”.

Quien come el pan y bebe la sangre de Cristo siendo indigno se convierte en reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Pues quien come y bebe sin distinguir que la Hostia Sagrada es verdadero  Cuerpo y verdadera Sangre de Cristo, come y bebe su propio castigo. De tal manera que quien tiene maldad en su corazón come y bebe su castigo, quien profana el Sagrario para hurtar el cuerpo y sangre de Cristo para fines malévolos como hacer misas negras o para cualquier tipo de hechicería, se lleva su propio castigo, cualquier agente del mal, cualquier hechicero o hechicera que come el cuerpo y bebe la sangre de Cristo, bebe su propio veneno y le aplasta un gran castigo”

Hay personas que al recibir la hostia en su boca inmediatamente la saca y se la llevan. Otros más profanan el Sagrario y la hurtan y todo para darle un uso incorrecto.

El cuerpo y la Sangre de Cristo en la Hostia es para unirnos a Cristo nuestro Redentor. Quien come el pan y bebe la sangre de Cristo dignamente, con amor logra esa unión con Dios; y el que no lo hace de esta manera  solo está bebiendo su propio veneno y solo abre su boca para que entre y lo consuma el castigo.

Recordemos cómo anunció Jesús la traición de Judas Iscariote en la última cena y como fue reo del cuerpo y de la sangre de Cristo siendo su castigo la muerte.

“¡ay de aquel que lo traiciona! Hubiera sido mejor para él no haber nacido.” (Mt 26:24)

Comamos el Cuerpo y bebamos la Sangre de Cristo con verdadero amor y con la clara convicción de que en la Hostia recibimos a Cristo mismo. Hagamos esto limpios de pecado.

ORACIÓN DE REPARACIÓN POR LA CORONA DE ESPINAS

Esta oración se hace después de confesarse y cada día que quieras pedir perdón al Señor por tus pecados que lo han flagelado y crucificado constantemente.  Jesucristo nos dice que no nos cansemos de pedir perdón por nuestros pecados de tal manera que siempre que estemos en su presencia ya sea frente al Sagrario, frente a la Sagrada Eucaristía o simplemente cuando nos dirijamos a Él donde estemos pidámosle perdón y no cometamos la arrogancia de no pedir perdón por nuestros pecados cada ves que nos dirijamos a Él o estemos frente a su presencia. Pídele y agradécele todo aquello que has recibido de Él.

Dada a Bernabé por Santa Cecilia el 14 de julio de 2000)

HIMNO

Estoy solo, estoy abandonado

me han dejado con la corona de espinas

que penetran Mi cabeza

y Mi pueblo me ha abandonado.

Amados Míos, ¿dónde estáis?

Esta corona de espinas ha penetrado Mi alma.

Retiren las espinas, tengan misericordia de Mí.

Por amor a vosotros

Morí en la Cruz con la corona de espinas.

Estoy nuevamente viviendo con las espinas.

Yo Soy el Agonizante Jesucristo.

ORACIÓN

¡Mi amado Jesucristo Agonizante, Hijo del Altísimo! Me postro a Tus pies en medio de mi nada. Recuerdo todas mis ofensas hacia Ti. Te ruego, Señor, ten misericordia de mí. Mis pecados te han mantenido en agonía por estos miles de años.

Te contemplo aún vivo, colgado en la Cruz, con esa terrible corona de espinas, la sangre bañando Tu Rostro y las espinas punzando Tu Santa Faz. Me arrepiento por ese regalo que te di: la corona de espinas. Deseo quitarte la corona de espinas y ofrecerte con amor una corona de oro.

(Besando la corona y apretándola contra su corazón Santa Cecilia oró así:)

Jesús mío, yo laceré Tu Sagrada Cabeza con una corona de espinas…

Ten misericordia de mí, y perdona al mundo.

Jesús mío, que sufres místicamente el dolor y la agonía de mi terrible corona de espinas en Tu Sagrado Corazón…

Ten misericordia de mí, y perdona al mundo.

Jesús mío, que sufres la ignominia de mi terrible corona de espinas…

Ten misericordia de mí, y perdona al mundo.

(Apretando la corona de espinas contra su cabeza, Santa Cecilia besó los pies de Jesucristo Agonizante en la Cruz, y oró:)

Mi Agonizante Jesús, recuerdo cómo yo golpeé Tu Sagrada Cabeza con varilla de hierro para que te penetraran aún más las espinas en Tu cerebro. Sentiste un dolor como si fuera un rayo que estremeciera todo Tu Cuerpo virginal. ¡Oh cuánto te ha hecho sufrir mi maldad!

Cuando medito en Tu terrible caminar hacia el Calvario, lloro amargamente porque mi maldad colocó esa corona de espinas en Tu Sagrada Cabeza, sede de la Divina Sabiduría. Te veo cayéndote bajo el peso de la Cruz, que hacía que las espinas penetraran más profundamente en Tu Cabeza.

Me veo arrastrándote y golpeándote la Cabeza con una vara. ¡No hubiera querido ser yo quien hizo todo esto a mi amado Salvador!

Jesús mío, te he tratado cruelmente, perdóname, perdóname, perdona a Tu pueblo. Haré todo lo que pueda para retirar esas espinas, cambiando de vida de ahora en adelante.

Mi maldad mantuvo la corona de espinas en Tu cabeza hasta Tu muerte para que así no pudieras tener ni un poco de alivio en Tu Pasión. ¡Señor, ten misericordia de mí! ¡Cristo, ten misericordia de mi maldad!

Contemplo Tu Sagrada Cabeza recostada sobre el regazo de Tu Madre dolorosa estando ya muerto. Puedo ver las manos de Juan el amado, de María Magdalena y de Tu Madre dolorosa desprendiendo, con lágrimas de amor, la corona de espinas de Tu Sagrada Cabeza. Desearía ser uno de ellos para retirar la corona y ofrecerte a cambio una corona de oro, como muestra de mi amor hacia Ti.

(Sosteniendo la corona de espinas y meditando en silencio,

Santa Cecilia oró así:)

Te ofrezco todo mi ser y te prometo cargar mi cruz tras de Ti, con alegría y amor, todos los días de mi vida. Recibe los méritos de mis sufrimientos y persecuciones que prometo aceptar con amor en reparación por mis pecados y los pecados del mundo entero. Queridísimo Jesús Agonizante, con este humilde ofrecimiento, deseo retirar la corona de espinas que te coloqué y ofrecerte una corona de oro. Recibe con amor esta corona de oro que te ofrezco. Amén.

Padre Eterno, te he ofendido gravemente al lacerar la Sagrada Cabeza de Tu Hijo Unigénito a Quién tanto amas. Ten misericordia de mí. Perdóname y perdona al mundo. Amén. (Tres veces)

15 oraciones de Sta. Brígida para consolar a Jesucristo

Oraciones Aprobadas por El Papa Pío IX

En la Basílica de San Pablo Extramuros en Roma todavía se puede contemplar, en la capilla del Santísimo Sacramento, el Crucifijo Milagroso ante el cual estuvo arrodillada Santa Brígida cuando recibió estas 15 Oraciones de Nuestro Señor. Allí hay una inscripción conmemorando este evento, en latín: “Pendentis. Pendente Dei verba a accepit aure accipit et verbum corde Brigitta Deum. Anno Jubilei MCCCL”
Por mucho tiempo, Santa Brígida había deseado saber cuántos latigazos había recibido Nuestro Señor en Su Pasión. Cierto día se le apareció Jesucristo, diciéndole: “Recibí en Mi Cuerpo cinco mil, cuatrocientos ochenta latigazos; son 5.480 azotes. Si queréis honrarlos en verdad, con alguna veneración, decid 15 veces el Padre Nuestro; también 15 veces el Ave María, con las siguientes oraciones, durante un año completo. Al terminar el año, habréis venerado cada una de Mis Llagas”. (Nuestro Señor mismo le dictó las oraciones a la santa.)
Primera Oración

Padrenuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesucristo ¡Sois la eterna dulzura de todos los que Os aman; la alegría que sobrepasa todo gozo y deseo; la salvación y esperanza de todos los pecadores. Habéis manifestado no tener mayor deseo que el de permanecer en medio de los hombres, en la tierra. Los amáis hasta el punto de asumir la naturaleza humana, en la plenitud de los tiempos, por amor a ellos. Acordaos de todos los sufrimientos que habéis soportado desde el instante de Vuestra Concepción y especialmente durante Vuestra Sagrada Pasión; así como fue decretado y ordenado desde toda la eternidad, según el plan divino.
Acordaos, Oh Señor, que durante la última cena con Vuestros discípulos les habéis Lavado los pies; y después, les distéis Vuestro Sacratísimo Cuerpo, y Vuestra Sangre Preciosísima. Luego, confortándolos con dulzura, les anunciasteis Vuestra próxima Pasión.
Acordaos de la tristeza y amargura que habéis experimentado en Vuestra Alma, como Vos mismo lo afirmasteis, diciendo
”Mi Alma está triste hasta la muerte.”
Acordaos de todos los temores, las angustias y los dolores que habéis soportado, en Vuestro Sagrado Cuerpo, antes del suplicio de la crucifixión. Después de haber orado tres veces, todo bañado de sudor sangriento, fuisteis traicionado por Vuestro discípulo. Judas; apresado por los habitantes de una nación que habíais escogido y enaltecido. Fuisteis acusado por falsos testigos e injustamente juzgado por tres jueces; todo lo cual sucedió en la flor de Vuestra madurez, y en la solemne estación pascual.
Acordaos que fuisteis despojado de Vuestra propia vestidura, y revestido con manto de irrisión. Os cubrieron los Ojos y la Cara infligiendo bofetadas. Después, coronándoos de espinas, pusieron en Vuestras manos una caña. Finalmente, fuisteis atado a la columna, desgarrado con azotes y agobiado de oprobios y ultrajes.
En memoria de todas estas penas y dolores que habéis soportado antes de Vuestra Pasión en la Cruz concededme antes de morir, una contrición verdadera, una confesión sincera y completa, adecuada satisfacción; y la remisión de todos mis pecados. Amén.
Segunda Oración.

Padrenuestro - Ave Maria
¡Oh Jesús, la verdadera libertad de los ángeles y paraíso de delicias! Acordaos del horror y la tristeza con que fuisteis oprimido, cuando Vuestros enemigos como leones furiosos, os rodearon con miles de injurias: salivazos, bofetadas, laceraciones, arañazos y otros suplicios inauditos. Os atormentaron a su antojo. En consideración a estos tormentos y a las palabras injuriosas, Os suplico. ¡Oh mi Salvador, y Redentor! que me libréis de todos mis enemigos visibles e invisibles y que bajo Vuestra protección, hagáis que yo alcance la perfección de la salvación eterna. Amén.
Tercera Oración.

Padrenuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesús, Creador del Cielo y de la Tierra, al que nada puede contener ni limitar! Vos abarcáis todo; y todo es sostenido bajo Vuestra amorosa potestad. Acordaos del dolor muy amargo que sufristeis cuando los judíos, con gruesos clavos cuadrados, golpe a golpe clavaron Vuestras Sagradas Manos y Pies a la Cruz. Y no viéndoos en un estado suficientemente lamentable para satisfacer su furor, agrandaron Vuestras Llagas, agregando dolor sobre dolor. Con indescriptible crueldad. Extendieron Vuestro Cuerpo en la Cruz. Y con jalones y estirones violentos, en toda dirección, dislocaron Vuestros Huesos.
¡Oh Jesús!, en memoria de este santo dolor que habéis soportado con tanto amor en la Cruz, Os suplico concederme la gracia de temeros y amaros. Amén.
Cuarta Oración.

Padrenuestro - Ave María.
O Jesús, Médico Celestial! elevado en la Cruz para curar nuestras llagas con las Vuestras! Acordaos de las contusiones y los desfallecimientos que habéis sufrido en todos Vuestros Miembros; y que fueron distendidos a tal grado, que no ha habido dolor semejante al Vuestro. Desde la cima de la cabeza hasta la planta de los pies, ninguna parte de Vuestro Cuerpo estaba exenta de tormentos. Sin embargo, olvidando todos Vuestros sufrimientos, no dejasteis de pedir por Vuestros enemigos, a Vuestro Padre Celestial, diciéndole: “ Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.”
Por esta inmensa misericordia, y en memoria de estos sufrimientos, Os hago esta súplica: conceded que el recuerdo de Vuestra muy amarga Pasión, nos alcance una perfecta contrición, y la remisión de todos nuestros pecados. Amén.

Quinta Oración.

Padrenuestro - Ave María.
¡Oh Jesús!, ¡Espejo de Resplandor Eterno! Acordaos de la tristeza aguda que habéis sentido al contemplar con anticipación, las almas que habían de condenarse. A la luz de Vuestra Divinidad, habéis vislumbrado la predestinación de aquellos que se salvarían, mediante los méritos de Vuestra Sagrada Pasión. Simultáneamente habéis contemplado tristemente la inmensa multitud de réprobos que serian condenados por sus pecados; y Os habéis quejado amargamente de esos desesperados, perdidos y desgraciados pecadores.
Por este abismo de compasión y piedad y principalmente por la bondad que demostrasteis hacia el buen ladrón, diciéndole: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”, hago esta súplica, Dulce Jesús. Os pido que a la hora de mi muerte tengáis misericordia de mí. Amén.
Sexta Oración.

Padrenuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesús. Rey infinitamente amado y deseado! Acordaos del dolor que habéis sufrido, cuando, desnudo y como un crimina! común y corriente, fuisteis clavado y elevado en la Cruz. También! fuisteis abandonado de todos Vuestros parientes y amigos con la excepción de Vuestra muy amada Madre. En Vuestra agonía, Ella permaneció fiel junto a Vos; luego, la encomendasteis a Vuestro fiel discípulo, Juan, diciendo a Maria: “mujer, he aquí a tu hijo!” Y a Juan: “ He aquí a tu Madre!
Os suplico, Oh mi Salvador, por la espada de dolor que entonces traspasó el alma de Vuestra Santísima Madre, que tengáis compasión de mí. Y en todas mis aflicciones y tribulaciones, tanto corporales como espirituales, ten piedad de mí. Asistidme en todas mis pruebas, y especialmente en la hora de mi muerte. Amén.
Séptima Oración.

Padrenuestro - Ave Maria
¡Oh Jesús, inagotable Fuente de compasión, ten compasión de mí! En profundo gesto de amor, habéis exclamado en la Cruz: “Tengo sed” Era sed por la salvación del género humano. Oh mi Salvador os ruego que inflaméis nuestros corazones con el deseo de dirigirnos a la perfección, en todas nuestras obras. Extinguid en nosotros la concupiscencia carnal y el ardor de los apetitos mundanos. Amén.
Octava Oración.

Padrenuestro - Ave María.
¡Oh Jesús, Dulzura de los corazones y Deleite del espíritu! Por el vinagre y la hiel amarga que habéis probado en la Cruz, por amor a nosotros, oíd nuestros ruegos. Concedednos la gracia de recibir dignamente Vuestro Sacratísimo Cuerpo y Sangre Preciosísima durante nuestra vida, y también a la hora de la muerte para servir de remedio y consuelo a nuestras almas. Amén.
Novena Oración
Padrenuestro - Ave María.
¡Oh Jesús, Virtud real y gozo del alma! Acordaos del dolor que habéis sentido, sumergido en un océano de amargura, al acercarse la muerte, insultado y ultrajado por los judíos. Clamasteis en alta voz que habíais sido abandonado por Vuestro Padre Celestial, diciéndole: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Por esta angustia, Os suplico, Oh mi Salvador, que no me abandonéis en los terrores y dolores de mi muerte. Amén.
Décima Oración

Padrenuestro -Ave Maria.
¡Oh Jesús. Principio y Fin de todas las cosas. Sois la Vida y la Virtud plena! Acordaos que por causa nuestra fuisteis sumergido en un abismo de penas, sufriendo dolor desde la planta de los Pies hasta la cima de la Cabeza. En consideración a la enormidad de Vuestras Llagas, enseñadme a guardar, por puro amor a Vos, todos Vuestros Mandamientos; cuyo camino de Vuestra Ley Divina es amplio y agradable para aquellos que Os aman, Amén.
Undécima Oración

Padrenuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesús! ¡Abismo muy profundo de Misericordia! En memoria de las llagas que penetraron hasta la médula de Vuestros Huesos y Entrañas, para atraerme hacia Vos, presento esta súplica. Yo, miserable pecador, profundamente sumergido en mis ofensas, pido que me apartéis del pecado. Ocultadme de Vuestro Rostro tan justamente irritado contra mí. Escondedme en los huecos de Vuestras Llagas hasta que Vuestra cólera y justìsíma indignación hayan cesado. Amén.
Duodécima Oración
Padrenuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesús! Espejo de la Verdad, Sello de la Unidad. y Vínculo de la Caridad! Acordaos de la multitud de Llagas con que fuisteis herido, desde la Cabeza hasta los Pies. Esas Llagas fueron laceradas y enrojecidas, Oh dulce Jesús, por la efusión de Vuestra adorable Sangre. ¡Oh, qué dolor tan grande y repleto habéis sufrido por amor a nosotros, en Vuestra Carne virginal! ¡Dulcísimo Jesús! ¿Qué hubo de hacer por nosotros que no habéis hecho? Nada falta. ¡Todo lo habéis cumplido! ¡Oh amable y adorable Jesús! Por el fiel recuerdo de Vuestra Pasión, que el Fruto meritorio de Vuestros sufrimientos sea renovado en mi alma. Y que en mi corazón, Vuestro Amor aumente cada día hasta que llegue a contemplaros en la eternidad. ¡Oh Amabilísimo Jesús! Vos sois el Tesoro de toda alegría y dicha verdadera, que Os pido concederme en el Cielo. Amén.
Décima-Tercera Oración
Padrenuestro - Ave María.
¡Oh Jesús! ¡Fuerte León, Rey inmortal e invencible! Acordaos del inmenso dolor que habéis sufrido cuando, agotadas todas Vuestras fuerzas, tanto morales como físicas, inclinasteis la Cabeza y dijisteis: “Todo está consumado”. Por esta angustia y dolor, os suplico, Señor Jesús, que tengáis piedad de mí en la hora de mi muerte cuando mi mente estará tremendamente perturbada y mi alma sumergida en angustia. Amén.
Décima-Cuarta Oración.

Padrenuestro - Ave María.
¡Oh Jesús! ¡Unico Hijo del Padre Celestial! esplendor y semejanza de su Esencia! Acordaos de la sencilla y humilde recomendación que hicisteis de Vuestra Alma, a Vuestro Padre Eterno, diciéndole: “¡Padre en Tus Manos encomiendo Mi Espíritu!” Desgarrado Vuestro Cuerpo, destrozado Vuestro Corazón, y abiertas las Entrañas de Vuestra misericordia para redimirnos, habéis expirado. Por Vuestra Preciosa Muerte, Os suplico, Oh Rey de los santos, confortadme. Socorredme para resistir al demonio, la carne y al mundo. A fin de que, estando muerto al mundo, viva yo solamente para Vos. Y a la hora de mi muerte, recibid mi alma peregrina y desterrada que regresa a Vos. Amén.
Décima-Quinta Oración.

Padrenuestro-Ave María.
¡Oh Jesús! ¡Verdadera y fecunda Vid! Acordaos de la abundante efusión de Sangre que tan generosamente habéis derramado de Vuestro Sagrado Cuerpo. Vuestra preciosa Sangre fue derramada como el jugo de la uva bajo el lagar.
De Vuestro Costado perforado por un soldado, con la lanza, ha brotado Sangre y agua, hasta no quedar en Vuestro Cuerpo gota alguna. Finalmente, como un haz de mirra, elevado a lo alto de la Cruz., la muy fina y delicada Carne Vuestra fue destrozada; la Substancia de Vuestro Cuerpo fue marchitada; y disecada la médula de Vuestros Huesos. Por esta amarga Pasión, y por la efusión de Vuestra preciosa Sangre, Os suplico, Oh dulcísimo Jesús, que recibáis mi alma, cuando yo esté sufriendo en la agonía de mi muerte. Amén.
Conclusión.

¡Oh Dulce Jesús! Herid mi corazón, a fin de que mis lágrimas de amor y penitencia me sirvan de pan, día y noche. Convertidme enteramente, Oh mi Señor, a Vos. Haced que mi corazón sea Vuestra Habitación perpetua. Y que mi conversación Os sea agradable. Que el fin de mi vida Os sea de tal suerte loable, que después de mi muerte pueda merecer Vuestro Paraíso; y alabaros para siempre en el Cielo con todos Vuestros santos. Amén.

Consolemos a Cristo

 

Jesucristo Agonizante nos pregunta en sus mensajes y oraciones dadas al nigeriano Bernabé Nwoye, a quien le reveló las oraciones contenidas en el Devocionario de la Sangre de Cristo: ¿Dónde está la Verónica de estos tiempos? Leamos su llamado:

SEXTO LLAMADO ANGUSTIOSO

“Hijo Mío, acércate a Mí y escucha Mi angustioso llamado. Diariamente ando buscando quien Me consuele, y no encuentro a nadie. Mira Mi rostro Agonizante. ¿Dónde está la Verónica de estos tiempos? ¿Dónde está para que Me limpie el rostro y Me consuele? ¿Acaso se ha unido a la multitud gritando: ¡crucifícalo, crucifícalo!?

Se han olvidado que Yo Soy su Mesías, que los sacó de Egipto, que los alimentó con el maná celestial y los acogió bajo Sus alas en seco y ardiente desierto.

Me has rechazado y ya no hay nadie que me ayude. Hijo, así es como tú abandonas tu cruz, y te alejas del camino del Calvario, dejándome sufrir solo.

En verdad te digo, hijo Mío… NO HAY OTRO CAMINO QUE TE CONDUZCA A LA TIERRA PROMETIDA, QUE EL CAMINO DE LA SANTA CRUZ. CARGA CON TU CRUZ Y SÍGUEME TODOS LOS DÍAS DE TU VIDA.

Ayúdame a cargar todas estas cruces que han sido rechazadas, que Mi pueblo ha abandonado para que Yo las lleve. HIJO… VIVE TU VIDA DE CONSAGRACIÓN. Carga tu cruz y sígueme. ¡Yo Soy Jesucristo Agonizante, que te llamo para que REGRESES!”

Verónica en la sexta estación del Via Crucis se arma de un valor y hace lo que nadie de los ahí presentes hizo: se atrevió a darle agua a Jesús, su corazón palpitaba de dolor y sabiendo con toda certeza que podría ser castigada duramente por este atrevimiento, solo le importó dar un poco de agua al Señor y ofrecerle su manto para secar su ensangrentado rostro y consolarlo de esta manera. Jesús ve en Verónica el consuelo que no le dieron ni los apóstoles, ni los que decían creer en Él y estaban ahí presentes. Aunque no pudo disfrutar del agua que le tiraron sus verdugos, sus labios alcanzaron a mojarse y toma el velo que le ofrece esta mujer a la que había curado de flujos de sangre. Que plan tan doloroso tuvo Dios con esta mujer, que al ser sanada de flujos de sangre, ahora le correspondía con amor tan hermoso milagro, solo que ella era la que ahora limpiaba la sangre de quien la sanó. Dolorosa manera de corresponder a este amor, pero no le importaba a Verónica más que poder dar un poco de consuelo a Jesús y no le importaba lo que hicieren con ella los romanos; solo le importó servir a su Señor, su Dios, nuestro Salvador. Jesús la premia por tan arriesgado valor y quiso dejar su rostro impreso en el velo que hoy está en Turín, Italia y se le conoce como el Santo Sudario y el Velo de Verónica. ¿Quién de nosotros consuela a Jesús con las oraciones que Él mismo dictó a Bernabé Nwoye y que están en el Devocionario de la Preciosísima Sangre de nuestro Señor Jesucristo? ¿Quién hace la Hora de Getsemaní para hacer reparación por sus pecados, para consolarlo y adorarlo? Decimos amar a Jesús pero más fácil caemos en la tentación de ir de fiesta o parranda en la noche hasta la madrugada que orar al menos una hora cada jueves de 11:00 PM a 12:00 de la noche. Escucha el llamado de Jesucristo y consuélalo.

LaPasion03
Verónica le ofrece agua.

la-veronica
Jesús toma el velo que le ofrecen.

viacrucis-sexta-estacion
Jesús seca su rostro

MANTO VERONICAJesús deja impreso su rostro en el velo

¿Quién soporta ver a su Salvador muerto, escarnecido y cubierto de sangre en brazos de su Madre a quien antes de expirar nos entregó a Ella como hijos y hermanos suyos? ¿Qué le decimos a esta adolorida Madre cada vez que flagelamos y crucificamos a su Hijo con cada pecado que cometemos? 

 

Jesús crucificadoviacrucis-decimotercera-estacion

    “Mujer ahí tienes a tu hijo” Con esas palabras dichas a su Madre junto a Juan, Él nos entrega también como hijos suyos. ¿Merecemos ser hijos de María? ¿Somos hijos obedientes? y ´Jesús en su infinito amor hacia nosotros sus indignos hermanos todavía nos pide que regresemos a Dios:

“¡Yo Soy Jesucristo Agonizante, que te llamo para que REGRESES!”

 

   AGONIZANTE

Consolemos a Cristo con nuestra vida libre del pecado. Consolémonos con una Hora de Getsemaní a la semana, cada jueves de las 11:00 a las 12:00 de la noche, es solo una hora. Y al menos este mes de julio vayamos en familia a las parroquias a ofrecer el rosario Mariano y el de la Sangre de Cristo juntos. y los días 13, 14 y 15 de julio ofrezcamos la novena a la Santísima Trinidad, si es posible con todas las oraciones del Devocionario, En las parroquias podemos organizarnos para que un grupo haga al menos una oración o un rosario. Y al menos hagamos diario las ORACIONES DE REPARACIÓN A JESUCRISTO AGONIZANTE, 0  LLAMADOS ANGUSTIOSOS

Consolemos a Jesús