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viernes, 2 de agosto de 2013

Bartolomé apóstol

Fiesta 24 agosto

San Bartolomé es patrón de aquellos que trabajan las pieles, fabrican o usan cuero, Bartolomeguantes, abrigos, cinturones y zapatos; de los carniceros, fabricantes de libros. También de las modistas y sastres por llevar su piel sobre los brazos; mercaderes de queso, viñadores, albañiles y otros. Es sanador de las convulsiones, crisis espasmódicas y enfermedades nerviosas en general.

 

"Predicó el Evangelio en la India; habiendo ido después a la Armenia Mayor, convirtió a muchas personas, por lo cual los bárbaros le despellejaron vivo, y el rey Astiajes le mandó decapitar".

Bartolomé es uno de los 12 Apóstoles (Mt 10,3), también fue llamado Natanael. Era de Caná. (Jn 21,2)

Los Hechos de los Apóstoles mencionan también su presencia en Pentecostés (1,13).

El encuentro más grande de su vida.


El día en que Natanael o Bartolomé se encontró por primera vez a Jesús, San Juan la narra de la siguiente manera: "Jesús se encontró a Felipe y le dijo: "Sígueme". Felipe se encontró a Natanael y le dijo: "Hemos encontrado a aquél a quien anunciaron Moisés y los profetas. Es Jesús de Nazaret". Natanael le respondió: " ¿Es que de Nazaret puede salir algo bueno?" Felipe le dijo: "Ven y verás". Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: "Ahí tienen a un israelita de verdad, en quien no hay engaño" Natanael le preguntó: "¿Desde cuando me conoces?" Le respondió Jesús: "antes de que Felipe te llamara, cuando tú estabas allá debajo del árbol, yo te vi". Le respondió Natanael: "Maestro, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel". Jesús le contestó: "Por haber dicho que te vi debajo del árbol, ¿crees? Te aseguró que verás a los ángeles del cielo bajar y subir alrededor del Hijo del Hombre." (Jn. 1,43 ).

Felipe, lo primero que hizo al experimentar el enorme gozo de ser discípulo de Jesús fue ir a invitar a un gran amigo a que se hiciera también seguidor de tan excelente maestro.

Una revelación que lo convenció.
Desde entonces nuestro santo fue un discípulo incondicional de este enviado de Dios, Cristo Jesús que tenía poderes y sabiduría del todo sobrenaturales. Con los otros 11 apóstoles presenció los admirables milagros de Jesús, oyó sus sublimes enseñanzas y recibió el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego.

"San Bartolomé predicó el evangelio en la India. Después pasó a Armenia y allí convirtió a muchas gentes. Los enemigos de nuestra religión lo martirizaron quitándole la piel, y después le cortaron la cabeza".

Para San Bartolomé, la santidad no se basa en dedicar la vida a amar a Dios, a hacer conocer y amar mas a Jesucristo, y a propagar su santa religión, y en tener una constante caridad con los demás y tratar de hacer a todos el mayor bien posible.

Las reliquias de San Bartolomé, según una tradición, fueron enterradas en la isla de Lipara y eventualmente fueron trasladadas a Benevento, Italia y después a Roma donde ahora están en la Iglesia de San Bartolomé, en la "Isola San Bartolomeo" del río Tiber. Se dice que la Reina Emma, la esposa del Rey Canute entregó uno de sus brazos a Canterbury en el siglo XI.

MARÍA REINA DEL UNIVERSO

Fiesta: 22 de agosto
Se celebra en la octava de la Asunción para manifestar la conexión entre la realeza de María y su asunción a los cielos.

"Oh Dios, que nos han dado como Madre y como Reina, a la Madre de tu Unigénito; concédenos, por su intercesión, el po­der llegar a participar en el Reino celestial de la gloria reserva­da a tus hijos".

¡Salve, Reina !

María es reina de los ángeles y de todos los hombres.

El pueblo cristiano siempre ha reconocido a María Reina por ser madre del Rey de reyes y Señor de Señores. Su poder y sus atributos los recibe del Todopoderoso: Su Hijo, Jesucristo. Es El quien la constituye Reina y Señora de todo lo creado, de los hombres y aún de los ángeles.

Juan Pablo II, en1997, se refería a la Virgen como Reina del universo, reconociendo su dignidad excelsa, situándola por encima de todas las criaturas, exaltando su papel y su importancia en la vida de cada persona y del mundo entero". Los cristianos miran con confianza a María Reina, y esto aumenta su abandono filial en Aquella que es madre en el orden de la gracia".

"La Asunción favorece la plena comunión de María no sólo con Cristo, sino con cada uno de nosotros. Ella está junto a nosotros porque su estado glorioso le permite seguirnos en nuestra vida diaria. Ella conoce todo lo que sucede en nuestra existencia y nos sostiene con amor materno en las pruebas de la vida".

Las Sagradas Escrituras nos enseñan que los que son de Cristo reinarán con El y la Virgen María es de Cristo. "En efecto, si por el delito de uno solo reinó la muerte por un solo hombre ¡con cuánta más razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia, reinarán en la vida por uno solo, por Jesucristo!" Rom 5:17

"si nos mantenemos firmes, también reinaremos con él; si le negamos, también él nos negará" II Tim 2:12

María Santísima es reina de todo lo creado

Si bien todos reinaremos con Cristo, María Santísima participa de Su reinado de una forma singular y preeminente. Esto significa que Dios le ha otorgado Su poder para reinar sobre todos los hombres y los ángeles, y para vencer a Satanás.

María Santísima es Reina de todos:

1- Por ser la madre de Dios hecho hombre, El Mesías, El Rey universal. (Col 1, 16).

Santa Isabel, movida por el Espíritu Santo, hace reverencia a María, no considerándose digna de la visita de la que es "Madre de mi Señor" (Lc 1:43). Por la realeza de su hijo, María posee una grandeza y excelencia singular entre las criaturas, por lo que Santa Isabel exclamó: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno" (Lc 1:42). El ángel Gabriel le dijo a María que su Hijo reinaría. Ella es entonces la Reina Madre. Su reino no es otro que el de Jesús, por el que rezamos "Venga tu Reino". Es el Reino de Jesús y de María. Jesús por naturaleza, María por designio divino. En 1 Reyes 2,19 vemos que la madre del Rey se sienta a su derecha.

La Virgen María es Reina por su íntima relación con la realeza de Cristo.
De la unión con Cristo Rey deriva, en María Reina, tan esplendorosa sublimidad, que supera la excelencia de todas las cosas creadas; de esta misma unión nace su poder regio, por el que Ella puede dispensar los tesoros del reino del Divino Redentor(poder real); en fin, en la misma unión con Cristo tiene origen la eficacia inagotable de su materna intercesión con su Hijo y con el.

2- Por ser la perfecta discípula que acompañó a Su Hijo desde el principio hasta el final, Cristo le otorga la corona. Cf. Ap. 2,10 En María se cumplen las palabras: " el que se humilla será ensalzado". Ella dijo "He aquí la esclava del Señor".

3- Por ser la corredentora. El papa JPII, en la audiencia del 23-7-97 dijo que "María es Reina no sólo porque es Madre de Dios, sino también porque cooperó en la obra de la redención del género humano. Asunta al cielo, María es asociada al poder de su Hijo y se dedica a la extensión del Reino, participando en la difusión de la gracia divina en el mundo". Ella participa en la obra de salvación de su Hijo con su SI en el que siempre se mantuvo fiel, siendo capaz de estar al pie de la cruz (Cf. Jn 19:25) María Santísima, reinando con su hijo, coopera con El para la liberación del hombre del pecado. Todos nosotros, aunque en menor grado, debemos también cooperar en la redención para reinar con Cristo.

4- Por ser el miembro excelentísimo de la Iglesia: por su misión y santidad.
La misión de María Santísima es única pues solo ella es madre del Salvador. “Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar." -Génesis 3:15

Pío XII en 1954, instituyó la fiesta Litúrgica del Reinado de María al coronar a la Virgen en Santa María la Mayor, Roma.

FUNDAMENTO TEOLOGICO DE LA REALEZA DE LA VIRGEN MARIA

La razón por la que la Santísima Virgen María es Reina se fundamenta teológicamente en su divina Maternidad y en su función de ser Corredentora del género humano.
a) Por su divina Maternidad: Es el fundamento principal, pues la eleva a un grado altísimo de intimidad con el Padre celestial y la une a su divino Hijo, que es Rey universal por derecho propio.

En la Sagrada Escritura se dice del Hijo que la Virgen concebi­rá: "Hijo del Altísimo será llamado Y a El le dará el Señor Dios el trono de David su padre y en la casa de Jacob reinará eter­namente y su reinado no tendrá fin" (Lc. 1,32-33). Y a María se le llama "Madre del Señor" (Lc. 1,43); de donde fácilmente se deduce que Ella es también Reina, pues engendró un Hijo que era Rey y Señor de todas las cosas. Así, con razón, pudo escribir San Juan Damasceno: "Verdaderamente fue Señora de to­das las criaturas cuando fue Madre del Creador" (cit. en la Enc. Ad coeli Reginam, de Pío XII, 11-X-1954).

b) Por ser Corredentora del género humano: La Virgen María, por voluntad expresa de Dios, tuvo parte excelentísi­ma en la obra de nuestra Redención. Por ello, puede afir­marse que el género humano sujeto a la muerte por causa de una virgen (Eva), se salva también por medio de una Virgen (María). En consecuencia, así como Cristo es Rey por título de conquista, al precio de su Sangre, también María es Reina al precio de su Compasión dolorosa junto a la Cruz.

`Ta Beatísima María debe ser llamada Reina, no sólo por ra­zón de su Maternidad divina, sino también porque cooperó íntimamente a nuestra salvación. Así como Cristo, nuevo Adán, es Rey nuestro no sólo por ser Hijo de Dios sino tam­bién nuestro Redentor, con cierta analogía, se puede afirmar que María es Reina, no sólo por ser Madre de Dios sino tam­bién, como nueva Eva, porque fue asociada al nuevo Adán" (cfr. Pío XII, Enc, Ad coeli Reginam).

NATURALEZA DEL REINO DE MARIA
El reino de Santa María, a semejanza y en perfecta coincidencia con el reino de Jesucristo, no es un reino temporal y terreno, sino más bien un reino eterno y universal: -"Reino de verdad y de vida, de santidad, de gracia, de amor y de paz" (cfr. Prefacio de la Misa de Cristo Rey).

a) Es un reino eterno porque existirá siempre y no tendrá fin (cfr. Lc. 1,33) y, es universal porque se extiende al Cielo, a la tierra y a los abismos (cfr. Fil. 2,10-11).
b) Es un reino de verdad y de vida. Para esto vino Jesús al mundo, para dar testimonio de la verdad (cfr. Jn. 18,37) y para dar la vida sobrenatural a los hombres.

c) Es un reino de santidad y justicia porque María, la llena de gracia, nos alcanza las gracias de su Hijo para que seamos santos (cfr. Jn. 1,12-14); y de justicia porque premia las buenas obras de todos (cfr. Rom. 2,5-6).

d) Es un reino de amor porque de su eximia caridad nos ama con corazón maternal como hijos suyos y hermanos de su Hijo (cfr. 1 Cor. 13,8).

e) Es un reino de paz, nunca de odios y rencores; de la paz con que se llenan los corazones que reciben las gracias de Dios (cfr. Is. 9,6).

Santa María como Reina y Madre del Rey es coronada en sus imágenes -según costumbre de la Iglesia- para simbo­lizar por este modo el dominio y poder que tiene sobre todos los súbditos de su reino.

Fuente: corazones.org

Como creyentes de Cristo y de María nos faltan  muchas cosas para ser verdaderos hijos de tan misericordiosa Madre. Nadie puede decir que es el más perfecto de los hijos del cielo, el mejor, porque en algo seguramente le hemos fallado. ¿Cuántas veces María siendo reina nos ha dejado mensajes que no cumplimos? Constantemente nos insiste en:

  • No pecar
  • Arrepentirnos
  • Hacer penitencia por nuestros pecados
  • Hacer obras obras de misericordia
  • Hacer el Santo Rosario Mariano y el de la Divina Misericordia diariamente y en familia.
  • Amarnos los unos a los otros como su Hijo nos amó.

Podemos seguir la lista de pedidos que nos hace María y nosotros NO cumplimos cabalmente todo lo que nos pide. Solo nos extasiamos por su presencia, por sus mensajes pero no nos apasionamos en cumplirlos como su Hijo vivió su Pasión por salvarnos.

María es Reina y nos reina, ahora solo falta que como sus hijos y súbditos del Rey de Reyes y de Ella seamos fielmente OBEDIENTES  a sus mandatos.

Yo quiero ser gobernada por mi Amadísimo Cristo Rey y por mi Dulce Reina María y para alcanzar esa gracia de Dios debo recorrer todos los caminos que Ellos me indiquen, ofreciendo mis sufrimientos, mis caídas, mis debilidades a Ellos para que me fortalezcan y llegue a su reino.

Santa Elena

18 de agosto

Nueva imagen (31)Emperatriz romana y santa de las iglesias Católica y Ortodoxa.

Patrona de la arqueología, de la conversión y de los matrimonios difíciles.

Esta gran santa se ha hecho famosa por haber sido la madre del emperador que les concedió la libertad a los cristianos, después de tres siglos de persecución, y por haber logrado encontrar la Santa Cruz en Jerusalén.

Nació en el año 270 en Bitinia (sur de Rusia, junto al Mar Negro). Era hija de un hotelero, y especialmente hermosa. Y sucedió que llegó por esas tierras un general muy famoso del ejército romano, llamado Constancio Cloro y se enamoró de Elena y se casó con ella. De su matrimonio nació un niño llamado Constantino que se iba hacer célebre en la historia por ser el que concedió libertad a los cristianos.

Pero al morir Constancio Cloro, fue proclamado emperador por el ejército el hijo de Elena, Constantino, y después de una fulgurante victoria obtenida contra los enemigos en el puente Milvio en Roma (antes de la cual se cuenta que Constantino vio en sueños que Cristo le mostraba una cruz y le decía: « con éste signo vencerás» ), el nuevo emperador decretó que la religión Católica tendría en adelante plena libertad (año 313) y con éste decreto terminaron tres siglos de crueles y sangrientas persecuciones que los emperadores romanos habían hecho contra la Iglesia de Cristo.

Constantino amaba inmensamente a su madre Elena y la nombró Augusta o Emperatriz, y mandó hacer monedas con la figura de ella, y le dio pleno poderes para que empleara el dinero del gobierno en las obras buenas que ella quisiera. Elena que se había convertido al cristianismo, se fue a Jerusalén, y allá, con los obreros, que su hijo le proporcionó, se dedicó a excavar en el sitio dónde había estado el monte Calvario y allá encontró la cruz en la cual habían crucificado a Jesucristo (por eso la pinta con una cruz en la mano). Aparecieron las tres cruces y para saber cuál era la cruz en la que estuvo clavado Jesús, el obispo Demetrio organizó una procesión solemne, con toda la veneración que el asunto requería, rezando plegarias y cantando salmodias, para poner sobre las cruces descubiertas el cuerpo de una cristiana moribunda por si Dios quisiera mostrar la Cruz de Cristo. El milagro se produjo al ser colocada en sus parihuelas sobre la tercera de las cruces la pobre enferma que recuperó milagrosamente la salud.
Tres partes mandó hacer Elena de la Cruz. Una se trasladó a Constantinopla, otra quedó en Jerusalén y la tercera llegó a Roma donde se conserva y venera en la iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén.

En Tierra Santa hizo construir tres templos: uno en el Calvario, otro en el Monte de los Olivos, y el tercero en Belén. Gastó su vida en hacer buenas obras por la religión y los pobres, y ahora reina en el cielo y ruega por nosotros que todavía sufrimos en la tierra.

Santa Elena nos da una lección muy hermosa: cuando se dispone de mucho dinero es más fructífero utilizarlo en las obras que agraden a Dios y la que ella hizo fue la más grande: encontrar la Cruz donde fue crucificado nuestro Señor. No para el hecho de adorar una simple cruz sino para recordar siempre, cada día de nuestra vida que en esa Cruz Jesús nos mostró todo su amor y agradecerle ese inmenso amor: su vida en la cruz por el perdón de nuestros pecados.

SANTA ROSA DE LIMA

rosaVirgen
"Rosa de Santa María"

Patrona de
América, Perú y las Filipinas
Fiesta 30 de agosto

Rosa de Lima, la primera santa americana canonizada, nació de ascendencia española en la capital del Perú en 1586. Sus humildes padres son Gaspar de Flores y María de Oliva. Aunque la niña fue bautizada con el nombre de Isabel, se la llamaba comúnmente Rosa y ése fue el único nombre que le impuso en la Confirmación el arzobispo de Lima, Santo Toribio. Rosa tomó a Santa Catalina de Siena por modelo, a pesar de la oposición y las burlas de sus padres y amigos. En cierta ocasión, su madre le coronó con una guirnalda de flores para lucirla ante algunas visitas y Rosa se clavó una de las horquillas de la guirnalda en la cabeza, con la intención de hacer penitencia por aquella vanidad, de suerte que tuvo después bastante dificultad en quitársela. Como las gentes alababan frecuentemente su belleza, Rosa solía restregarse la piel con pimienta para desfigurarse y no ser ocasión de tentaciones para nadie.

Una dama le hizo un día ciertos cumplimientos acerca de la suavidad de la piel de sus manos y de la finura de sus dedos; inmediatamente la santa se talló las manos con barro, a consecuencia de lo cual no pudo vestirse por sí misma en un mes. Estas y otras austeridades aún más sorprendentes la prepararon a la lucha contra los peligros exteriores y contra sus propios sentidos. Pero Rosa sabía muy bien que todo ello sería inútil si no desterraba de su corazón todo amor propio, cuya fuente es el orgullo, pues esa pasión es capaz de esconderse aun en la oración y el ayuno. Así pues, se dedicó a atacar el amor propio mediante la humildad, la obediencia y la abnegación de la voluntad propia.

Aunque era capaz de oponerse a sus padres por una causa justa, jamás los desobedeció ni se apartó de la más escrupulosa obediencia y paciencia en las dificultades y contradicciones. Rosa tuvo que sufrir enormemente por parte de quienes no la comprendían. El padre de Rosa fracasó en la explotación de una mina, y la familia se vio en circunstancias económicas difíciles. Rosa trabajaba el día entero en el huerto, cosía una parte de la noche y en esa forma ayudaba al sostenimiento de la familia. La santa estaba contenta con su suerte y jamás hubiese intentado cambiarla, si sus padres no hubiesen querido inducirla a casarse. Rosa luchó contra ellos diez años e hizo voto de virginidad para confirmar su resolución de vivir consagrada al Señor.

Al cabo de esos años, ingresó en la tercera orden de Santo Domingo, imitando así a Santa Catalina de Siena. A partir de entonces, se recluyó prácticamente en una cabaña que había construido en el huerto. Llevaba sobre la cabeza una cinta de plata, cuyo interior era lleno de puntas sirviendo así como una corona de espinas. Su amor de Dios era tan ardiente que, cuando hablaba de El, cambiaba el tono de su voz y su rostro se encendía como un reflejo del sentimiento que embargaba su alma. Ese fenómeno se manifestaba, sobre todo, cuando la santa se hallaba en presencia del Santísimo Sacramento o cuando en la comunión unía su corazón a la Fuente del Amor.

Extraordinarias pruebas y gracias.

Dios concedió a su sierva gracias extraordinarias, pero también permitió que sufriese durante quince años la persecución de sus amigos y conocidos, en tanto que su alma se veía sumida en la más profunda desolación espiritual.

El demonio la molestaba con violentas tentaciones. El único consejo que supieron darle aquellos a quienes consultó fue que comiese y durmiese más. Más tarde, una comisión de sacerdotes y médicos examinó a la santa y dictaminó que sus experiencias eran realmente sobrenaturales.

Rosa pasó los tres últimos años de su vida en la casa de Don Gonzalo de Massa, un empleado del gobierno, cuya esposa le tenía particular cariño. Durante la penosa y larga enfermedad que precedió a su muerte, la oración de la joven era: "Señor, auméntame los sufrimientos, pero auméntame en la misma medida tu amor". Dios la llamó a Sí el 24 de agosto de 1617, a los treinta y un años de edad. El capítulo, el senado y otros dignatarios de la ciudad se turnaron para transportar su cuerpo al sepulcro. El Papa Clemente X la canonizó en 1671.

Santa Rosa nos reta a entregarnos con mas pasión al amado Jesucristo. Es esa pasión de amor la que nos debe mover a vivir en  santidad abrazando nuestra cruz con todo el corazón y saber cargar el peso de esa cruz. Ofreciendo siempre nuestros sufrimientos al Señor. Solo pensemos todo lo que Cristo vivió en su pasión; una viacrucis extremamente doloroso y al sufrir por reparar nuestros pecados y los del mundo consolamos a Jesús pues le ayudamos a cargar esa cruz un miserable momentito; tiempo en que goza nuestro Señor nuestro acompañamiento pues le permitimos descansar tantito, lo consolamos, lo sentimos amado, le hacemos saber que valoramos el precio que pagó por limpiar nuestros pecados y se siente en compañía.

AMA A JESUS TU SALVADOR CON EL AMOR QUE ÉL TE DIO Y SÍGUELO.

SAN AGUSTÍN

Fiesta 28 de agosto

Nueva imagen (27)

Padre y Doctor de la Iglesia, apasionado buscador de la verdad

Uno de los cuatro doctores mas reconocidos de la iglesia latina llamado Doctor de la gracia

"Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón estará insatisfecho hasta que descanse en ti"
354-430 AD

San Agustin nació en Africa del Norte en 354, hijo de Patricio y Santa Mónica. Tuvo un hermano y una hermana que llegó a ser abadesa de un convento y después de su muerte San Agustín escribió una carta dirigida a su sucesora incluyendo consejos acerca de la futura dirección de la congregación; lo que se convirtió en la base para la “Regla de San Agustín”.

 

¡TARDE TE AMÉ! ESTABAS DENTRO DE MÍ, Y YO TE BUSCABA POR FUERA...

 
Agustín de Tagaste era un joven y brillante orador, dotado de una gran inteligencia y un corazón ardiente. Su adolescencia transcurrió entre diversas escuelas de Madaura, Tagaste y Cartago, de manera un tanto turbulenta. Durante años anduvo sin apenas rumbo moral en su vida, muy influida por amistades poco recomendables: «Mientras me olvidaba de Dios —dice de sí mismo—, por todas partes oía: ¡Bien, bien!». «Yo ardía en deseos de hartarme de las más bajas cosas y llegué a envilecerme hasta con los más diversos y turbios amores; me ensucié y me embrutecí por satisfacer mis deseos. Me sentía inquieto y nervioso, solo ansiaba satisfacerme a mí mismo, hervía en deseos de fornicar. (...) ¡Ojalá hubiera habido alguien que me ayudara a salir de mi miseria...!». No era feliz: «Sabía que Dios podía curar mi alma, lo sabía; pero ni quería, ni podía; tanto más cuanto que la idea que yo tenía de Dios no era algo real y firme, sino un fantasma, un error. Y si me esforzaba por rezar, inmediatamente resbalaba como quien pisa en falso, y caía de nuevo sobre mí. Yo era para mí mismo como una habitación inhabitable, en donde ni podía estar ni podía salir. ¿Dónde podría huir mi corazón que huyese de mi corazón? ¿Cómo huir de mí mismo?».

Buscaba la verdad en diversas ideologías. Habló con las figuras intelectuales más destacadas para encontrar respuesta a las situaciones culturales y sociales de su época. Pasaba de maestro en maestro y de ideología en ideología. Pero nada le llenaba el corazón. Leía incesantemente. Triunfó dando clases y conferencias, hasta convertirse en un personaje de moda. Era un pensador influyente al que llamaban de todos los sitios.

Estando en Milán, en el año 384, acudía, sin demasiada buena disposición, a escuchar las homilías de Ambrosio, obispo de la ciudad. Ambrosio era un hombre de una gran talla intelectual, y Agustín estaba interesado en su oratoria, no en su doctrina, pero «al atender para aprender de su elocuencia —explicaba—, aprendía al mismo tiempo lo que de verdadero decía». Le parecía que aquel hombre explicaba de un modo distinto los pasajes de la Sagrada Escritura que él ridiculizaba en sus clases y que ahora le empezaron a parecer verdaderos.

El 1 de enero del año 385 se estaba preparando para hablar ante toda la Corte del Emperador Valentiniano, instalada por entonces en aquella ciudad. Agustín estaba consiguiendo sus propósitos de triunfar gracias a su elocuencia, pese a ser aún muy joven. Pero notaba que algo en su vida estaba fallando. «Al volver —escribiría más adelante—, y pasar por una de las calles de Milán, me fijé en un pobre mendigo que, despreocupado de todo, reía feliz. Yo, entonces, interiormente, lloré».
Una cascada de sentimientos se desbordó en el corazón de Agustín. Caminaba, como siempre, rodeado de un grupo de amigos. «Les dije que era nuestra ambición la que nos hacía sufrir y nos torturaba, porque nuestros esfuerzos, como esos deseos de triunfar que me atormentaban, no hacían más que aumentar la pesada carga de nuestra infelicidad».

«No hago más que trabajar y trabajar para lograr mis objetivos, y cuando los consigo, ¿soy más feliz? No. Tengo que seguir bregando contra todo y contra todos para mantenerme en mi puesto. Mientras tanto, ese tipo vive tan contento sin tener nada... Bueno; no sé si estará contento, no sé si será realmente feliz, pero, desde luego, el que no soy feliz soy yo... No es que me guste su vida, ¡es mi vida la que no me gusta! He conseguido un estatus, una posición económica y cultural... ¿y qué?». «No compares —le dijeron sus amigos—. Ese tipo se ríe porque habrá bebido. Y tú tienes todos los motivos para estar feliz, porque estás triunfando...». Sí, estaba triunfando, pero aquellos éxitos en su cátedra y en sus conferencias, más que alegrarle, le deprimían. «Al menos —se decía— ese mendigo se ha conseguido el vino honradamente pidiendo limosna, y yo... he alcanzado mi estatus a base de traicionarme a mí mismo. Si el mendigo estaba bebido, su borrachera se le pasaría aquella misma noche, pero yo dormiría con la mía, y me despertaría con ella, y me volvería a acostar y a levantar con ella día tras día».

La crisis se había desencadenado. Pero la lucha no había hecho más que empezar, llena de vacilaciones. «La fe católica me da explicaciones a lo que me pregunto...; sin embargo, ¿por qué no me decido a que me aclaren las demás cosas?».

En su vida moral seguía haciendo lo que le apetecía. Deseaba salir de aquella situación, pero, a la vez, se sentía incapaz. «Si uno se deja llevar por esas pasiones, al principio se convierten en una costumbre, y luego en una esclavitud...». Era un esclavo de esas pasiones, lo reconocía. Por eso, el tiempo pasaba y Agustín se resistía a cambiar. «Deseaba la vida feliz del creyente, pero a la vez me daba miedo el modo de llegar a ella». «Pensaba que iba a ser muy desgraciado si renunciaba a las mujeres...». «¡Qué caminos más tortuosos! Ay de esta alma mía insensata que esperó, lejos de Dios, conseguir algo mejor. Daba vueltas, se ponía de espaldas, de lado, boca abajo..., pero todo lo encontraba duro e incómodo...».

Agustín va poco a poco logrando vencer la sensualidad y la soberbia, pero se encuentra también con otro poderoso enemigo: «Me daba pereza comenzar a caminar por la estrecha senda». «Todavía seguía repitiendo como hacía años: mañana; mañana me aparecerá clara la verdad y, entonces, me abrazaré a ella».
El proceso de su conversión pasó —según contaría él mismo en su libro “Las Confesiones”— por multitud de pequeños detalles. El paso definitivo se produjo un día de agosto del año 386, en que recibió la visita de su amigo Ponticiano. Tuvieron una animada conversación. En un momento dado, Ponticiano le contó la historia de un monje llamado Antonio, y luego, viendo el creciente interés de Agustín, una anécdota suya personal. Le contaba esas cosas con intención de acercarle a Dios, pero probablemente no sospechó el fuerte influjo que produjeron en Agustín. «Lo que me contaba Ponticiano me ponía a Dios de nuevo frente a mí, y me colocaba a mí mismo enérgicamente ante mis ojos para que advirtiese mi propia maldad y la odiase. Yo ya la conocía, pero hasta entonces quería disimularla, y me olvidaba de su fealdad». «Me puso cara a cara conmigo mismo para que viese lo horrible que era yo.»

Mientras su amigo hablaba, Agustín pensaba en su alma, que encontraba tan débil, oprimida por el peso de las malas costumbres que le impedían elevarse a la verdad, pese a que ya la veía claramente. «Habían pasado ya muchos años, unos doce aproximadamente, desde que cumplí los diecinueve, desde aquel año en que por leer a Cicerón me vi movido a buscar la sabiduría.» «Había pedido a Dios la castidad, aunque de este modo: “Dame, Señor, la castidad y la continencia, pero no ahora”, porque temía que Dios me escuchara demasiado pronto y me curara inmediatamente de mi enfermedad de concupiscencia, que yo prefería satisfacer antes que apagar.» «Se redoblaba mi miedo y mi vergüenza a ceder otra vez y no terminaba de romper lo poco que ya quedaba».

Ponticiano terminó de hablar, explicó el motivo de su visita, y se fue. El combate interior de Agustín se acercaba a su final. Cada vez faltaba menos, pero «podía más en mí lo malo, que ya se había hecho costumbre, que lo bueno, a lo que no estaba acostumbrado.»

Se decía: «¡Venga, ahora, ahora!». Pero cuando estaba a punto... se detenía en el borde. Era como si los viejos placeres le retuviesen, diciéndole bajito: «¿Cómo? ¿Es que nos dejas? ¿Ya no estaremos contigo, nunca, nunca? ¿Desde ahora ya no podrás hacer eso... , ni aquello? ¡Y qué cosas, Dios mío, me sugerían con las palabras eso y aquello!». Los placeres seguían insistiéndole: «¿Qué? ¿Es que piensas que vas a poder vivir sin nosotros, tú? ¿Precisamente tú...?». Miró a su alrededor. Muchos lo habían logrado. «¿Por qué no voy a poder yo —se preguntó— si éste, si aquel, si aquella, han podido?».

Salió con su amigo Alipio al jardín de la casa. «¡Hasta cuándo —se preguntaba—, hasta cuándo, mañana, mañana! ¿Por qué no hoy? ¿Por qué no ahora mismo y pongo fin a todas mis miserias?». Mientras decía esto, oyó que un niño gritaba desde una casa vecina: «¡Toma y lee! ¡Toma y lee!». Pensó que Dios se servía de ese chico para decirle algo. Corrió hacia el libro, y lo abrió al azar por la primera página que encontró. Leyó en silencio: «No andéis más en comilonas y borracheras, ni haciendo cosas impúdicas. Dejad ya las contiendas y peleas. Revestíos de Nuestro Señor Jesucristo, y no busquéis cómo contentar los antojos de la carne y de sus deseos.» Esa era la respuesta. Era «Como si me hubiera inundado el corazón una fortísima luz, se disipó toda la oscuridad de mis dudas». Cuando se tranquilizó un poco se lo contó a Alipio, que quiso ver lo que había leído. Se lo enseñó y su amigo se fijó en la frase siguiente del texto de la Escritura, en la que no había reparado. Seguía así: «Recibid al débil en la fe».

A los pocos meses, en la Vigilia Pascual, recibieron el bautismo Agustín, su hijo y su amigo. Años después, escribiría: «Tarde te amé, Belleza, tan antigua y tan nueva, ¡tarde te amé! Estabas dentro de mí, y yo te buscaba por fuera... Me lanzaba como una bestia sobre las cosas hermosas que habías creado. Estabas a mi lado, pero yo estaba muy lejos de Ti. Esas cosas... me tenían esclavizado. Me llamabas, me gritabas, y al fin, venciste mi sordera. Brillaste ante mí y me liberaste de mi ceguera... Aspiré tu perfume y te deseé. Te gusté, te comí, te bebí. Me tocaste y me abrasé en tu paz».

El camino de San Agustín hacia la conversión refleja muy bien la tendencia de todo hombre a retrasar las decisiones que vemos bastante claras con la cabeza pero a las que se opone la resistencia de nuestras pasiones. Las llamadas de Dios chocan contra ese muro en nuestro interior, que retrasa nuestras respuestas, nos desvía del camino y ese mañana debe ser AHORA pues la hora de la salvación es corta.
Si nos tomamos tiempo para considerar con calma las cosas en la presencia de Dios, para reflexionar y obrar con madurez y libertad, es algo prudente, lógico y necesario. Pero si nos tomamos ese tiempo para ver si así se diluyen las cosas y se pierde la voz del Señor en el ruido de fondo de nuestra vida, entonces nos estamos autoengañando, como explicaba San Agustín. Quizá entonces, a ese “mañana, mañana...” haya que encararse pensando si no es nuestro hoy precisamente el que nos pide Dios.
Si se entiende bien lo que supone descubrir y conocer el designio de Dios para nuestra vida, lo propio no es la espera, sino la esperanza. Hemos de fomentar la esperanza de ese encuentro con Dios. La espera puede aguardarse durmiendo, la esperanza, caminando. La espera es un sillón; la esperanza, una bandera. La espera, un refugio cómodo; la esperanza cristiana, una virtud aguerrida. Los verdaderos tiempos de Dios implican un sentido de urgencia. Si pensamos en tantas personas que aún no conocen a Dios, en todas las que le conocen pero no le aman, y en todas las que le odian, y en las que mueren sin haber oído siquiera hablar de Él, entonces entendemos que es URGENTE IR CON DIOS.

La preparación y la buena predisposición han de ser meditadas y maduradas. Aunque podemos responder a Dios inmediatamente, como lo hizo la Virgen «Hágase en mí según tu palabra» . Dios en estos tiempos nos requiere con prontitud porque la hora en que Él vendrá es corta.

Siempre pedimos tiempo y calma, ¿para decidir o para olvidar? Así lo relataba San Agustín: «Me encontraba en la situación de uno que está en la cama por la mañana. Le dicen: ”¡Fuera!, levántate, Agustín”. Yo decía, al contrario: “Sí, más tarde, un poco más todavía”. Al fin, el Señor me dio un buen empujón y salí.»

Agustín fue un apasionado buscador de la verdad. Al final descubrió que solo en Dios se pueden saciar los deseos profundos del corazón humano y darnos la verdadera felicidad. Su vida nos muestras que comúnmente el ser humano al buscar la felicidad tan anhelada, la buscan recorriendo caminos equivocados y se pierden en callejones sin salida, en donde al final del callejón encuentran a Dios y en Él la felicidad eterna.

Su filosofía nos deja grandes enseñanzas:

El amor sincero y verdadero solo es posible tenerlo en Dios, quien está dentro de nosotros mismos. Un amor sincero que no espera ni reclama pero que se goza en el inmenso amor de Dios.

La verdad es Cristo, es nuestro Creador, nuestro Salvador y somos de Él. Para conocerle es necesario conocer su palabra: La Sagrada Escritura.

La conversión profunda vivida al tener su encuentro con Jesús Resucitado en el que creyó y le abrió s corazón y le permitió dejar hacer su voluntad entregándole su vida de trabajo a su servicio.

NO divaguemos buscando quien es el verdadero Dios ni cuál es la religión correcta. San Agustín nos muestra que solo hay un solo Dios que es Jesucristo, el Crucificado y lo conoció resucitado. Agustín tuvo la dicha de ser el compañero evangelizador de San Pedro, (quien fue el primer Papa de la Iglesia Católica) en quien Jesús edificó su Iglesia.

Al leer las Confesiones de San Agustín  nos daremos cuenta del proceso que obró en él y cómo todas las creaturas de Dios estamos llamados a la conversión. al servicio de Dios, a amarlo y dar testimonio de Él.

Ama al Señor tu Dios por sobre todas las cosas.


 

Fuente:Alfonso Aguiló interrogantes.net

LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR

6 de agosto

Nueva imagen (4)

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. ..Una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: -«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.» Jesús les mandó: -«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.» san Mateo 17, 1-9

Por medio de la transfiguración de Cristo en la montaña, los discípulos pudieron contemplar su gloria y hacerse capaces de comprender el misterio de la crucifixión libremente aceptada, y de proclamar que Cristo es el resplandor de la gloria del Padre.

“Jesús había anunciado a los suyos la inminencia de su Pasión y los sufrimientos que había de padecer a manos de los judíos y de los gentiles. Y los exhortó a que le siguieran por el camino de la cruz y del sacrificio (Mt 16, 24 ss). Nuestra vida es un camino hacia el Cielo, que pasa a través de la Cruz y del sacrificio.

La transfiguración del Señor es un signo y anticipo de la glorificación de Cristo, y de que somos hijos de Dios, herederos de Dios, coherederos de Cristo. Pidamos a Nuestra Señora que sepamos ofrecer con paz el dolor y la fatiga que cada día trae consigo y que carguemos con amor nuestra cruz para seguir a Cristo.

LECTURA BIBLICA

“LA VERDAD OS HARÁ LIBRES”

GUIA PARA LA LECTURA DIARIA DE LA SANTA BIBLIA

Siguiendo el método que se presenta a continuación, podrán ser leídos todos los libros sagrados en el espacio de un año, con solo dedicar a su lectura un cuarto de hora diaria. Así se ganaran indulgencias que concede la iglesia católica a los que practican este ejercicio con la debida reverencia y a manera de lectura espiritual.

Fuente: Catholic.net

Leamos quince minutos diarios en familia, algún texto de la Sagrada Escritura, en donde encontraremos la sabiduría. Dice San Pablo: “Si yo no tengo amor, yo nada soy” Si no amas a Dios no lo conoces y para conocerlo hay que leer su Palabra y entender sus mensajes.

Antes de leer la Biblia hacer lo siguiente:

1. La señal de la Cruz

2. Credo

3. Oración para antes de leer la Sagrada Biblia

Al terminar de leer un capítulo de la Biblia:

1. Reflexionar el mensaje que Dios nos transmite.

2. Establecer propósitos para vivir el mensaje de la Palabra de Dios.

3. Tratar con la mayor fidelidad posible cumplir los propósitos.(E iniciarás una vida de santidad)

Al final de leer lo que corresponde al día dar gracias a Dios por el don de entendimiento y santiguarse.

ORACION PARA ANTES DE LEER LA SAGRADA BIBLIA.

Espíritu Santo, abre mi entendimiento en la lectura de la Sagrada Palabra de Dios; dispón mi corazón para escuchar lo que Él quiere decirme; y sobre todo que sirva para mi conversión y crecimiento espiritual. Dame un corazón dócil y generoso para que sepa practicar tus divinas enseñanzas y al conocer la verdad pueda ser libre. Te lo suplico por los méritos del que es nuestro Camino, nuestra Verdad y nuestra Vida, Jesucristo tu único Hijo y Señor nuestro, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la gracia, el que Contigo y el Espíritu Santo vive y reina, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

 

AGOSTO

FECHA

ANTIGUO

TESTAMENTO

NUEVO

TESTAMENTO

AGO 1

NEHEMÍAS 10 Y 11

PROVERBIOS 22

AGO 2

NEHEMÍAS 12 Y 13

PROVERBIOS 23

AGO 3

ESTHER 1 Y 2

PROVERBIOS 24

AGO 4

ESTHER 3 Y 4

PROVERBIOS 25

AGO 5

ESTHER 5 Y 6

PROVERBIOS 26

AGO 6

ESTHER 7 Y 8

PROVERBIOS 27

AGO 7

ESTHER 9 Y 10

PROVERBIOS 28

AGO 8

ESTHER 11 Y 12

PROVERBIOS 29

AGO 9

ESTHER 13 Y 14

PROVERBIOS 30

AGO 10

ESTHER 15 Y 16

PROVERBIOS 31

AGO 11

JOB 1 Y 2

ROMANOS 1

AGO 12

JOB 3 Y 4

ROMANOS 2

AGO 13

JOB 5 Y 6

ROMANOS 3

AGO 14

JOB 7 Y 8

ROMANOS 4

AGO 15

JOB 9 Y 10

ROMANOS 5

AGO 16

JOB 11 Y 12

ROMANOS 6

AGO 17

JOB 13 Y 14

ROMANOS 7

AGO 18

JOB 15 Y 16

ROMANOS 8

AGO 19

JOB 17 Y 18

ROMANOS 9

AGO 20

JOB 19 Y 20

ROMANOS 10

AGO 21

JOB 21 Y 22

ROMANOS 11

AGO 22

JOB 23 Y 24

ROMANOS 12

AGO 23

JOB 25 AL 27

ROMANOS 13

AGO 24

JOB 28 Y 29

ROMANOS 14

AGO 25

JOB 30 AL 31

ROMANOS 15

AGO 26

JOB 32 Y 34

ROMANOS 16

AGO 27

JOB 35 Y 36

I CORINTIOS 1

AGO 28

JOB 37 Y 38

I CORINTIOS 2

AGO 29

JOB 39 Y 40

I CORINTIOS 3

AGO 30

JOB 41 Y 42

I CORINTIOS 4 Y 5

No te hagas sordo, que no escuches el llamado de Dios ni su Santa Palabra, más bien ponte alerta y atiende tu crecimiento espiritual.

En el mes de Marzo encuentran la GUIA PARA LA LECTURA DE LA BIBLIA completa.