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jueves, 5 de septiembre de 2013

La verdad os hará libres

Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. Mt 4,10

El pecado nos hace esclavos, uno llama a otro, hasta que se hace imposible salir. Jn 8, 31-42

Del santo Evangelio según san Juan 8, 31-42

En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». Jesús se refería a hacerlos libres del pecado: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo.

Es necesario creer en el Hijo de Dios, cumplir sus leyes y mandamientos “amándonos los unos a los otros” como hermanos de Cristo.

En las siguientes citas podemos confirmar que Dios es la verdad, y que Él nos hace LIBRES de los pecados que nos oprimen. Jesús es la Verdad, la Palabra de Dios y Dios nos ama inmensamente. Es nuestra Luz que disipa las tinieblas.

Isaías (4, 18-19;

En mi corazón he guardado tu palabra, para no pecar contra ti. (Salmo 119:11)

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos que Cristo Jesús vino al mundo para salvar (liberar) a los pecadores. (1 Timoteo 1:15

Gracia y paz sean a vosotros, de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo, el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo. . (Gálatas 1:3-4)

Jesús le dijo: Yo soy el camino la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí. (Juan 14:6 )

¡Antes bien, bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la obedecen! (Lucas 11:28)

Lámpara es a mis pies y lumbrera a mi camino. (Salmo 119:105)

Si me aman, guardarán mis mandamientos.

¿Quieres ser LIBRE?

Inicia la conversión y conoce la Verdad: Jesús, Hijo de Dios, nuestro Salvador. Para conocerlo hay que leer las Sagradas Escrituras. Pues ignorar la Biblia, es ignorar a Jesús, que es la Palabra de Dios, la Luz que nos ilumina. Nuestro Salvador.

¿De qué nos hace  LIBRES, Jesús?

  • De la esclavitud: de la maldad, del engaño del enemigo, de la falsa libertad, de los pecados, del ABORTO, fornicación, adulterio, amasiato, etc..
  • De la oscuridad.
  • De toda tentación.
  • De la DESOBEDIENCIA a los mandamientos de Dios. Falta de amor a Él
  • De nuestra pobreza: limitaciones, debilidad, falta de confianza en Dios, miedo a la verdadera Libertad, a dar la cara por anunciar el Evangelio, a enfrentarnos con nuestra conciencia, de no entender el Evangelio, de buscarlo solo como remedio a nuestras necesidades, no agradecerle ni alabarle. De no ser verdaderamente santos como Él nos creó.De nuestra falta de generosidad, sencillez y humildad.

     

Tu Palabra Encarnada

(E. González Buelta)

Tu Palabra se hizo carne
y mi carne se hace hoy palabra tuya,
tallada con tu brisa de absoluto
en mi roca de límite y distancia.

 
Soy ágil libertad
en tu corazón que me anida
y en tu pensamiento que me crea.
Soy palabra como espada de dos filos
en tu mano de profeta,
y palabra de corazón cercano
en tus ojos de hogar universal.


Soy palabra ronca
de tanto sufrimiento,
parida por gargantas enlazadas,
en tu pueblo que grita su gemido.
Soy palabra tuya, nazarena y pobre,
con olor a tierra mojada de camino,
y a mar con rumores de salitres
y gentes en la playa a la deriva.
Soy palabra hecha silencio
remansada en el invierno
donde todo saber se acaba,
y nace nueva como flor de primavera
en el tronco mutilado por la poda.
Soy palabra llevada por los vientos
hasta puertas y ventanas,
que se hospeda donde abren,
o se pierde jugando en cualquier calle.

"Dichosos los que escuchan la Palabra y la practican"

Leamos algunos textos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento que nos propone la Vicaría Pastoral, en los que se destaca la necesidad de ESCUCHAR la Palabra de Dios y de OBEDECER lo que Dios quiere para nuestras vidas.

Guía 1: Shema, Israel (Deuteronomio 6, 4-10)
Guía 2: Esdras lee al pueblo el libro de la Ley (Nehemías 8, 1-12)
Guía 3: Obediencia o desobediencia de la Palabra (Jeremías 22)
Guía 4: Parábola del sembrador (Macabeos 4, 3-9)

GUÍA 1 Shema, Israel (Dt 6, 4-10)

Podemos iniciar con la invocación al Espíritu Santo (o con un canto):

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Señor, te damos gracias
porque nos reúnes una vez más
en tu presencia.
Señor, tú nos pones frente a tu Palabra,
ayúdanos a acercarnos a ella
con reverencia, con atención, con humildad.
Envíanos tu Espíritu
para que podamos acogerla
con verdad, con sencillez,
para que ella transforme nuestra vida.
Que tu Palabra penetre en nosotros
como espada de dos filos.
Que nuestro corazón esté abierto,
como el de María, Madre tuya y Madre nuestra.
Y como en ella la Palabra se hizo carne,
también en nosotros esta Palabra tuya
se transforme en obras de vida
según tu voluntad. Amén.

Leer Deuteronomio 6, 4-9.

Escucha, Israel: Yahvé, nuestro Dios, es Yahvé-único. Y tú amarás a Yahvé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Graba en tu corazón los mandamientos que yo te entrego hoy, repíteselos a tus hijos, habla de ellos tanto en casa como cuando estás de viaje, cuando te acuestes y cuando te levantes. Grábalos en tu mano como una señal y póntelos en la frente como tu distintivo; escríbelos en los pastes de tu puerta y a la entrada de tus ciudades.

Orientaciones para la lectura:

Preguntemos: ¿A qué es invitado el pueblo de Israel? ¿Cuáles son las órdenes aquí dadas al pueblo de Israel?

Escucha, Israel: Yahvé nuestro Dios es el único Yahvé. Es la oración llamada Shema, en su forma fundamental.  Esta es la oración más importante para los judíos. La recitan en todas sus fiestas, y momentos importantes de su vida; por la mañana y por la tarde.

La escucha, que lleva a la obediencia es la primera actitud con que se puede rendir homenaje a Dios que nos dirige su Palabra (Véase: Dt 4, 1; 5, 1; 9, 1; 11, 13; 20, 3…).

En ella destaca el monoteísmo, tan firmemente afirmado por el pueblo de Israel.

Amarás a Yahvé tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. A diferencia de otros textos en los que la motivación al cumplimiento de los mandamientos es el temor de Dios, aquí el acento está en el amor. Corazón, alma y fuerzas expresan que el fiel ha de amar a Dios con todo su ser.

Queden en tu corazón estas palabras. ¿A cuáles palabras se refiere? A los mandamientos; basta que leamos con atención Dt 5, 1.22.31; 6, 1 para caer en la cuenta que se trata de los mandamientos, las normas, los preceptos que Dios ha dado al pueblo de Israel.

Las repetirás, les hablarás, las atarás, serán como una insignia, las escribirás. Se trata de un aprendizaje, en constante crecimiento; por eso, la insistencia en “se las repetirás a tus hijos”, “les hablarás de ellas” en todo momento. Aunque el verbo recordar no es usado en este texto; sin embargo, no basta con hablar de estas palabras, es necesario escribirlas para recordarlas siempre. Y a lo largo del Deuteronomio se invitará al fiel a recordar las palabras de Yahvé.

En el Deuteronomio hay una invitación constante a la obediencia a Dios. Quien escucha y obedece a Dios, tendrá la bendición de Dios y, será feliz; pero quien no obedece a Dios, tendrá la maldición de Dios y, será infeliz.

MEDITACIÓN: ¿Qué nos dice a nosotros hoy este texto?

¿Escuchamos a Dios que nos sigue hablando? ¿Amamos a Dios con todo nuestro ser? ¿Conocemos a profundidad el designio amoroso de Dios? ¿Les enseñamos a nuestros hijos (a los pequeños) a amar a Dios y a cumplir sus mandamientos? Todo esto, ¿cómo y en qué medida?

Recordemos que cuando Jesús fue interrogado acerca del mandamiento más importante, contestó con el Shemá (Mc 12, 28-34).

Cristiano, escucha: eso es lo primero y lo que está a la base de toda nuestra fe y, de nuestra vida cristiana: Jesús es nuestro único Señor. San Pablo también dirá que Jesús es el único Mediador y Cristo.

ORACIÓN: ¿Qué le decimos a Dios, una vez que Él nos ha dirigido su palabra?

Señor, quiero escucharte; estar siempre atento a tu Palabra…

Aunque hay en oferta muchas palabras que pretenden dar razón a mi vida, tu Palabra Señor, es la única que le da sentido a mi existencia…

Concédeme, Señor, que te ame con todo mí ser: mi corazón, mi alma, mis fuerzas…

Recitar:

Escucha, tú, la Palabra de Dios; no sólo con tus oídos, también con tu corazón.

Escucha, tú, la Palabra de Dios y estate siempre atento a su voz.

Déjala entrar dentro de tu corazón, da tu pan al pobre, préstale tu voz.

Ama a Dios, ama a Dios; con tu caridad, haz que su Palabra llegue a los demás”.

CONTEMPLACIÓN: ¿A qué me comprometo (nos comprometemos) a partir del mensaje que el Señor nos ha comunicado en su Palabra?

Dejamos un momento de silencio para que cada quien piense en la tarea que va a realizar o el compromiso que va a asumir…

Podemos ponernos de acuerdo en una tarea común y expresarla en una breve frase.

Un compromiso podría ser: le vamos a dedicar 30 minutos diarios a la lectura orante de la Biblia.

Recitemos juntos un salmo que nos anima a la escucha de la Palabra: Sal 118, 1-8 [y en cada Lectio Divina que practiquemos podemos terminar con una parte de este Salmo con el que Israel expresa su piedad hacia la revelación divina].

Podemos cantar: “Escucha, Israel”, o “Escuchar tu Palabra”.

Guía 2

Esdras lee al pueblo el libro de la ley
Nehemías 8, 1-12

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO:
Vayamos a una profundización del texto para interpretar y comprender mejor su sentido. Hacer la invocación de San Lucas.

LECTURA: ¿Qué dice el texto?

1 En el séptimo mes todo el pueblo se reunió como un solo hombre en la plaza que se encuentra frente a la Puerta del Agua, y pidieron a Esdras que trajera el libro de la Ley de Moisés, que Yavé había dado a Israel. 2 Esdras trajo la Ley ante la asamblea, en que se mezclaban hombres y mujeres, y todos los niños que podían entender lo que se iba a leer. Era el primer día del séptimo mes. 3 Esdras leyó en el libro, ante todos ellos, desde la mañana hasta el mediodía, en la plaza que está enfrente de la Puerta del Agua; y todos los oídos estaban pendientes del libro de la Ley. 4 El maestro de la Ley, Esdras, estaba de pie sobre una tarima de madera levantada para esta ocasión y junto a él, a su derecha, Matatías, Sena, Anaías, Urías, Jilquías y Maaseías, y a su izquierda, Pedaías, Misael, Malquías, Jasum, Jasbaddná, Zacarías y Mesul-lam. 5 Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo, pues estaba en un lugar más alto que ellos, y, cuando lo abrió, el pueblo entero se puso de pie. 6 Esdras bendijo a Yavé, el Dios grande; y todo el pueblo, alzando las manos, respondió: “¡Amén! ¡Amén!” Y se postraron rostro en tierra. 7 Los levitas, Josué, Baní y sus demás hermanos explicaban la Ley al pueblo, que seguía de pie. 8 Leyeron en el libro de la Ley de Dios, aclarando e interpretando el sentido, para que todos comprendieran lo que les estaban leyendo. 9 Entonces Esdras, maestro de la Ley, dijo al pueblo: “Este día está dedicado a Yavé, el Dios de ustedes, no estén tristes ni lloren.” Porque todos lloraban al oír la lectura de la Ley. 10 Les dijo entonces: “Vayan a comer comidas grasosas, tomen bebidas dulces y denle una ración al que no la tiene preparada. Porque este día está dedicado al Señor. No estén tristes. La alegría de Yavé es nuestro amparo". 11 También los levitas tranquilizaron al pueblo diciéndole: “Dejen de llorar. Este día es día de fiesta. No estén tristes.” 12 Y el pueblo se fue a comer, a beber y a repartir porciones, a hacer una gran fiesta, porque habían entendido lo que les habían dicho.

Algunas notas para comprensión del texto

Situemos este pasaje al tomar algunos datos históricos, porque probablemente Nehemías y Esdras formaron un solo libro, liados a los libros de crónicas, estudiosos consideran una única obra escrita hacia el año 400 a.C. cuando los exiliados en Babilonia regresan a la tierra de Israel, y cabe citar del libro de Esdras a Ciro, Rey de Persia, para que se cumpliera la palabra el Señor anunciada por el profeta Jeremías (Esdras 1, 1-4).

Los exiliados tienen preocupación por los preparativos para la reconstrucción del templo de Jerusalén. El Templo es el símbolo material de la presencia permanente de Dios en medio de su pueblo, así que reconstruir el templo y ante todo reconstruir el Altar de los holocaustos es prioritario para los repatriados.

No todo está perdido la acción combinada de un Sacerdote (Esdras) exigente y erudito, y de un laico (Nehemías) enérgico y comprometido, ha conseguido el milagro de reconstruir la comunidad de salvación.

Esta lectura marcó una fecha muy importante en la historia de Israel. El pueblo de Israel sufría rezando y participando en las ceremonias del templo y no sentían la necesidad de leer la Torah.

Esdras siente la necesidad que la comunidad judía tendrá que desarrollarse en torno a la lectura de los libros sagrados, los cuales se conservaban en el templo, no estaban al alcance del pueblo ni eran base de su fe.

Por eso el primer día del séptimo mes reunido todo el pueblo, Esdras trajo la Ley ante la asamblea, en que se mezclaban hombres, mujeres y todos los niños que podían entender todo lo que se iba a leer; y todos los oídos estaban pendientes del libro de la Ley, podría haber sido, podría haber sido el libro del Deuteronomio. Esdras sube en un lugar más alto y a la vista de todos abre el libro, después de la alabanza con la que abría la celebración, (v6). Esdras bendice al Señor el Gran Dios; y todo el pueblo levantando las manos, respondió “Amén”, y postrados rostro en tierra adoraron al Señor.

Viene enseguida una homilía, a la que debe de corresponder una conversión de corazón. Por la que los levitas ofrecen una explicación o traducción por si el pueblo ya no entendía el hebreo y había que explicarles en arameo. El pueblo responde primero con un llanto que podría ser una expresión de arrepentimiento ante las palabras de la Ley.

Pero como esto era más propio de una liturgia penitencial, los dirigentes exhortan a acoger la Palabra, más bien con gozo en el Señor. Esdras entiende que en adelante la comunidad judía se desarrollará en torno a la lectura la meditación y la interpretación del libro sagrado, empiezan nuevos tiempos en que los libros de la Ley serán norma de Fe. Esto es motivo de hacer fiesta porque este día es dedicado a Yahvé, no se debe de estar triste ni llorando, vayan, coman y beban, denle al que no venga preparado, a hacer una gran fiesta porque habían entendido lo que les habían dicho.

  • Los capítulos 8 al 10 forman una unidad, que constituye el punto culminante del conjunto de Esdras y Nehemías, cuyo centro es la proclamación pública de la ley de Moisés.

  • Contexto litúrgico, con un orden habitual: 1) Se convoca a la asamblea, 2) se prepara a los participantes para que escuchen, 3) se proclama la ley, 4) se añade una explicación. (Biblia de la Iglesia de América).

MEDITACIÓN: ¿Qué me dice el texto?

Éste momento es importante porque el Espíritu Santo nos ayuda a discernir lo que el Señor quiere decirnos. Con la siguiente pregunta, Podemos observar mejor la realidad:

Preguntémonos: ¿Quién es el pueblo que hoy se congrega en un lugar para escuchar la Ley? Sabemos que la Ley es la Palabra de Dios, y lo es también para nosotros hoy; sin embargo, ¿Nos congregamos para escuchar la Palabra de Dios? ¿Comprendo por qué nos ponemos de pie al escuchar la Palabra de Dios?

Éste pasaje del antiguo testamento nos enseña que la palabra de Dios no debe de ser ignorada, porque Ella ilumina la vida de todo el Pueblo de Dios, dejarla aparte y dedicarse a solo dar culto sin tomarla en cuenta lleva a desconocer todo lo que Dios quiere de su pueblo, Dios hizo una alianza con su pueblo, los sacerdotes y profetas lo venían predicando pero no sentían la necesidad de leer y mucho menos meditar la Torah. Tomando en cuenta los contextos al pueblo solo le interesaba reconstruir el templo y el altar de los holocaustos que vienen siendo símbolos materiales. Es probable que el pueblo durante su exilio sintiera que Dios los castigaba que los tenía olvidados, y su respuesta era olvidarse de la alianza de Dios con su pueblo, no se acordaban de retomar los escritos Sagrados.

No estén tristes porque celebrar al Señor es nuestra fuerza. Esdras y Nehemías, principales personajes contribuían al renacimiento del pueblo de Israel y la reconstrucción de Jerusalén después del exilio de Babilonia. Pero no solo es reconstruir, el verdadero programa de la reconstrucción es la Palabra de Dios, se trata de ir a la raíz de aquello que ha provocado el castigo del exilio a Israel y la destrucción de Jerusalén; su infidelidad a la alianza, su pecado.

La reconstrucción es retornar al proyecto de Dios, es hacerse nuevamente dignos de sus promesas y de sus bendiciones, obedecer su voluntad, mantenerse fieles a la alianza. A la luz de la Palabra de Dios, está primero la reconstrucción interior del hombre, y después la reconstrucción material de la ciudad, destruida por los pueblos invasores.

ORACIÓN: ¿Qué le digo a Dios desde el interior de mi corazón?

ANIMADOR: La oración bien por la meditación, e una manera silenciosa y de adoración al Señor.

Recitemos juntos el Salmo 18.

2 Los cielos cuentan la gloria del Señor,
Proclama el firmamento
la obra de sus manos.

3 Un día al siguiente la pasa el mensaje
Y una noche a la otra se lo hace saber.

4 No hay discursos ni palabras
Ni voces que se escuchen,
5 mas por todo el orbe se capta su ritmo,
Y el mensaje llega hasta el fin del mundo.

6 Al sol le fijó una tienda en lontananza,
De allí sale muy alegre,
Como un esposo que deja su alcoba,
Como atleta a correr su carrera.

7 Sale de un extremo de los cielos
Y en su vuelta, que alcanza al otro extremo,
No hay nada que se escape a su calor.

8 La ley del Señor es perfecta,
Es remedio para el alma,
Toda declaración del Señor es cierta
Y da al sencillo la sabiduría.

9 Las ordenanzas del Señor son rectas
Y para el corazón son alegría.
Los mandamientos del Señor son claros
Y son luz para los ojos.

10 El temor del Señor es un diamante,
Que dura para siempre;
Los juicios del Señor son verdad,
Y todos por igual se verifican.

11 Son más preciosos que el oro,
Vale más que montones de oro fino;
Más que la miel es su dulzura,
Más que las gotas del panal.

12 También son luz para tu siervo,                                              
Guardarlos es para mí una riqueza.
13 Pero, ¿quién repara en sus deslices?
Límpiame de los que se me escapan.

14 Guarda a tu siervo también de la soberbia,
Que nunca me domine.
Así seré perfecto
Y limpio de pecados graves.

15 ¡Ojalá te gusten las palabras de mi boca,
Esta meditación a solas ante ti,
Oh Señor, mi Roca y Redentor!

CONTEMPLACIÓN: ¿A Qué me comprometo con Dios y mis hermanos?

Al recibir el mensaje de Dios explicado para mi vida hoy, ¿Me alegro al recibir el mensaje de Dios hoy? ¿Hay alegría en mí al saberme amado por Dios? Ante la escucha de la Palabra de Dios, ¿cambio de actitud para bien de mi comunidad?

Es inquietante que hoy la mayoría de los cristianos no leemos la Palabra de Dios; le damos más importancia a las celebraciones litúrgicas, pero atendemos poco a la escucha de la Palabra de Dios.

Si nosotros hemos tenido la oportunidad de leer y de escuchar la Palabra de Dios, hemos de invitar con entusiasmo a otros a hacer lo mismo. Queremos ser mensajeros y testigos de la Palabra de Dios.

Guía 3

Obediencia o desobediencia la Palabra
Jer 22, 1-9

ACOGIDA: Hoy  nos reunimos en torno a la Palabra de Dios para ESCUCHARLO y favorecer un encuentro personal y comunitario con Él. Dejemos que nos hable, que ilumine nuestra vida, que actúe y se manifieste en y por su Palabra.

ORACIÓN INICIAL:

Ven, Espíritu Santo, anímanos para que con entera disposición abramos nuestra mente y nuestro corazón a Dios que nos habla en su Palabra, y para que la escucha atenta de Dios transforme nuestra vida, y seamos capaces de vivir según la voluntad de Dios a favor de nuestros hermanos: hoy, aquí y ahora. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

LECTURA: ¿Qué dice el texto?

  1. Una persona proclama con calma, por primera vez el texto:

1 Yavé me dijo: “Baja al palacio del rey de Judá, y allí entregarás esta palabra: 2 Escucha la palabra de Yavé, rey de Judá que reinas sentado en el trono de David. Así te dice Yavé a ti y a tus servidores y a todo tu pueblo que entra por estas puertas: 3 Practiquen la justicia y hagan el bien, libren de la mano del opresor al que fue despojado; no maltraten al forastero ni al huérfano ni a la viuda; no les hagan violencia, ni derramen sangre inocente en este lugar. 4 Si cumplen esto, entonces los reyes sucesores de David seguirán entrando por estas puertas, pasarán con sus carros y sus caballos, con su gente y con su pueblo. 5 Pero si no escuchan estas palabras, les juro por mí mismo, Yavé es quien habla, este palacio será destruido.” 6 Pues así se expresa Yavé respecto a este palacio de Judá: Me gustaría verle ensalzado como el país de Galaad, como un cumbre del Libano, mas te voy a dejar hecho un desierto o una ciudad sin habitantes. 7 Estoy preparando a los que te van a asaltar con hacha en mano, echarán abajo tus cedros más hermosos para tirarlos al fuego. 8 Y cuando la gente de cualquier nación pase frente a esta ciudad se preguntarán uno a otros: “¿Por qué Yavé habrá tratado así a esta gran ciudad?”, 9 les contestarán: “Es porque faltaron a su palabra con Yavé, su Dios, y se arrodillaron delante de otros dioses para servirlos.”

  1. Se guarda silencio para que la Palabra vaya inundando nuestro corazón, resuene y penetre en nosotros.

  2. Jeremías hace un llamado: “Escucha la Palabra del Señor…” y le recuerda al rey que debe cumplir lo que dice el Señor: practicar el derecho y la justicia, que se  liberen a los explotados y que no se maltrate a los extranjeros, huérfanos y viudas. Aparece una advertencia muy severa: “si desobedecen: el palacio se convertirá en escombros y esto sucederá por abandonar la alianza del Señor su Dios para adorar y dar culto a otros dioses”.

  3. Ahora leamos de manera personal el texto, gustando y saboreando la Palabra de Dios. Fijémonos, sobre todo, en el v. 3 en que se expresa lo que el Señor manda al rey.

  4. Preguntas para orientar nuestra lectura: ¿Qué debe decir Jeremías al rey de parte de Dios? ¿Cuál es la tarea encomendada a un rey (gobernante)? ¿Qué pasará si el rey practica lo que Dios le manda? ¿Qué pasará si el gobernante no obedece los mandamientos de Dios? ¿Por qué la ciudad de Jerusalén habrá sido destruida?

El libro de Jeremías fue compuesto paulatinamente y no de corrido. Se trata de palabras pertenecientes a diversos decenios, propios de una historia larga y muy movida. Su característica es que usa un estilo predicatorio y usa un lenguaje que posee un claro parentesco con el empleado en el libro del Deuteronomio. Jeremías utiliza los círculos usados en Deuteronomio durante el exilio que abarca del libro de Josué hasta el 2° libro de Reyes; se percibe que lo estudio y volvió a hacerlo hablar para el Israel que se iba reuniendo después de la catástrofe. Originándose, así, el capítulo 22,1-5; entre otros capítulos y versículos.

El libro de Jeremías se estructura de la siguiente manera:

Introducción (Jr 1, 1-3)

  1. Oráculos contra Judá y Jerusalén (Jr 1, 4-24, 10)
  2. Oráculos del tiempo de Josías (Jr 1 ,4-6, 30)
  3. Oráculos del tiempo de Joaquín (Jr 7, 1-20, 18)
  4. Oráculos contra los reyes y los profetas (Jr 21, 1-24, 10)
  5. Oráculos de salvación sobre Israel y sobre Judá (Jr 25, 1-45, 5)
  6. Judá y las naciones (Jr 25, 1-38)
  7. La posible esperanza (Jr 26, 1-35, 19)
  8. La caída de Jerusalén (Jr 36, 1-45, 5)
  9. Oráculos contra las naciones (Jr 46, 1-51, 64)

Apéndice histórico (Jr 52, 1-34)

Vemos que los capítulos 21-23 contienen oráculos contra los reyes y profetas. Allí está ubicado nuestro texto.

El capítulo 22 inicia con palabras significativas, sino es que la más significativa de las confesiones de la fe de Israel: “Shemá” [= ESCUCHA], “Escucha la palabra del Señor…”  e inmediatamente nos remite a Dt 6, 4-8: “Escucha Israel, Yahvé Nuestro Dios es un Dios único. Amarás a Yahvé tu Dios con todo tu corazón, con toda el alma con todas tus fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las inculcarás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado…” Jeremías al iniciar el capítulo 22 de esta manera esta dejando claro que no se  nos olvide en quien se tiene puesta la confianza y que tal confesión es una confesión afectiva, pues todavía no alude a un mandato concreto, sino a la raíz que lo sustenta y unifica, vinculando al pueblo con Dios en el amor y fidelidad.

Yahvé habla y se guarda silencio, no solo por respeto y adoración sino por acatamiento libre, voluntario; quien ESCUCHA graba en su corazón el amor de Yahvé y eso lleva a actuar de manera justa, leal, con  acercamiento y servicio a los hermanos sea cual sea su situación.  Esta confesión judía es una palabra de alianza [Shema], pues  Israel es  pueblo de Dios, elegido de entre todos los pueblos para testimoniar su amor a Dios y responderle en gesto generoso.

El Shema ha acabado siendo el credo central de la identidad judía pues destaca la escucha primera (Dios fundamenta en amor a los creyentes) y la exigencia gozosa de responderle en amor, un amor que es fidelidad integral, no sentimiento intimista, separado de la vida. Éste es un credo de gracia, que se vincula a la experiencia de Moisés ante la zarza cuando acoge el nombre indecible  y salvador de Yahvé (Ex 3, 14). El Shema es un credo de amor, pues diciendo a los judíos que amen a Dios se está indicando que deben amarse unos a otros, formando un pueblo de afecto compartido en el que no quepa la injusticia sino el puro derecho de respetar a todos sin importar condición política, económica o social. 

Los judíos perdieron su libertad política y su tierra, pero no su diferencia, ni la memoria de su origen, porque han podido recordar el SHEMÄ y confesarse pueblo de la alianza, elegido para ofrecer el testimonio del amor de Dios.

Esto es lo que Jeremías le esta recordando al rey de Judá, que como heredero del trono Davídico tiene que Escuchar y practicar el derecho y la justicia sobre cualquier otra situación prevaleciente.

El mismo Jesús asume expresamente el Shema israelita (cf. Mc 12, 29-31), sabiendo así que antes de toda acción está la exigencia de ESCUCHAR o acoger la voz de Dios, de manera que el hombre empieza siendo oyente de la Palabra.

En el pasaje que nos ocupa destaca que antes de que el hombre piensa o haga, ha de tener presente a Dios que se revela, abrirse a su voz, estar atento y receptivo ante el misterio de Dios, que le da sentido a la vida humana.

Jesús añade al Shema, en Mc 12, 31 “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.  Jesús invita a amar a la persona concreta que vive a nuestro lado. Conforme al texto base de Lv 19, 10, ese prójimo es el hermano o miembro del propio pueblo israelita; pero, en un sentido más extenso, es también  el pobre y extranjero, es decir, el que rompe las fronteras resguardadas de la propia comunidad. Esta es la confesión de fe en Dios, el verdadero amor divino: abrirse en amor hacia los otros.

En resumen: la escucha de la palabra se manifestará en una vida en que se practique el derecho y la justicia, como Dios la quiere.

MEDITACIÓN: ¿Qué nos dice a nosotros hoy el texto?

¿Qué es lo que oprime a las personas? ¿Cuáles son los sufrimientos que se padecen? ¿Quiénes son los más débiles y desprotegidos? ¿Existe en la actualidad derramamiento de sangre? ¿Por qué?

¿Hay abandono de la alianza del Señor para adorar a otros dioses? ¿Cuáles? 

¿Qué nos sucederá a nosotros si practicamos el derecho y la justicia? ¿Qué nos sucederá si no obedecemos los mandamientos de Dios?
De manera personal: ¿Cuál ha sido mi  actitud ante su Palabra? ¿La he sabido escuchar  y por lo tanto obedezco sus mandatos  o sigo creyendo que eso se escribió hace muchos años y no tiene nada que ver conmigo? ¿Me considero una persona recta y justa en mí actuar de cada día?

Traigamos  a nuestra vida esta invitación: “ESCUCHA la Palabra del Señor…”, como vamos a practicar la justicia con los que nos rodean en el trabajo, en la comunidad o en la familia si no escuchamos a Dios que nos habla; ¿cómo vamos dar testimonio de que seguimos a Jesús si no nos acercamos a la Palabra de Dios y oramos con ella?

Si cerramos nuestros oídos a la voz amorosa del Padre seguiremos siendo egoístas; pero si queremos abrirnos a la práctica de la justicia, de la misericordia con nuestros hermanos, hemos de abrir nuestros oídos y nuestros corazones a Dios para que podamos vivir de manera plena.

Sólo si escuchamos a Dios que nos invita a ser justos podremos acercarnos a los alejados, a quienes viven confundidos en esta gran ciudad, que aturde nuestros sentidos.

¿Qué es lo que Dios nos comunica hoy a nosotros? Que desbordemos las fronteras que hemos puesto a nuestro corazón, y que seamos capaces de amar, servir, y atender a nuestros prójimos. Es lo que pretende comunicarnos el libro de Jeremías (22, 1-9).

ORACIÓN: ¿Qué suscita en mí el texto para decirle a Dios?

Es momento de dejar que el texto nos lleve a responder a nuestro Dios que ha hablado, desde el corazón que ha sido tocado por el infinito amor del Señor dejemos que agradezca sus muchas bendiciones y que sea nuestro cuerpo quien lo alabe y lo bendiga en expresión de entrega total.

Señor, te queremos pedir nos des la capacidad de ESCUCHA, calla los ruidos exteriores que nos distraen de tu voz, principalmente de nuestros ruidos interiores que no nos dejan escucharte con todo el corazón, la mente y las fuerza.
Dame, Señor, el vivir sin explotar a nadie, sin maltratar a nadie, sin derramar la sangre de nadie.
Ven, Señor, y dame el silencio de encontrarme con tu Palabra siempre.

CONTEMPLACIÓN: ¿Qué respuesta doy a Dios que me ha hablado?

¿Escuchaste al Señor que habló? ¿Cuál fue tu experiencia al escuchar a Dios? ¿Has descubierto que quiere de ti? ¿A qué te compromete esta Palabra que hoy has escuchado?

Acércate más a la Palabra de Dios y deja que te hable para que cada día mejore tu relación con los demás. Práctica la justicia y defiende al que es débil, sobre todo acoge en tu vida a esas personas que en su pobreza han perdido la esperanza de vivir o aquellos que estando solos necesitan de tu ayuda para seguir adelante.

Recitamos juntos el Salmo  101 (100): Voy a cantar al amor y a la justicia.

1 Quiero cantar lo que es bueno y justo; para ti, Señor, será mi salmo.
2 Me entrenará en el camino perfecto; pero tú, ¿vendrás a mí?
No tendrá más que rectas intenciones para actuar en mi casa.
3 Nada tendré en vista que pueda ser malvado.
Odio el proceder de los extraviados, no permitiré que se me pegue.
4 Lejos de mí el corazón perverso, desconozco al malvado.
5 Al que denigra en secreto a  su prójimo yo lo haré callar;
Al de ojos altaneros y corazón engreído no lo soportaré.
6 Buscaré a los leales del país para que vivan conmigo;
Al que sigue el camino perfecto lo pondré a mi servicio.
7 No morará en mi casa el que trama el engaño;
El que anda con mentiras no comparezca en mi presencia.
8 Cada mañana acabaré con todos los malvados del país,
Para suprimir de la ciudad del Señor a todos los que hacen el mal.

Otros elementos que pueden ayudarnos a profundizar en el texto:

Personajes: El profeta Jeremías, el rey de Judá, servidores, pueblo, otros pueblos.
Jeremías es un profeta que habla en nombre del Señor, dando a conocer sus mandatos y las consecuencias de seguirlos o no seguirlos.

Rey de Judá a él se dirige el profeta para que escuche la Palabra del Señor. No interviene solo tiene conocimiento de los mandatos del Señor Servidores y pueblo: también a ellos es dirigida la Palabra del Señor.

Otros pueblos, se darán cuenta de lo que pasará con el reino.

Ideas principales: Escuchar la Palabra del Señor (y ponerla en práctica) que dice. En una lectura atenta descubrimos que el v. 3 es el más importante. Allí está lo que quiere Dios del Rey y del pueblo.

Textos afines

Dt 28 Bendiciones y maldiciones. Todo el capítulo, pero puede leerse sólo del v. 1 al 20.
1 Re 9,1-9 Caminar en la presencia de Dios o no.
Jer 17,19-27  La santificación del sábado.

Acciones

Practicar el derecho y la justicia, librar al explotado del poder del opresor, no maltratar ni hacer violencia al extranjero, al huérfano y a la viuda, no derramar sangre inocente en ese lugar. Abandonar la alianza del Señor su Dios para adorar y dar culto a otros dioses.

Actitudes (modos, maneras de reaccionar): De escucha, obediencia, o  desobediencia.

Comentario ligero. Tal como ha llegado hasta nosotros, el libro de Jeremías es el resultado de un complejo proceso redaccional, en cuyo origen hay que situar la actividad del profeta y su deseo de poner por escrito el contenido de su predicación. En su estado actual reúne material muy variado entre los que se encuentran discursos en estilo cercano a la escuela deuteronomista como el capítulo 22 que nos ocupa. Al leer 1 Re.9, 1-9 paralelo a este capítulo, vemos que a través del oráculo divino, el redactor deuteronomista da una interpretación teológica de la caída de Jerusalén. Dios había elegido a esta ciudad para morada de su nombre; Dios había prometido perennidad a la dinastía de David. Pero esta promesa obligaba a la fidelidad. Como esta condición falló, Dios trajo la catástrofe sobre la ciudad y el pueblo. El libro de Jeremías es mucho más que una amplia colección de oráculos. Es ante todo una biografía profética que nos habla de la esencia de la vocación profética, nos pone en contacto vivo con la persona concreta de un profeta y nos hace ver su grandeza y su tragedia. La persona de Jeremías se perfila en su libro con todos sus miedos, dudas y debilidades a cuestas; pero también con la firme confianza de que sólo Dios puede sostener y dar sentido a una existencia como la suya, aparentemente marcada por la incomprensión y el fracaso. Jeremías, nos acerca como ningún otro profeta, a la verdadera dimensión de la vocación profética, a sus abismos de soledad y abandono, a sus riesgos y desafíos y a esa fidelidad última a una palabra encendida en sus entrañas que luchará por salir, venciendo todas la decepciones y resistencias.

 

Guía 4

Parábola del sembrador
Macabeos 4, 3-9

LECTURA: ¿Qué dice el texto?

3 Escuchen esto: El sembrador salió a sembrar. 4 Al ir sembrando, una parte de la semilla cayó a lo largo del camino, vinieron los pájaros y se la comieron. 5 Otra parte cayó entre piedras, donde había poca tierra, y las semillas brotaron en seguida por no estar muy honda la semilla. 6 Pero cuando salió el sol, las quemó y, como no tenían raíces, se secaron. 7 Otras semillas cayeron entre espinos: los espinos crecieron y las sofocaron, de manera que no dieron fruto. 8 Otras semillas cayeron en tierra buen: brotaron, crecieron y produjeron unas treinta, otras sesenta y otras cien. 9 Y Jesús agregó: El que tenga oídos para oír, que escuche.”

Orientaciones para la lectura

Veamos como inicia y termina el texto, ¿hay alguna semejanza entre ambas frases? ¿A qué invita Jesús a la gente? ¿Para qué? Salió un sembrador a sembrar, ¿en qué tipos de terreno cayo lo sembrado? Lo que cayó en tierra buena, ¿Cuánto produjeron?

Leamos de nuevo el texto, orientándonos por las preguntas.

Será conveniente para la mejor comprensión del texto, leer los pasajes paralelos que encontramos en los evangelios de Mateo 13, 1-9 y Lucas 8, 4-8.

Esta es una de las parábolas que vienen acompañadas por una explicación de parte de Jesús, leamos también Mc 4, 13-20. Y, si tenemos tiempo suficiente, podemos leer Mt 13, 18-23 y Lc 8, 11-15.

La llamamos “Parábola del sembrador”, ¿Por qué Jesús hablaba en parábolas? Porque quiere que sólo los discípulos comprendan lo que les enseña; les habla en un lenguaje sencillo y cotidiano, pero que al mismo tiempo encierra un misterio para los de fuera, para los que no creen en Él.  (Mc 4, 10-12). ¿A qué se refieren la mayoría las parábolas de Jesús?  Al reino de Dios. Jesús no se predica a sí mismo, sino que predica acerca de Dios, que quiere reinar en la vida de los hombres; con un reino de fraternidad, de paz, de amor y de justicia.

MEDITACIÓN: ¿Qué nos dice a nosotros el texto hoy?

Lo sembrado por el sembrador es la palabra (Ver Mc 4, 13). Nosotros, ¿qué tipo de terreno hemos sido para la palabra sembrada en nosotros? ¿Ya estamos rindiendo frutos: el treinta, el sesenta, o el ciento por uno? ¿En qué se nota?

O, ¿Más bien, hemos dejado que Satán se lleve la palabra (Mc 4, 15), hemos sido inconstantes (Mc 4, 17), hemos dejado ahogar la palabra (Mc 4, 19)?

¿Somos de veras tierra buena, que oímos la palabra, la acogemos y damos fruto? (Mc 4, 20).

¿En qué actitudes o comportamiento se nota que estamos dando frutos?

ORACIÓN: ¿Qué sentimientos ha suscitado en nosotros la Palabra de cara a Dios?

Compartir, dirigiéndonos a Nuestro Señor Jesucristo, los sentimientos de gratitud, de alabanza, de petición suscitados en nosotros.

Podríamos cantar alguno de los cantos que está inspirado en este texto: “Sembrador”.

O leer el poema “Sembrando” de Marcos Rafael Blanco Belmonte. [Se encuentra al final de esta guía].

CONTEMPLACIÓN: ¿Qué tareas o acciones podemos realizar en respuesta a esta palabra que hemos escuchado?

Cada quién piense ante Dios, ¿Qué cambios a de realizar en su vida para permitir que la Palabra sembrada dé su fruto?

Remover la tierra para que la semilla de la Palabra de fruto en mí: apaciguar mi interior, liberarme la inquietud, serenarme en medio de las dificultades propias de la vida. En definitiva, confiarme a Dios.

Ayudar a Jesús a sembrar su palabra en la vida de alguna de las personas que conocemos; llevarle la Palabra de Dios a domicilio. Compartir con dicha persona nuestra propia experiencia en relación a Palabra de Dios.

SEMBRANDO
De  Marcos Rafael Blanco Belmonte

De aquel rincón bañado por los fulgores
del sol que nuestro cielo triunfante llena;
de la florida tierra donde entre flores
se deslizó mi infancia dulce y serena;
envuelto en los recuerdos de mi pasado,
borroso cual lo lejos del horizonte,
guardo el extraño ejemplo, nunca olvidado,
del sembrador más raro que hubo en el monte.
Aún no se si era sabio, loco o prudente
aquel hombre que humilde traje vestía;
sólo sé que al mirarle toda la gente
con profundo respeto se descubría.
Y es que acaso su gesto severo y noble
a todos asombraba por lo arrogante:
¡hasta los leñadores mirando al roble
sienten las majestades de lo gigante!
Una tarde de otoño subí a la sierra
y al sembrador, sembrando, miré risueño;
¡desde que existen hombres sobre la tierra
nunca se ha trabajado con tanto empeño!
Quise saber, curioso, lo que el demente
sembraba en la montaña sola y bravía;
el infeliz oyóme benignamente
y me dijo con honda melancolía:

—Siembro robles y pinos y sicomoros;
quiero llenar de frondas esta ladera,
quiero que otros disfruten de los tesoros
que darán estas plantas cuando yo muera.
—¿Por qué tantos afanes en la jornada
sin buscar recompensa?— dije. Y el loco
murmuró, con las manos sobre la azada:
—«Acaso tú imagines que me equivoco;
acaso, por ser niño, te asombre mucho
el soberano impulso que mi alma enciende;
por los que no trabajan, trabajo y lucho;
si el mundo no lo sabe, ¡Dios me comprende!
»Hoy es el egoísmo torpe maestro
a quien rendimos culto de varios modos:
si rezamos, pedimos sólo el pan nuestro.
¡Nunca al cielo pedimos pan para todos!
En la propia miseria los ojos fijos,
buscamos las riquezas que nos convienen
y todo lo arrostramos por nuestros hijos.

¿Es que los demás padres hijos no tienen?...
Vivimos siendo hermanos sólo en el nombre
y, en las guerras brutales con sed de robo,
hay siempre un fratricida dentro del hombre,
y el hombre para el hombre siempre es un lobo.
»Por eso cuando al mundo, triste, contemplo,
yo me afano y me impongo ruda tarea
y sé que vale mucho mi pobre ejemplo
aunque pobre y humilde parezca y sea.
¡Hay que luchar por todos los que no luchan!
¡Hay que pedir por todos los que no imploran!
¡Hay que hacer que nos oigan los que no escuchan!
¡Hay que llorar por todos los que no lloran!
Hay que ser cual abejas que en la colmena
fabrican para todos dulces panales.

Hay que ser como el agua que va serena
brindando al mundo entero frescos raudales.
Hay que imitar al viento, que siembra flores
lo mismo en la montaña que en la llanura,
y hay que vivir la vida sembrando amores,
con la vista y el alma siempre en la altura».
Dijo el loco, y con noble melancolía
por las breñas del monte siguió trepando,
y al perderse en las sombras, aún repetía:
—«¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!...»

La Biblia es el primer lugar de encuentro con Jesús, para encontrarnos con Él solo debemos leer las Sagradas Escrituras. Él nos llama a conocerle invitándonos a escucharlo primeramente para que podamos OBECEDERLO. Sigamos el camino con María hacia el encuentro con nuestro Creador y Redentor.

“La hierba se seca, la flor se marchita pero la palabra de Nuestro Dios permanece firme para siempre.” Isaías 40:8

!Dichosos los que escuchan la Palabra y la practican!

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