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lunes, 2 de septiembre de 2013

Lectura de la Biblia

Fuente: Lectio Divina, la Biblia, Catholic.net

“LA VERDAD OS HARÁ LIBRES”

“IGNORAR LA BIBLIA, ES IGNORAR A CRISTO JESÚS”

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Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la practican

Lucas. 11: 28.

Jesús en sus enseñanzas nos invita constantemente a conocerlo:

“Yo les diré a quién se parece todo aquel que viene a mí, escucha mis palabras y las practica. Se parece a un hombre que, queriendo construir una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Cuando vino la creciente, las aguas se precipitaron con fuerza contra esa casa, pero no pudieron derribarla, porque estaba bien construida. En cambio, el que escucha la Palabra y no la pone en práctica, se parece a un hombre que construyó su casa sobre tierra, sin cimientos. Cuando las aguas se precipitaron contra ella, en seguida se derrumbó, y el desastre que sobrevino a esa casa fue grande». Lc 5, 47-49

Jesús le respondió: «Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican». Lc. 11: 28

Jesús es la felicidad, nos afirma San Agustín, pues él mismo en su búsqueda de la verdad y la felicidad rindió su espíritu a Dios al conocerlo y para ello fue necesario hacerlo por medio de la lectura de Su Palabra.

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Lámpara es a mis pies Tu Palabra y lumbrera a mi camino.

Salmo 119:105

Cristo mismo es fuente de Sabiduría, es la Luz que alumbra nuestras tinieblas, nuestro entendimiento. Solo iluminados por Él podemos ver la Verdad, Él mismo es la Verdad y la Luz que ilumina a las naciones.

Leer la Biblia Católica

No se debe leer cualquier Biblia porque puede contener errores doctrinales o morales. Para evitar esos errores, un católico sólo debe leer Biblias con notas y explicaciones aprobadas por la Iglesia Católica, es decir, que tengan "Nihil Obstat" e "Imprimatur".

La Iglesia recomienda la lectura de la Biblia porque es alimento constante para la vida del alma; produce frutos de santidad, es fuente de oración, gran ayuda para la enseñanza de la doctrina cristiana y para la predicación. El Concilio Vaticano II "exhorta a todos los fieles con insistencia a que, por la frecuente lectura de las Escrituras, aprendan la ciencia eminente de Cristo" (Constitución Dei Verbum, n. 25). Las disposiciones que se deben tener para leer y estudiar la Biblia son: fe y amor a la Palabra de Dios, intención recta, piedad y humildad para aceptar lo que Dios dice. Es recomendable leer los Evangelios diariamente durante unos cuantos minutos. San Jerónimo dice "Lee con mucha frecuencia las divinas Escrituras; es más, nunca abandones la lectura sagrada". A la luz de las enseñanzas de la Iglesia, la Biblia nos permite conocer el modo de sálvanos y reconciliarnos, y eso sólo puede lograrse conociendo, amando y encarnando la vida de Jesucristo.

La Hermenéutica Bíblica

Es la ciencia que trata de las normas para interpretar rectamente los Libros Sagrados. La Iglesia Católica es la única capacitada para interpretar auténticamente (con pleno derecho y sin posibilidad de equivocarse) la Sagrada Escritura porque Dios le confió solamente a Ella la misión de guardar, enseñar y aclarar a los fieles su Palabra.

Interpretación de la Biblia

Leer, meditar e interpretar la Biblia no significa interpretar al pie de la letra el texto, sino tratar de buscar el sentido que le dio el autor mismo de ese texto, teniendo en cuenta su intención, el auditorio a quien se dirigía, la situación de su tiempo y el género literario empleado.

Este sentido literal requiere del uso de la crítica en sus dos vertientes: literaria e histórica.

La lectura Bíblica debe ser una lectura espiritual, centrada en Cristo, una lectura interiorizada que vaya transformando interiormente a quien lee la Biblia.

Las disposiciones que se deben tener para estudiar y vivir la Palabra de Dios.

La Biblia es un Libro Sagrado, es la Palabra de Dios. En ella están las enseñanzas que Dios quiso darnos. Por esta razón leer la lectura bíblica también ha de ser un acto sagrado  guiado por el Espíritu Santo.

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Antes de leer la Biblia hacer lo siguiente:

1. La señal de la Cruz

2. Credo

3. Invocación al Espíritu Santo el Don del Entendimiento:

Señor, te damos gracias
porque nos reúnes una vez más
en tu presencia.
Señor, tú nos pones frente a tu Palabra,
ayúdanos a acercarnos a ella
con reverencia, con atención, con humildad.
Envíanos tu Espíritu
para que podamos acogerla
con verdad, con sencillez,
para que ella transforme nuestra vida.
Que tu Palabra penetre en nosotros
como espada de dos filos.
Que nuestro corazón esté abierto,
como el de María, Madre tuya y Madre nuestra.
Y como en ella la Palabra se hizo carne,
también en nosotros esta Palabra tuya
se transforme en obras de vida
según tu voluntad. Amén.

Leer la Biblia

4. Leer la lectura elegida o la sugerida en la Guía de lectura de la Biblia correspondiente al Antiguo Testamento (AT)

Leer el texto con corazón humilde y respetuoso poniéndonos en el lugar del personaje o situación porque, Dios nos habla a través de Su Palabra de manera personal y única.

Después de leer el Texto Bíblico:

1. Meditar el texto para encontrar la verdad para aplicar a mi vida personal. Reflexionar el mensaje que Dios nos transmite. ¿Qué nos dice en ese texto?

2. Contemplar lo aprendido saboreando la dulzura eterna de Dios y recibir el don del discernimiento que nos permitirá distinguir claramente dónde obra el Espíritu Santo y dónde actúa el espíritu del mal.

Establecer propósitos para vivir el mensaje de la Palabra de Dios.

3. Orar abriendo el corazón a Dios con alguna frase que nos haya llegado al alma.

Leer la Biblia

4. Leer la lectura correspondiente a la elegida según la Guía de lectura de la Biblia correspondiente al Nuevo Testamento (NT)

Seguir nuevamente el método de Meditar y contemplar el texto leído y Orar.

Al final:

Dar gracias a Dios por el don de entendimiento y santiguarse.

Tratar con la mayor fidelidad posible cumplir los propósitos establecidos puesto que es una alianza (pacto) que haces con Dios en ese momento.

 

«Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican».Lc 5, 21

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